Matadero y Rockade

Por Nick Miller

Madrid es una ciudad que mezcla historia con cultura contemporánea. Entre sus muchas fascinaciones, Matadero se destaca como un espacio cultural único que encarna la creatividad de la ciudad. Situado en el barrio de Arganzuela y a lado del parque Madrid Río, Matadero es fácilmente accesible en transporte público. La estación de metro más cercana es Legazpi (líneas 3 y 6), a poca distancia a pie.

Construido originalmente en 1911 y terminado en 1925, los edificios fueron utilizados como el matadero principal de Madrid hasta su cierre en 1996. La arquitectura industrial, con edificios de ladrillo y hierro, subraya los diseños prácticos pero llamativos del periodo. Cuando cerró, fue reconvertido a principios a siglo XXI. Ahora, este antiguo matadero se ha convertido en un centro artístico y es uno de mis lugares favoritos para exposiciones, presentaciones, y reuniones de comunidad.

Unas de las características distintivas del Matadero es el arte de vanguardia. Las exposiciones aquí muestran obras experimentales y multimedia de artistas españoles. Al desafiar las normas artísticas tradicionales, visitar Matadero es una oportunidad de experimentar un arte que provoca reflexión e inspira nuevas perspectivas. Este mismo espíritu de innovación se extiende a las artes escénicas, variando desde teatro de vanguardia a danza contemporánea. El espacio histórico permite actuaciones inmersivas que rompen el escenario convencional, dando una nueva conexión entre el público y las artes.

A los que les gusta el cine les encantará la Cineteca, que incluye producciones locales y festivales internacionales. La Cineteca ilustra el poder del cine como una forma para educar y fomentar conexiones globales. Además de la contemplación de obras de arte, Matadero incentiva el aprendizaje a través de sus talleres creativos con temas como el diseño y la sostenibilidad. Estas actividades permiten que la próxima generación de creadores hagan contribuciones importantes a la sociedad.

Sin embargo, lo que más amo son los espacios al aire libre, los cuales apoyan las reuniones de comunidad. El amplio espacio en la plaza y el parque de al lado permiten conciertos, mercados, y festivales de temporada, creando una sensación de inclusión y un ambiente donde los locales y los visitantes pueden conectarse. Estos eventos resaltan el compromiso con un centro cultural que acerca a las personas. Alrededor de la plaza y el parque hay cafés y bares que complementan la energía artística del área, con espacios para reflexionar sobre exposiciones o actuaciones mientras se disfrutan bebidas o tapas. Con sus elegantes interiores y sus animadas terrazas, estos lugares mejoran la estética de la zona, haciendo de Matadero no solo un destino cultural, sino que también un vibrante centro social.

Uno de mis lugares favoritos para disfrutar una bebida o comida cerca es el Mercado Guillermo de Osma. El mercado tiene una variedad de tiendas que tienen los mejores productos locales, mariscos frescos, carnes curadas, y productos artesanales. La calidad de la comida aquí es excepcional. Además, los vendedores amables, que han sido parte del mercado por generaciones, añaden un toque personal a la experiencia de compra, dando consejos y recetas para sacar el máximo de sus productos.

Si Matadero representa la innovación artística y el espíritu comunitario en un entorno histórico, Rockade Malasaña ofrece una experiencia más personal y nostálgica que celebra la conexión humana a través del deporte, la cultura pop y la diversión.

En el corazón del barrio de Malasaña, Rockade Malasaña es un lugar que encapsula todo lo que amo: nostalgia, comunidad, bebidas, y sobre todo, el único sitio donde puedo ver fútbol americano. Fundado no hace muchos años, este bar es una experiencia que conecta una sensación del retro con contemporaneidad. Es decir, es el sitio perfecto para quienes buscan una mezcla de diversión, cultura, y conexión.

Ubicado en la esquina de calle del Marqués de Santa Ana, una de las más vibrantes de la ciudad, Rockade es distinto por su decoración única: un estilo industrial lleno de luces de neón, grafitis y la cultura pop de los años XC. Uno aquí se puede encontrar una impresionante colección de máquinas arcade y pinballs que te hace sentir de la época pasada, mientras disfrutas una cerveza.

Pero, lo que realmente me hace sentir que Rockade es un lugar especial, es la tradición que he construido allí. Cada domingo, voy a ver fútbol americano, continuando mi ritual de Sunday Football mientras estoy inmerso en la cultura española. Este espacio me ha permitido no solo mantener mi conexión con mi pasión por el deporte, sino que también conocer a personas, escuchar sus historias y aprender de ellas.

Además, mis visitas recurrentes me han permitido forjar vínculos profundos con los camareros, que ahora son aparte de mi comunidad aquí. El ambiente es vibrante y cómodo, perfecto para tanto los que quieren jugar a las máquinas como para quienes desean disfrutar de una noche llena de vida, con una buena atmósfera y una conversación interesante asegurada.

Para mí, Rockade Malasaña no es solo un bar, es un lugar donde se juntan mis pasiones, donde he construido recuerdos, y donde siento que Madrid en realidad es mi casa. Por eso, sin duda, es uno de mis lugares favoritos en la ciudad.

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Compra de joyería local española

Por Gabriel Slavin

Comprar cosas es una de las formas más auténticas de conectar con la cultura local en Madrid. A través de esta compra podrás interactuar con artesanos, vendedores locales y pequeños comerciantes, descubriendo perspectivas únicas que enriquecen tu experiencia cultural. También se puede conocer estilos diferentes de la comida, el arte, y la moda, cada uno reflejando parte de la identidad y el espíritu de Madrid. No hay duda de que, durante tu tiempo en Madrid, vas a comprar comida y cosas de Madrid y, a través de estas cosas, experimentarás la cultura española. Sin embargo, si tuviera que hacer una recomendación sobre dónde deberías gastar tu dinero, recomendaría comprar joyería española artesanal. Estas pequeñas pero significativas piezas no son solo accesorios, sino también una manera de descubrir historias, practicar tu español y apoyar a los creadores que dan vida a estas joyas únicas.

Hay mercados y ferias de artesanía en barrios como Malasaña o Lavapiés que pueden mostrarte un mundo de creatividad local. Muchos de los artesanos están felices de hablar sobre su trabajo, los materiales que utilizan y las inspiraciones detrás de sus diseños. Pregunta algo tan simple como: “¿Cómo creas esta pieza?” o “¿Qué representa este diseño?” para llevarte a una conversación fascinante.

Lo que hace que estas joyas sean especiales no es solo su estética, sino la experiencia que creas al adquirirlas. Cada pieza refleja un poco del espíritu de Madrid, ya sea a través de técnicas como el trabajo en metales, el diseño de orfebrería, el uso de piedras semipreciosas locales o incluso la incorporación de elementos reciclados. Estas joyas cuentan una historia: la historia del artesano que las creó, del barrio donde las encontraste y del momento en que la compraste.

¿Dónde comprar joyería artesanal en Madrid?

El mercado de la joyería artesanal en España es bastante fuerte. En el caso de pulseras, collares, pendientes y colgantes, encontrarás un mercado con precios competitivos. Las pulseras pueden costar entre 2-15 euros para cada pieza. Los precios son similares para otros tipos de joyas también. Por supuesto, existe un mercado más exclusivo donde se pueden adquirir joyas más caras, pero optar por estas piezas más costosas no ofrece la misma experiencia cultural de interactuar directamente con artesanos locales, quienes transmiten un toque personal en cada creación. Hay muchos lugares donde puedes encontrar a estos artesanos locales, tales como:

El Rastro: Este mercado al aire libre en La Latina tiene lugar todos los domingos por la mañana. Busca los puestos de artesanos que venden joyería hecha a mano, algunos también hacen personalizaciones en el momento.

Plaza del Dos de Mayo (Malasaña): En esta plaza suelen organizarse pequeñas ferias de artesanía. Es un ambiente relajado donde puedes encontrar piezas únicas de joyería como pendientes, collares y anillos.


Tiendas de Artesanía: Si prefieres algo más organizado, hay muchas tiendas en Lavapiés que ofrecen una selección curada de joyas creadas por diseñadores locales.

Personas en la Calle: Por supuesto, debes evitar las estafas. Sin embargo, si ves una instalación adecuada, fuera de una iglesia o en una plaza, al menos deberías considerar hablar con el propietario y mirar sus productos.

Consejos para Disfrutar de la Experiencia

Sé curioso y respetuoso: Los artesanos aprecian a quienes muestran interés genuino en su trabajo. Preguntar sobre los materiales o el proceso de creación conseguirá enriquecer la experiencia No temas negociar, pero con tacto: En mercados como El Rastro, es común negociar, pero hazlo de manera amable y respetuosa. Recuerda que eres extranjero y que estás pagando por la habilidad del artesano, y o solo por los materiales utilizados. Lleva efectivo: Muchos de estos vendedores no aceptan tarjetas, así que asegúrate de tener monedas y billetes pequeños.


Un Recuerdo Vivo

Llevar una joya artesanal de Madrid no es solo una forma de recordar tu tiempo en esta ciudad vibrante; es también un testimonio de las conexiones que formaste. Cada vez que mires tu nuevo pendiente, collar, pulsera o anillo, recordarás ese paseo por un mercado bullicioso y la vida cultural de Madrid.

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Ser mexicana en España

Por Vivian Bermudez

Llegando a Madrid tenía expectativas diferentes de la transición a un país hispanohablante. Pensé que iba a ser un poco más fácil porque he hablado español toda mi vida, pero el choque cultural me enseñó que nunca estás listo para moverte a un ambiente completamente diferente al que estás acostumbrado.

Yo vivía lejos de mis amigos, que vivían cerca de la puerta del Sol, y la soledad me alcanzaba rápidamente. Es fácil sentirse fuera de lugar cuando no conoces a nadie y tu familia está lejos. También es difícil intentar explorar una ciudad sola, pero la primera vez que lo hice, se sintió como encontrar un lugar de comodidad por primera vez.

En mi opinión, lo que más extrañé fue la comida que tenía en casa. Aunque puede sentirse intimidante ir a nuevos barrios sola, puede traer una aventura y conocer lugares que en el futuro puedes compartir con tus amigos de Madrid. Para mí, los restaurantes mexicanos me ayudaron a tener un espacio que me acercara a lo que extrañaba de casa (aunque la comida mexicana no se compara con la de casa).

El primer lugar que me encontré fue cerca de mi apartamento en el barrio Salamanca. Lo que me atrajo de este restaurante fue la gente que trabaja ahí. Los trabajadores vieron que era nueva y después de una conversación me dijeron que podía ir con ellos si tenía algún problema en Madrid. Se llama Tacos Don Pedro San Julio, localizado en Calle de San Julio, 2. Descubrir cosas así inspira a buscar más lugares en Madrid y te deja integrarte a la vida social de aquí.

Uno de mis lugares favoritos donde puedes encontrar unos tacos auténticos, es Takos Al Pastor, un lugar muy popular que se encuentra en Calle de Salud,13. Pero prepárate para esperar en una línea que llega al fin del bloque. Es mejor ir cuando abren o ir preparado para una larga espera. Ahí también tienen tortas, alambres, y quesadillas sabrosas. La decoración también es muy chula.

Mi lugar favorito al cual mis amigos y yo siempre vamos antes de salir por la noche es TKO Tacos; ¡los tacos cuestan solo un euro! El ambiente es muy social y la música te prepara para la noche. Tienen algunas otras opciones para comer, pero mi favorito son las bebidas. Tienen unas margaritas magníficas que cuestan solo 5 euros; mi favorita es la de fresa. TKO Tacos es una cadena de restaurantes por todo Madrid. Con una simple búsqueda en Google Maps, es fácil encontrar el más cercano a ti.

Si estás buscando comida “Mexicana” estilo Chipotle (que no hay aquí), puedes ir a Tierra Burrito. Igualmente, Tierra es una cadena que se puede encontrar en varios lugares con una búsqueda. Hay nachos, burritos, desnudos, y tacos, pero recomiendo el burrito o el bowl si quieres sentirte como que estás en Chipotle. El Tierra Burrito de Sol es bueno para ir después a explorar zonas como Gran Vía, Plaza Mayor, y Ópera.

Explorar lugares que son similares a lo que extrañas de casa, encontrarás una genial manera de integrarte al ambiente cultural de España. Solo con buscar esto, ya estás en nuevos barrios que tal vez no te hubieras encontrado antes y ya tomaste el metro o autobús a tu destino, algo que es clave para conocer Madrid. Con esto ya habrás pasado por varias experiencias culturales que ayudarán a aliviar lo caótico que se siente moverse a un lugar nuevo.

TKO Taco

Takos Al Pastor

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Nosotras, Un Laberinto y Madrid (El Rastro)

Por Ana León

Madrid está lleno de parques preciosos, museos impresionantes y barrios encantadores, pero hay un lugar en especial que ha hecho única mi experiencia.

Imagina esto: es finales de octubre, casi noviembre, y caminas por las frías calles de Madrid con una taza caliente de tu chai latte favorito entre las manos. A tu alrededor, los edificios/apartamentos de Madrid, con su arquitectura única, se alzan majestuosos, mientras las calles vibran con música en vivo: un guitarrista toca flamenco, un saxofón resuena a lo lejos. A tu lado están dos de tus amigas más cercanas, esas que el destino y las experiencias compartidas han traído a tu vida durante el programa. Las tres son tan diferentes, pero en este momento están perfectamente conectadas, como si siempre hubieran estado destinadas a encontrarse aquí.

Hace días que no se ven, y mientras caminan, el aire frío parece más llevadero entre risas y conversaciones. Madrid, normalmente reconocible, se transforma ante sus ojos: ya no es solo una ciudad, sino un laberinto vibrante de colores, sonidos y emociones. Las calles están salpicadas de puestos llenos de productos únicos, historias que esperan ser descubiertas y una mezcla de culturas que convergen en cada rincón.

Es un Madrid que se siente diferente, casi mágico, donde cada paso que dan las envuelve en una atmósfera cálida, a pesar del frío de otoño. Mientras comparten las pequeñas y grandes historias de sus semanas, se dan cuenta de que este momento, tan cotidiano y especial, es uno que recordarán siempre. Un instante donde la ciudad, su amistad y el crujir de las hojas bajo sus pies se convierten en el perfecto telón de fondo de su historia compartida.

El Rastro, un laberinto de posibilidades: cada esquina guarda una sorpresa. Puede ser un vinilo con la banda sonora de tu infancia, una lámpara que parece sacada de una película de los años 60, o un libro cuyo título parece hablar directamente a ti. Pero más allá de los objetos, es la atmósfera lo que lo hace especial.

Aunque el Rastro es un lugar icónico para turistas y locales, para mí se ha convertido en uno de los lugares más significativos de mi experiencia en Madrid. Más allá del bullicio y su encanto, es el escenario de nuestros momentos más especiales entre amigas: Karla, Valentina y yo. Cada domingo, este mercadillo se transforma en el espacio donde compartimos nuestras semanas, hablamos de nuestros planes y encontramos pequeños detalles que nos recuerdan la una a la otra. Entre las calles llenas de vida, siempre hay algo que llama nuestra atención: una chaqueta vintage perfecta para una de nosotras, un vinilo que evoca una canción especial o un libro que conecta con esas conversaciones que nos unen.

El Rastro también tiene el poder de acercarnos a quienes están lejos. Mientras recorremos los puestos, a menudo encontramos objetos que nos traen recuerdos de casa, de nuestras familias y amigos, y no podemos evitar comprar algo para ellos. Un llavero, un póster, una pulsera: cosas pequeñas, pero cargadas de significado. Es como si, entre las bulliciosas calles de La Latina, lográramos construir un puente invisible entre nuestra vida en Madrid y las personas que extrañamos en casa.

Por eso, cuando nos visitan amigos de fuera, llevarlos al Rastro se ha vuelto una tradición especial. Es nuestra manera de compartir un pedacito de esta experiencia única, enseñándoles a regatear, explorando juntos los puestos más curiosos y contando las historias que hemos aprendido de los vendedores. Cada visita deja un recuerdo, y siempre encuentran algo único para llevarse, algo que, como nosotras, conecte su historia con este lugar lleno de vida.

El Rastro es mucho más que un mercado; es una oportunidad para sumergirse en la cultura madrileña, practicar español y fortalecer amistades. Si decides convertir esta experiencia en tu tradición, descubrirás que siempre habrá algo nuevo esperándote. Allí, entre antigüedades, risas y el aroma de café caliente, es fácil enamorarse aún más de esta ciudad.

Déjate llevar por su laberinto y disfruta.

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Rodeando el piano

Por Karla Evangelista

Desde mucho antes de llegar a Madrid, ya sabía que Toni 2 Piano Bar era un lugar que tenía que visitar sí o sí antes de regresarme a los Estados Unidos. Los vídeos que aparecían en mi FYP de TikTok y las historias de Instagram de mis amigos que ya habían estado allí solo aumentaban mi entusiasmo por conocerlo.

Si buscas un sitio donde la música en vivo y la nostalgia sean los protagonistas, Toni 2 Piano Bar es una parada obligatoria. Ubicado en la Calle Almirante #9, en el Barrio de Chueca, este icónico bar ofrece el ambiente perfecto para disfrutar de una charla, una canción, o ambas cosas al mismo tiempo.

Un consejo clave: llega temprano. La popularidad de Toni 2 hace que las filas sean bastante largas, y esperar alrededor de una hora para entrar no es raro. Pero créeme, la experiencia vale la pena. La entrada tiene un costo de 15 euros e incluye una consumición con una amplia variedad de copas. Una vez dentro, puedes dirigirte hacia la barra para un ambiente más animado, o a relajarte mientras conversas en los sofás color rojo terciopelo que añaden un toque clásico a este lindo local.

El punto fuerte de este lugar, es la música en vivo, así que una vez hayas descansado tus pies del buen rato que duraste para entrar, te debes dirigir hacia la parte trasera del bar. Aquí te esperará el pianista de turno para acompañarte en una sesión espontánea de canto, interpretando clásicos de la música española e internacional. La magia está en que no hay un guión ni un programa establecido: cualquiera puede animarse a cantar. Tanto si eres un profesional como si solo quieres divertirte, el piano y el micrófono están a tu disposición, siempre y cuando el pianista conozca la canción y tú te la sepas de memoria. Aquí se reúnen amigos y desconocidos de todas las edades, siendo gran parte de ellos locales y latinos, creando una atmósfera cálida, muy animada y convirtiéndolo en el mejor lugar para aprender canciones en español de una forma divertida. 

Si te toca la suerte, puede que incluso te topes con uno que otro cantante famoso, haciendo tu experiencia de lo más especial. Y sino, quizás te topes conmigo y mi alter ego de artista, que saco a pasear de vez en cuando. 

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Corriendo por toda España

Por Jack Siegel

Como una persona de un pueblo de Colorado rodeado por montañas, fue sorprendente encontrarme en una ciudad ruidosa y caótica, sin la habilidad de acceder a las actividades que suelo hacer en la naturaleza. Así, fue difícil mantener las buenas prácticas de salud mental que tengo en los Estados Unidos. Para combatir eso, traté de establecer una rutina de actividades que disfruto haciendo, con el fin de poder preservar mi salud mental mientras me quedaba fuera de mi zona de confort. Decidí concentrarme en correr como una actividad fundacional que pude usar para sumergirme socialmente y culturalmente.

Una foto con el club de corredores “Osom running club.” Estoy en el fondo a la izquierda

Durante la primera semana en Madrid, empecé a explorar el gran parque del Retiro. Me junté con grupos de corredores al azar para hablar en español hasta que encontré un club de corredores llamado “Osom running club” por internet. Con suerte, fue el más popular en Madrid con más de 30-50 personas cada vez. Descubrí una nueva persona para hablar en español cada vez que iba, y aprendí sobre la vida en Madrid de adultos de mediana edad, arquitectos, empresarios de panaderías, farmacéuticos, personas de América del Sur, y europeos que estuvieron visitando Madrid y hablaban español también. Fue una buena manera de aprender sobre el país, los que rodean España, y las ciudades y los pueblos de cada uno. Tuve una hora o más para hablar con ellos y aprendí de primera mano sobre la política, economía, historia, eventos de crisis, y medio ambiente de España y otros países.

Izquierda a derecha: Una carrera en Madrid, Una carrera en San Sebastián, Shanti y yo en las montañas de Santiago de Compostela, En Roma.

A continuación, mientras estuve en cada ciudad y pueblo de España, con el programa o con amigos, dejé tiempo abierto para correr como una manera de explorar. Encontré la habilidad de ver cuanto más que pudiera con el tiempo corto que tenía en cada sitio. Al correr sin dirección—como un flâneur, según Baudelaire—descubrí monumentos, lugares, y actividades que nunca pudiera esperar encontrar por internet. Encontré playas oscuras y una vida nocturna furiosa en Valencia; un festival vegano en un pueblo pequeño fuera de Barcelona; una carrera de 10km en la que hablé con un par de participantes para tratar a inscribirme ocho minutos antes de la comienza de la carrera mientras estuve en Sevilla; subí montañas y carreteras en el campo de Santiago de Compostela; corrí en carreteras abandonadas por la noche en Tenerife al lado del océano; participé en una carrera de 15 kilómetros en San Sebastián; un par de semanas después espontáneamente me inscribí en una carrera de 10 kilómetros con un amigo cuatro días antes de empezar; y la única vez en el que salí de España a Italia, corrí por las calles y ríos de Roma y encontré el Vaticano por accidente.

Osom Running Club: https://www.instagram.com/osomrunningclub/?hl=en

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Dar sorbos por la ciudad: los cafés de Madrid

Por Catherine Auerbach 

Antes de llegar a Madrid, no había pensado que lo que más disfrutaría de esta ciudad serían los cafés. Claro que me interesan los sitios grandes y fabulosos, como el Museo del Prado o el Parque del Retiro; pero me he dado cuenta de que a menudo, lo que hacemos con nuestros ratitos, los momentos pequeños y libres que llenan cada día, son lo que definen nuestra experiencia. Hay una cita de Annie Dillard, en la que dice, “Cómo pasamos nuestros días es, por supuesto, cómo pasamos nuestras vidas”. Yo he pasado muchos de mis días en las cafeterías, no solamente por los cafés solos y napolitanas de chocolate que me encantan, sino porque son entradas a diferentes barrios, a nuevos munditos dispersos por esta gran ciudad. 

Al principio, encontrar lugares para tomar un café o comer un bollo fue un desafío que me di a mí misma para salir de mi zona de confort, física y mental. Físicamente, mis primeras visitas a cafés por la ciudad me retaron a navegar por el sistema desconocido del Metro y aprender cómo ser un buen peatón de la ciudad. Después de unos meses, debido a mis esfuerzos, me siento cómoda explorando la ciudad a menudo sin Google Maps; tengo un mapa espacial casi grabado en mi cerebro, mis destinos favoritos teñidos con los colores de las líneas del tren que necesito tomar para llegar allí. En cuanto al desafío mental, sentarme en un café me ha acostumbrado a hablar con extraños, a sentirme despreocupada pidiendo un vaso extra de hielo al lado, que me cobren por mi comida, y preguntando «¿Cuál es la contraseña para el WiFi?» Mis interacciones con camareras, baristas y otros clientes me han ayudado con el tipo de conversación casual que acompaña la vida diaria en Madrid. 

Por mi gran investigación de los cafés de Madrid, un favorito ha emergido: Mansilla Libros y Café, ubicado entre Barrio de La Latina y Lavapiés. El interior es maravilloso: muros rosas, tazas de porcelana, y estantes llenos de libros de muchos idiomas. Los cafés e infusiones son riquísimas y a buen precio, los ordenadores están permitidos entre semana, y los empleados siempre son amables y están contentos de responder preguntas. He pasado muchas horas en Mansilla, haciendo mi tarea o hablando con mis amigas. Además, por ir a Mansilla, descubrí mi barrio favorito. Esta zona de Madrid está llena de tiendas de libros tanto nuevos como usados, restaurantes de tapas, y tiendas preciosas de arte, joyería y ropa exquisita de segunda mano. Me he enamorado de las calles angostas pero nunca demasiado abarrotadas, los edificios pintados con colores brillantes, y el espíritu general de esta zona. Vale la pena explorarla después de tu tiempo en Mansilla.

Arriba: una foto del interior de Mansilla Libros y Café. 

Otro café que me ha encantado es Ciento Treinta Grados, una pastelería en Chamberí.  Este establecimiento es un poco más lujoso y no hay espacio adentro para sentarse y hacer tarea, pero sus pasteles justifican una visita. Tienen una selección amplia de productos horneados, incluso la tarta de higos y crema que se ve abajo, “monkey bread” (un bollo dulce de canela) y todo tipo de cruasanes. Su café es intenso y tostado a la perfección. Cuando fui con unos amigos, no podíamos decidir qué pedir, y un empleado nos explicó casi cada opción en detalle y dio sus recomendaciones personales. Hacen que, durante tu breve visita a la pastelería, te sientas bienvenido. Además, su barrio, Chamberí, me recuerda mucho a mi barrio en los Estados Unidos, el Upper West Side de Manhattan, Nueva York. Sus edificios residenciales y librerías antiguas crean un ambiente perfecto para dar un paseo. Yo recomendaría ir a Ciento Treinta Grados antes de ir al Museo Sorolla, pues están muy cerca, y definitivamente endulzará tu visita a Chamberí.  

La tarta de higos y crema de Ciento Treinta Grados. 

Una última recomendación sería Rut Café, un café pequeño ubicado en el extremo sur de Malasaña. Rut Café se encuentra entre dos mundos diferentes: el mundo de la calle Gran Vía, lleno de tiendas gigantes como Zara y Primark, y el de Malasaña, un barrio joven, amigable para los estudiantes, y con más tiendas de ropa vintage de las que podrías imaginar. La cafetería, con sus lattes con hielo suaves y tostadas sabrosas, te preparará para una tarde de explorar. Esta zona tiene algo para todos, y durante este semestre, he pasado mucho tiempo andando por estas calles a las que Rut Café me introdujo. Yo recomendaría ir al café con algún amigo para hacer un poco de tarea antes de recorrer esta área y ver qué nuevos tesoros podéis encontrar. 

Estar en Madrid por un periodo limitado de tiempo me incentivaba a explorar la ciudad y su espresso lo máximo posible. Sin embargo, también me ha hecho reflexionar sobre todo lo que todavía no he explorado en Middletown, Connecticut y Manhattan. Me ha dado una nueva perspectiva sobre mi uso del tiempo y que, incluso durante semanas muy frenéticas, vale la pena probar algo nuevo: una bebida, un nuevo lugar para estudiar o una visita a un área diferente. Siempre hay algo divertido listo para ser descubierto, incluso en tu propio vecindario.

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Recomendaciones para Restaurantes en Getafe

Por Karina Gyllenhaal

Durante mi semestre en Madrid, mis compañeros de Wassar y yo hemos explorado los restaurantes cerca del campus en Getafe. Cada lunes, martes, y miércoles, almorzábamos juntos mientras esperábamos para nuestra próxima clase. Cada lugar tiene un ambiente y comida diferente, pero todos son baratos y rápidos.

El Rincón de Juan

Este sitio es probablemente al que más fuimos. Lo conocí gracias a mis amigos de Wesleyan y siempre estaré agradecida por ello. Se sirve comida china y tienen muchas opciones. Os recomiendo que probéis el plato 11 o el 28. El 11 es un plato con arroz y trozos de cerdo con verduras, cubierto en una salsa teriyaki. Este es mi favorito. Pero, si llovía o hacía frío, o estaba teniendo un mal día, pedía el plato 28, que es una sopa con pasta, verduras y carne. Es muy abundante y reconfortante en un día malo. Además, pediría una Coca Cola 0 o una botella de té china (me gusta el té verde). La comida siempre viene muy rápido. Pero, lo mejor de este restaurante son los precios. ¡Puedes comer mucha comida buena por 5-7 euros! Es más o menos el mismo precio que el comedor del campus y está a tan solo 5 minutos caminando de la universidad.

C. Violeta, 2, 28903 Getafe, Madrid

Shifu Ramen

Este fue el primer sitio que probé en Getafe. Después de dos semanas comiendo en el campus, mis amigos y yo queríamos comer fuera. Alguien escuchó un rumor de que había un restaurante de ramen, y sabíamos que necesitábamos probarlo. En este sitio, hay un “menú del día” que te permite pedir un entrante, plato principal y bebida por 12 euros. De entrante, hay como opciones ensalada o gyoza. Yo siempre elegí gyoza porque están muy ricas. Para plato principal, hay opciones de ramen o en katsudon. Me gustan ambas opciones, pero creo que pedí más veces ramen. Mi ramen favorito de Shifu es el Tan Tan ramen. Puedes elegir un nivel de picante, pero os aviso, no escojáis el nivel cinco. Yo sé que la comida en España no es muy picante, pero esto si lo es. Recomiendo elegir el 3 o el 4 si os gusta la comida picante. La única cosa que no es tan buena sobre este restaurante es que abre a las 12:30, y tal vez tengas que esperar a que se abra. También, el chef puede llegar tarde a veces, por lo que la comida tarda más en llegar. A pesar de todo, Shifu Ramen siempre tiene comida rica.

Calle de Madrid 122, 28903, Getafe

El Comedor del Campus (el que está más cerca de la estación de tren)

El comedor puede ser aburrido y repetitivo a veces, pero aun así hay algunas buenas opciones si no tienes mucho tiempo para comer. Me gusta el bocadillo chulito, que tiene pollo, lechuga, mayonesa, ajo, y, si tienes suerte, tomate. Cada vez que pido este bocadillo, la longitud crece. Literalmente, lo hacen en baguettes cada vez más grandes. Por eso, es perfecto para compartir con un amigo, o guardar el resto para más tarde. Si necesitas una merienda dulce antes de clase y ya son después de las 4 pm, os recomiendo que pidáis una napolitana de chocolate y café. Es perfecto si necesitas más energía para tu próxima clase. Sin embargo, quiero decirte que prefiero el café de la estación de tren Las Margaritas. Es más barato (¡1 euro!) y tiene mejor calidad.

En pocas palabras, los restaurantes de Getafe más que sitios para comer, son sitios que me han permitido conocer amigos nuevos, y descubrir Getafe y la UC3M. Estos almuerzos en Getafe han sido mis recuerdos favoritos de la Universidad, y creo que explorar Getafe a través de los restaurantes es una buena manera de sumergirse aún más en la cultura española ¡Os recomiendo que visitéis estos restaurantes cuando lleguéis a Madrid y os animo a descubrir más!

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Charla y comunidad en los mercados de arte

Por Julia Gardner

Mi primer encuentro con el Mercado de las Ranas fue un accidente; estaba caminando hacia el museo Thyssen con una amiga uno de nuestros primeros fines de semana en Madrid cuando de repente la calle de las Huertas se había convertido en un mercado de arte. Fue un momento un poco confuso pero muy feliz, una sorpresa que ahora sé es característica de Madrid, pues en esta ciudad se encuentran cosas inesperadas y emocionantes en toda parte.

Ubicado en el Barrio de las Letras, en calles peatonales, tiene un ambiente mucho más tranquilo que el del Rastro. Tiene una variedad de productos muy bonitos de diseño original y algunos hechos a mano: ropa de crochet, joyería, velas, bolsas, y más. ¡Incluso vi una persona vendiendo queso artesanal! (Sin embargo, fue el único puesto de comida que vi en el mercado esta vez, así que, si tienes hambre, es mejor contar con comer antes o después en uno de los preciosos sitios en el barrio). 

Normalmente, compro ilustraciones y postales originales para enviar por correo a mi familia y mis amigos que están en los Estados Unidos; es una manera de mantener contacto con mis seres queridos al otro lado del mundo y a la misma vez interactuar con la comunidad de aquí. Estas postales pueden también servir como un recuerdo de Madrid, uno más único que los de las tiendas de souvenirs, pues logras tener una conexión verdadera con el creador y apoyas a artistas locales. 

Una mesa en el Mercado de las Ranas

Se puede tener una experiencia similar, con la oportunidad adicional de conocer a otras estudiantes, en el mercadillo Vaya Pintas que organizan algunos estudiantes en la Universidad Carlos III. Los estudiantes han empezado este mercadillo recientemente, así que no es seguro que vayan a tenerlo cada semestre. He encontrado información sobre este mercadillo en su Instagram, así que si te interesa, puedes mirar en su Instagram y ver si va a haber el mercado otra vez. 

En el semestre que estuve aquí, Vaya Pintas se celebró dos veces. El primero era mi segundo jueves en la Carlos III y estaba muy nerviosa por interactuar con estudiantes españoles. Tenía ganas de conocer a gente nueva, pero dudaba de mis habilidades en español después de haber pasado tan poco tiempo en España. Sin embargo, era una oportunidad fantástica para practicar mi español y conocer a otros estudiantes sin tener que encontrar una oportunidad (y el coraje) de empezar una conversación en una otra situación. 

Vaya Pintas tenía menos puestos que el Mercado de las Ranas, pero desde mi punto de vista, había una variedad de estéticas muy grande y más experimental. Los productos más populares eran ilustraciones, pegatinas, pines pequeños, y joyería, en particular, aretes. Cuando fui, vi muchos productos que hacían referencia a la cultura popular, como pegatinas de series o libros. Esta situación presentaba una manera perfecta para empezar una conversación con una nueva persona– si ves que a un artista le encanta tu serie favorita, ¿por qué no decirlo? 

Pegatinas y más en Vaya Pintas

En mis visitas a los dos mercados, he aprendido que la mayoría de las veces, los vendedores son muy simpáticos y les gusta charlar si se intenta empezar una conversación. Siempre se puede empezar una conversación con un cumplido o comentario sobre su arte; otra estrategia que he utilizado para charlar es seguir el cumplido con una pregunta, por ejemplo, sobre cuáles son sus inspiraciones. Los dos mercados presentan oportunidades diferentes, pero igualmente valiosas. Como sois estudiantes de la misma universidad, charlar con los artistas de Vaya Pintas puede ser una buena oportunidad para hacer nuevos amigos y conocer mejor a la comunidad universitaria. En el Mercado de las Ranas, por otro lado, los artistas son de todo tipo, con diferentes edades y experiencias – lo que te da la oportunidad de conocer a gente con quienes no necesariamente vas a tener la oportunidad de hablar en otras situaciones. De estas conversaciones, se puede aprender mucho sobre sus vidas, sus experiencias como artistas y sus experiencias en la ciudad de Madrid. 

Si tienes la oportunidad, recomiendo no solo ir a estos mercados para descubrir el arte, sino también charlar con los artistas. ¡Nunca sabes a quién vas a conocer y que vas a aprender! 

Horarios y dirección:

El Mercado de las Ranas está ubicado en Calle de las Huertas y normalmente tiene lugar el primer y tercer sábado de cada mes, de 12:00 hasta las 20:00. Se puede encontrar más información aquí

Se puede encontrar información sobre Vaya Pintas en su Instagram.

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Explorar Madrid a través de la fotografía

Por Jasper Fletcher

Durante mi tiempo en Madrid, la fotografía se ha convertido en mi actividad favorita para hacer solo. Soy una persona generalmente sociable y al principio de mi tiempo en Madrid no podía encontrar muchas cosas para hacer solo que me llenaran. La fotografía ha sido mucho más que solo una forma de preservar recuerdos de mi experiencia de estudio en el extranjero, y en realidad ha servido como una manera de explorar y aprender sobre la ciudad y la cultura de Madrid. 

Después de conocer a mi familia anfitriona por primera vez, recuerdo que estaba sentado en mi nueva habitación sintiéndome increíblemente perdido y nervioso. Me sentía agobiado por la transición y muy incómodo, así que decidí coger mi cámara y salir a caminar para tomar un poco de aire fresco. Al final, caminé por mi nuevo barrio durante varias horas, tomando fotos de todo lo que llamaba mi atención. Observé la luz y las sombras mudando a través de las fachadas de los edificios hasta que el sol finalmente desapareció. Me sentía tan cómodo al explorar la ciudad con mi cámara en las manos, que rápidamente se convirtió en una de mis cosas favoritas para hacer.

Un mes después de llegar a Madrid, estaba caminando por la calle y encontré una pequeña tienda de fotografía analógica que vendía cámaras usadas. La familia que dirigía la tienda era muy amable y servicial y me dieron una muy buena oferta para una cámara. Comencé a tomar fotografías, tanto digitales como analógicas, de manera regular y empecé a llevar en mi mochila la cámara siempre conmigo. Me encantaba cómo la acción de traer mi cámara cambiaba la forma en que observaba las cosas, así como las cosas a las que prestaba atención. 

Me obsesioné con las terrazas y las cuerdas de ropa ondeando cinematográficamente en el viento, y tomé cientos de fotos de pájaros. Noté patrones en los edificios y la naturaleza, y observé a personas fascinantes viviendo sus vidas. Aunque a veces me sentía un poco extraño e invasivo observando a la gente desde lejos y tratando de tomarles una foto sin que se dieran cuenta, la mayoría de las veces me sentía como un pájaro sobrevolando la ciudad.

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