Por Reza Hall
Creo que aprendemos más cuando estamos en situaciones incómodas y difíciles. Esto es especialmente verdad en el caso de las experiencias universitarias en el extranjero, donde no solo aprendemos una nueva lengua sino también una nueva cultura.
Este semestre, unos amigos del programa y yo formamos parte de un equipo de baloncesto de la liga de la competición interna del UC3M (aquí dejo el vínculo con la información), ¡cuyos gastos fueron reembolsados por el programa! La liga funciona como las competiciones de intramural en Vassar y Wesleyan, pero es más seria y competitiva. La mayoría de los jugadores de nuestro equipo era estadounidense, y jugábamos contra estudiantes de UC3M de muchas nacionalidades. Yo era el “delegado” del equipo, así que organizaba junto con el coordinador de la competición y los otros delegados cuestiones como los espacios, fechas y horarios. La verdad es que fue muy difícil y estresante encontrar cada semana horarios que funcionaran para un número suficiente de jugadores. Envié y recibí miles de mensajes de WhatsApp, comunicándome con el coordinador y los delegados en castellano e informando a mi equipo de las últimas noticias en inglés. Al principio me resultó tedioso hacer este trabajo. Pero, me di cuenta de que estaba aprendiendo un montón de palabras y estructuras gramaticales nuevas, todo lo cual ponía en mi aplicación de flashcards digitales para practicar (¡Anki es la mejor opción!). Todo ello a la vez que aprendía a cómo comunicarme efectivamente y con autoridad en castellano. Esta experiencia fue, sin duda, lo que más ha mejorado mis habilidades para chatear en español y mis habilidades comunicativas en el plano interpersonal.
Aunque fui el delegado del equipo durante el semestre entero, tuve una lesión en el segundo partido: un esguince de tobillo de segundo grado que me dañó los ligamentos. Ocurrió el 31 de octubre, en la noche de Halloween, en la mitad del semestre. Tenía que llevar una bota y muletas por casi dos semanas, y hacer sesiones de rehabilitación (physical therapy). Esto me frustró mucho porque interrumpió la rutina que había adoptado, y no me permitió ni jugar otro partido de baloncesto ni ir a otro entrenamiento del equipo de Ultimate Frisbee con el que estaba jugando, los Inmortales. ¡Pero, rápidamente me di cuenta de que estaba viviendo una experiencia única que debía aprovechar! La lesión me forzó a navegar por el sistema de salud de Madrid. Fue un desafío encontrar un hospital y un lugar de rehabilitación. En comparación con el entorno de la universidad—y también con el de mi barrio, Sol, donde hay una gran cantidad de angloparlantes—casi nadie me hablaba en inglés, ni en el hospital ni en mi centro de rehabilitación. Mi español mejoró considerablemente, y me sentí muy satisfecho al comunicarme con los doctores y los teleoperadores en castellano con éxito. Y, aparte de la bota y muletas, ¡todo estaba cubierto por nuestro plan de ASISA! En este enlace hay una lista de hospitales recomendados por el programa y cubiertos por ASISA. Al enfrentarme a estas situaciones, me sentí por primera vez como un verdadero residente de Madrid, como un ciudadano español en apuros afrontando los problemas de la vida diaria. ¡Algo que me hizo muy feliz!
Para concluir, supongo que quiero que todos busquéis oportunidades fuera de la zona de confort. ¡Abrazad y disfrutad lo incómodo! Cuando algo salga mal, ¡aprovechadlo! Es parte de la experiencia de estudiar en extranjero, y la mejor manera de mejorar el castellano y aprender sobre la sociedad madrileña y española.

