El paseo y yo: En un camino a ninguna parte

Por Lucy Schwalbe

Nunca he sido capaz de meditar. Me resulta imposible apagar mi lista constante de cosas que hacer, personas a las que llamar, lugares donde estar. Siempre estoy en busca de un propósito, un destino final. Sin embargo, esto comenzó a cambiar cuando conocí a mi nuevo mejor amigo en Madrid: el paseo. El concepto del paseo es algo que no existe en los Estados Unidos, ni en la práctica ni en el idioma. Distinto de caminar, pasear es andar solo por placer–sin destino. El único propósito es disfrutar contigo mismo. Aunque caminar pueda traer placer y pasear pueda tener beneficios adicionales, no son los mismos. Esta distinción ha sido el epítome de mi estancia en España.

Escenas de mis paseos

Cuando comencé mi relación con el paseo, tuve que resistir la tentación de definirlo. Necesité todo lo que había dentro de mi para no preguntar ¿A dónde va esto? ¿Dónde nos ves en el futuro? Tuve que aprender a comportarme de manera casual. Al principio, me sentía profundamente incómoda con esto. Seguía intentando pensar en una meta que pudiera lograr mientras caminaba–cualquier cosa para hacerlo más productivo. No fue hasta después de mucha práctica que finalmente descubrí la alegría en solo caminar porque sí.

A través de estos caminos sin destino he encontrado un sentido de comodidad y paz. Mientras no puedo decir que he sido capaz de apagar completamente mi lista eterna de tareas, sí he sido capaz de dejarla a un lado por unos momentos cortos cada día. Uso mis paseos para descansar y apagar toda actividad mental. No uso Google Maps ni planeo una ruta de antemano. Simplemente camino, girando cuando las luces de la calle cambian y siguiendo a donde me llevan mis instintos. Aunque a veces me gusta poner música o un podcast, recomiendo desconectar y simplemente tomar nota de tu entorno. Es posible que descubras un nuevo café en tu barrio o que deambules sin querer por un jardín secreto.

Más escenas

En uno de mis paseos, estaba caminando por una calle que había pasado muchas veces cuando vi algo nuevo–una señal amarilla que leía “la casa de Francisco de Goya”. Solo me di cuenta de este sitio histórico cuando fui más despacio y comencé a caminar por el hecho simple de hacerlo. No tenía prisa por llegar a ningún lugar, solo iba por un paseo–y aún así descubrí algo nuevo. Es decir que aunque los paseos no conduzcan a algo concreto, esto no significa que no terminarás en un lugar especial. Los paseos me han ayudado a conectar más con Madrid y mi barrio. Me he dado cuenta de cosas que nunca hubiera visto con mi prisa habitual.

Los paseos también me han enseñado de manera más general a reducir la velocidad de la vida. No todo tiene que ser productivo o un medio para un fin. En la vida, muy como los paseos, no siempre necesitamos saber a dónde vamos. A veces está bien simplemente deambular.

Esta ha sido una de las lecciones más importantes de mi semestre en Madrid. He aprendido (no solo por los paseos, pero en gran parte) a estar más presente. Para ir más despacio y concentrarme en el momento actual. Recomiendo que aproveches esta parte de la cultura española. Abraza caminar sin destino. ¿Quién sabe qué encontrarás? En las palabras sabias de Los Talking Heads, “We’re on a road to nowhere… Come along and take that ride, it’s alright”.

This entry was posted in Uncategorized and tagged , , , . Bookmark the permalink.