La belleza de Plaza Olavide

Por Simon Goldweber

A unos diez minutos de mi casa, en el barrio de Chamberí, hay una plaza llamada Olavide que, de distintas maneras, marcó mi experiencia aquí en Madrid. Olavide (el nombre es Olavide, no Olvidade ni Ovalide, como tuve que explicar demasiadas veces) es un espacio grande que tiene bancos, mesas, y sillas colocadas en anillos alrededor de una fuente grande en el centro. También hay bastantes árboles y jardines para dar un sentido de la privacidad y crear muchos espacios pequeños para grupos de gente.

Además, como la plaza tiene dos parques infantiles en ambos lados, siempre hay familias con niños jugando y corriendo. A las 15:00, un miércoles soleado, la plaza está llena de cientos de jóvenes, familias y perros, y la vida y actividad allí son calmantes y muy agradables. Finalmente, la plaza está rodeada de bares y restaurantes con terrazas grandes que solamente añaden al ambiente. Es un espacio cómodo para todos en cualquier momento; ¡aún hay mesas para el tenis de mesa!

         En mi primer día en Madrid, madre anfitriona me llevó a Olavide para comer y conocernos un poco, y desde ese momento la plaza ha sido un sitio importante para mí. Cada miércoles, después de mi clase comía en la plaza y pasaba unas horas leyendo o escuchando  música. Otras veces, cuando necesitaba un lugar para descansar o quedarme sólo un rato, allí iba para tomar el sol y mirar a la gente haciendo su vida. Gracias a la cercanía a mi casa, Olavide se convirtió no solo en un sitio diario para mí—¡sino también podía ser un sitio celebratorio! Mi familia anfitriona y yo comimos allí para celebrar mi llegada a Madrid (como ya he dicho), mis padres reales y mi madre anfitriona se conocieron allí, ¡y una amiga y vecina mía incluso celebró su cumpleaños en la plaza!

         Aunque en principio pocos de mis amigos conocieron Olavide, conforme iba pasando el tiempo más y más personas la descubrieron, y empezamos a quedar allí una o dos veces cada semana. Exploramos los distintos cafés, panaderías y heladerías que hay muy cerca, mirábamos los perros y, más que todo, jugábamos a juegos de cartas en las mesas. Al final del semestre, era nuestro principal espacio para quedar, más que los cafés, bares, parques y casas que habían sido nuestros favoritos antes de esto.

         Madrid es una ciudad increíble donde todo se vive muy rápidamente. El día empieza pronto y dura hasta muy tarde cada día. A pesar de los almuerzos largos y siestas que son partes importantes de la vida diaria, para mí esta manera de vivir ha sido muy nueva y a veces un poco difícil. Aunque me ha encantado la opción de hacer cosas cada minuto de cada día, me di cuenta de que necesito un poco más de calma y descanso en mi vida para sentirme sano. La Plaza Olavide se convirtió en un sitio donde poder relajarme y tener un momento de paz en esta ciudad tan grande y rápida, y por eso me parece como un hogar fuera de mi hogar en Estados Unidos. ¡Es mi lugar favorito de los que he visto en toda España!

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