Enseñar inglés jugando con niños

Alexandra Alcántara

Como parte de mi preparación para el cuatrimestre en Madrid, me interesé en las entradas de blog extracurriculares que habían subido los alumnos del otoño de 2015. Sus ámbitos abarcaban desde el fútbol al voluntariado con la Cruz Roja. No había pensado ni en la importancia de las actividades extracurriculares ni qué actividad me terminaba por seducir más, hasta que nuestro director nos mandó el anuncio que ofrecía la oportunidad de trabajar con el programa “Aprender Inglés Jugando Con….” El programa consigue estudiantes estadounidenses que imparten clases de inglés a estudiantes que las necesitan. De este modo, las clases que se imparten se focalizan en diversos juegos y actividades, en vez de las pesadas tareas y deberes escolares. Me sentí realmente atraída por esta oportunidad pues ofrece a los niños la posibilidad de aprender inglés de una manera innovadora, que a la larga resulta ser también más divertida. Además, el programa ofrece la oportunidad a los estudiantes estadounidenses de conocer la vida cotidiana de la juventud de Madrid.

Después de una entrevista con la coordinadora del programa, me emparejó con una familia que se ajustaba a mi experiencia y a mi horario académico. Esta familia tenía dos niños con niveles de inglés muy diferentes. Me encantó la experiencia, especialmente porque aprendí ciertas lecciones que no me esperaba. Estas son algunas de ellas:

  1. Los juegos sencillos casi siempre funcionan mejor: Al principio, preparaba actividades con una o dos reglas, y después de explicar en qué consistían, me di cuenta de que realmente los niños no se sentían atraídos por estas actividades. A veces el colegio los deja agotados por la tarde, y ellos prefieren actividades sencillas. Un partido de Simón dice (Simon Says), el medio (Monkey in the Middle) o una variación funciona perfectamente.
  1. Con una niña pequeña, que no entiende mucho el inglés, las manualidades son muy aptas para comunicarnos: Es difícil poder explicar a una niña pequeña las instrucciones o reglas de una actividad. Es por ello que, con las manualidades, es mucho más fácil enseñar vocabulario; sobre todo cuando uno puede actuar con gestos y movimientos con el afán de comunicarnos.
  1. Siempre hay que llevar materiales de más: Después de una manualidad, la niña a la que enseñaba quiso hacer un dibujo para su madre y otro para su mejor amiga. Aprendí que es mejor tener materiales de más porque si les gusta una actividad, la querrá compartir.
  1. Los pensamientos inocentes son de lo más curioso: Durante mi sesión con los niños el miércoles antes de Semana Santa, estábamos hablando sobre la Pascua y coloreando huevos de Pascua cuando la niña me preguntó, “¿Cómo se llama tu Dios?” No fue la pregunta lo que me dejó un poco sorprendida, sino la expresión que ella usó. No soy nada religiosa, pero según mi experiencia, cuando una niña de siete años vive en un entorno religioso, está acostumbrada a pensar en el Dios que ella conoce en cuanto se habla de religión. Cuando le pedí que me explicara el significado de lo que dijo, me respondió, “Algunos llaman a su dios, ‘Dios’, otros, ‘Jehová’, y otros ‘Alá’.” En este caso, ella supuso que mi dios no era necesariamente el dios que ella conoce. También supuso que yo tengo un dios, y que solo tengo uno. En cuanto a todo esto, su razonamiento no deja de ser curioso y es el reflejo del entendimiento de la religión que podrían tener algunos niños en España. Existe una multitud de religiones, y es posible que la persona que esté a tu lado comulgue con una religión diferente.

Me alegra haber tenido la oportunidad de conocer a estos niños y de haber visto el mundo desde la perspectiva de algunos jóvenes españoles. En cualquier caso, sugiero a otros alumnos que aprovechen las oportunidades que ofrece esta actividad para llegar a conocer la ciudad y el país de manera distinta.

 

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