Pidiendo comida y la ansiedad social: ¡Puedes hacerlo, te lo prometo!

Por Alexa Romney

Siempre he sentido una pequeña oleada de ansiedad en mi estómago cuando tengo que acercarme a una caja y pedir comida. No había pensado mucho en cómo se sentiría esto cuando tuviera que comunicarme en español hasta que me encontré pidiendo mi primer café en España. Puedo mantener una conversación fluida en español, pero en ese momento era como si se hubiera convertido en una lengua extraña. No sabía lo que el cajero me había dicho. ¡No sabía si podía abrir mi boca! ¿Qué pasó? Les juro a todos que no podía recordar la palabra para “coffee.”

Aunque no tengo que pensar cuando estoy conversando con mi madre por teléfono en español, hablar con una persona nueva en una situación llena de estimulación estresante requiere un conjunto de habilidades nuevas. Quiero empezar diciendo que será más fácil con tiempo, pero la única cosa que te va a ayudar, les guste o no, es la práctica. Al principio, le pediría a mis amigos que ordenaran por mí, pero pronto aprendí que no siempre podía confiarme en ellos cuando me encontraba en situaciones sola. Estas experiencias me forzaban a practicar mi español de una manera casual y me expusieron a habilidades cotidianas que serían necesarias para mi tiempo en España.

A partir de estas experiencias, he recopilado algunos consejos útiles que puedes usar cuando te encuentras en una situación similar donde tienes miedo o ansiedad. Primeramente, un barista en un café o un mesero usualmente ayuda a cientos de clientes en un solo día. Esto significa que no van a recordar a la persona que no pudo pedir un bocadillo en una manera sucinta y fluida. En segundo lugar aunque puede sonar un poco tonto, algunas veces solo necesitas respirar para despejar tu mente y dejar de pensar demasiado.

La aplicación de estas habilidades pueden ser extendidas fuera de un restaurante o cafetería. Por ejemplo, en la familia española con la que vivo, tengo tres hermanas jóvenes. Ellas utilizan jerga española y usualmente hablan de una manera muy rápida. A veces los tres hablan al mismo tiempo y en esos momentos siento como que no puedo entender una sola palabra. Al principio estas situaciones también me llenaron de ansiedad social y me hicieron sentir un poco avergonzada. Pero a medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de que no les importaba repetir cosas. Lo que más les importaba era que yo entendiera lo que me decían.

Ya sea que hayas experimentado la ansiedad social en un momento o no, estoy segura de que a todos nos da un poco de miedo cuando no nos sentimos completamente cómodos en una situación. Los procesos de pensamiento y las habilidades que he mencionado pueden ser útiles en todas tus experiencias nuevas que tengas durante tu tiempo en Madrid.

Al final del día, pedir tu primer café en español será un gran logro para tu confianza con el lenguaje y tu dominio del español.

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El paseo: disfrutar y conocer

Por Anna McDonald 

Aunque el sistema de transporte público en Madrid es buenísimo (con la excepción de Cercanías…) recomiendo aprovechar la transitabilidad de la ciudad también. Cuando recibí la dirección de la casa de mi familia anfitriona al comienzo del semestre, la puse en Google Maps y vi que estaba a una hora caminando de la dirección de una de mis mejores amigas. En ese momento, una impresión (falsa) de Madrid como una ciudad en la que no podía depender de caminar se cimentó en mi mente. Vivo en el barrio de Salamanca, aproximadamente veinte minutos en metro del centro de Madrid y veinticinco de Malasaña, el barrio al que más hemos frecuentado. Y es verdad que no sería posible caminar a la mayoría de los sitios a los cuales solemos ir. Aun así, ojalá hubiera pasado más tiempo caminando al comienzo de mi semestre porque el paseo hubiera sido la mejor manera de conocer la ciudad y sentirme cómoda en un país extranjero. Utilizar el metro es inevitable, pero os recomiendo bajaros del metro una o dos paradas antes para caminar y familiarizaros con el barrio. Es bien difícil conectar con una ciudad sin un sentido general de su disposición geográfica, y esto es casi imposible lograr si solo se utiliza el transporte público.  

Si no vivís cerca del centro de la ciudad, es probable que no paséis mucho tiempo en vuestro propio barrio fuera de dormir y cenar. Puedo contar tres veces que mis amigas y yo elegimos un sitio al que podíamos caminar en menos de treinta minutos. Aun así, un paseo después de cenar puede daros un sentido de rutina y familiaridad con vuestros alrededores. Recomiendo ir sin auriculares para absorber el ambiente entero y pasear sin destino ni propósito. Es fácil sentir que tenéis un montón para ver y experimentar en vuestra lista de sitios pero mi experiencia aquí en Madrid me enseñó que no se disfruta de los museos y partidos y las ciudades nuevas sin tener una conexión y comodidad con un lugar vuestro. 

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Disfrutando y voluntariando ando

David Calderón

Quiero advertir que no tengo un cuento fantástico acerca de cómo encontré al amor de mi vida ni de cómo mi grupo de amigos cambió después de solo una experiencia fuera del aula. Sin embargo, mis experiencias en la Fundación Altius, una entidad social sin fines de lucro que contribuye bienes básicos a personas en exclusión (la razón más común siendo la falta de empleo), fueron memorias de las que me acordaré de por vida. Enfocaré el resto de mi comentario en tres breves puntos acerca de mi voluntariado en la fundación: la experiencia como un voluntario solitario, la experiencia como un voluntario con amigos/compañeros conocidos, y la comparación a mis otras experiencias de voluntariado.

Quiero empezar con mi experiencia como un voluntario solitario (cuando llegaba solo a la fundación sin ningún compañero del programa ni de mis clases en la UC3M). Hago esta distinción entre llegar solo y llegar acompañado porque siento que la experiencia en Altius depende mucho de esto, y que las experiencias solitarias son las que valen mucho más la pena por varias razones. La primera de estas razones es que, llegando sólo, uno siente mucho más presión para ser proactivo e ir a buscar cómo colaborar y ayudar ya que no hay alguien conocido con quien conversar. Aunque no hay una presión explícita o verbal que un director demande, cuando uno entra a la fundación y ve a todos los voluntarios siendo muy productivos inmediatamente se siente una presión positiva para ir a buscar algo que hacer y ayudar. Esto puede resultar intimidante ya que todos los voluntarios se ven como expertos en sus áreas de trabajo con un nivel de concentración total, pero es una muy buena experiencia que sirve para practicar el español en ambientes no académicos y para aprender palabras útiles en el día a día. También es muy divertido aprender acerca de los diferentes caminos a Altius, especialmente porque hay muchos latinos con historias muy únicas sobre cómo llegaron a Madrid y con los que se puede comparar los nombres de los donativos (por ejemplo, yo digo pajilla para decir “straw” pero hay otros que dicen popote y otros que dicen pitillo). En fin, estar solo en la fundación te exige socializar con otros voluntarios, lo que es muy divertido y ofrece oportunidades para aprender y disfrutar.

Foto de la cocina de Altius con un lindo mensaje

Mi preferencia por ir a Altius de manera independiente es fuerte, pero entiendo que ir a hacer voluntariado solo puede ser algo que da un poco de miedo. Por este motivo, quiero afirmar que vale más la pena ir a Altius acompañado de un conocido antes que no ir. Por ejemplo, aunque cuando fui con Alex platiqué bastante con él, también interactuamos con otros voluntarios en la fundación juntos los dos. Aunque hablar con él tal vez me quitó una conversación con alguien más, de igual manera logramos conocer a mucha gente y logramos profundizar un poco más con otros ya que teníamos la confianza que brinda tener a un buen amigo ahí cerca. Ese mismo día que fui con Alex también logré conocer a Sebastian, un compañero de mi clase de voluntario, un poco más. Igual que con Alex, pasé un poco más de tiempo hablando con él ya que, siendo estudiantes estadounidenses, tenemos más similitudes, pero no creo que le haya quitado mucho a la calidad de mi experiencia.

Por último quiero hablar un poco sobre cómo Altius se compara a mis otras experiencias de voluntariado: primero la Gran Recogida del Banco de Alimentos de Madrid, y segundo las clases en el Soviet de Getafe. En cuanto a la Gran Recogida, me gustó mucho que fui a este evento con amigos (Alex y Kaya), pero siento que el impacto que tuvimos fue limitado. Aprendimos acerca del sistema de los bancos de alimentos españoles y logramos recaudar fondos y alimentos, pero, en comparación con Altius, el trabajo fue mucho menos activo e interesante ya que pasamos casi todas nuestras horas repartiendo papeletas. Admito que esto pudo haber sido debido a que nosotros nos asignamos el último turno de un Sábado, una hora donde no hay mucho tráfico en el supermercado pero, aún con esto en mente, no recomendaría mucho esta actividad. Por otro lado, mi experiencia en el Soviet de Getafe fue una maravilla. Tuve a un hermoso alumno que, aunque a veces un poco eléctrico, siempre iluminaba el aula con su energía positiva y deseo de esforzarse. Sería muy capaz de escribir otra entrada entera acerca de mi experiencia con este súper rápido y fuerte estudiante (algo que digo con mucha confianza ya que le encantaba saltar y pegar fuertes “high fives” o chocales como diría en Guatemala), pero, ya que decidí enfocarme en mi experiencia en Altius, aquí lo dejaré.

Foto de un líder de Altius en acción publicada en la página de la fundación

En fin, recomiendo mucho mi experiencia en Altius y animo a todos los futuros estudiantes del VW program a que prueben al menos una vez. Si los logré convencer a través de este corto blog, este es en enlace del sitio web de la fundación y le pueden escribir por Whatsapp a Fabián (+34 602 57 35 51) o a Lurdes (+34 608 65 97 33) que son los dos coordinadores del programa. También, aunque este no es el tema de mi blog, recomiendo la clase de Desigualdad de la UC3M porque, al requerir una cantidad de horas de voluntariado, es una fantástica oportunidad para sacarle provecho a Altius de una manera académica. ¡A voluntariar!

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Cómo estar de pie en un bar

Por Shanti Hinkin

Sobre las ocho de la tarde, vas a tener un poco de tiempo antes de la cena en el cual, si te apetece, podrás sentarte un rato y tomar un aperitivo en un bar. Cuando busques un sitio, hay algunas opciones. Hay muchas tabernas con mesas afuera en las cuales puedes sentarte tranquilamente, ver a la gente paseando ruidosamente por las calles y compartir raciones junto a un calefactor calentito. Te darán con tu bebida un plato gratis de algo simple; aceitunas, una tostada pequeña, unas papas fritas. En algunas partes de España, fuera del centro de Madrid, tu tapa puede ser mucho más grande, como en Granada dónde comí un pincho de tortilla y una hamburguesa con mi compra de dos cervezas. Dentro del bar puedes tomar tu bebida mientras hablas con el camarero que se mueve con una gran prisa compartiendo su atención entre todos los clientes al mismo tiempo, pero de todas formas te hace sentir como si fueras su favorito.

Cuando estás en un bar, asegúrate de hablar con la gente cerca a quien no conoces. (Te van a hablar). Intenta parecer como si les hubieras conocido por toda la vida y recuerda que un sentido del humor puede facilitar que todos se sientan a gusto.

Conocer a la gente española ha sido una de las experiencias más importantes y transformadoras de todo mi estancia en Madrid. He aprendido de ellos una amabilidad que no esperaba cuando llegué a un país que sabía tenía una identidad muy única y fuerte; no sabía dónde encajaría yo. Y más en un país que hoy en día está recibiendo un gran volumen de turismo que está poniendo una mucha presión sobre el medio ambiente y la economía, a veces causando crisis de vivienda y gentrificación. ¿Seré un parásito, o parte del problema? Y mientras es verdad que conocer nuestro papel en la sociedad en la que vivimos es importante, a las personas que conocí nunca les molestó explicarme cosas, darme direcciones o recomendaciones, felicitarme por mis esfuerzos con el español, y luego, cuando les vi en las calles otra vez, saludarme como un amigo.

Cuando saludas a alguien, le das un beso en cada mejilla. Este saludo siempre me ha parecido tremendamente dulce. Me gusta la expresión de comodidad e intimidad. Y en el tema de las cuentas, los madrileños son increíblemente abnegados. Personas que corren para pagar la cuenta, quién puede alcanzar primero al camarero, o pagando en secreto mientras el otro está en el baño. He visto a alguien a punto de pagar mientras al otro lado de la mesa, el amigo le suplica en voz alta al camarero que no acepte la tarjeta de crédito. Pero, a fin de cuentas, uno puede insistir que la próxima vez, va a devolver el regalo.

A veces, he encontrado que en los Estados Unidos las personas hablan con los camareros o empleados de la industria de servicios de una manera muy distante. Porque no vale la pena mantener una conversación con alguien que no conoces. Y seguramente puedes elegir tus momentos, pero recomiendo yo, en una manera totalmente opuesta que lo que oímos en nuestra niñez, que hables con extraños. Es por esto que he conectado tantísimo con Madrid. Aun los hombres que trabajan en mi frutería local saben mi nombre. Cuando te invita tu familia anfitriona a conocer a su familia o a sus amigos, ¡ve! Y cuando estés de pie en un bar, sé valiente y habla con una persona a quien no conoces. Te ganarás un amigo.

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Encontrar tu cafetería en Madrid: Un rito de iniciación

Por Izzy Paez

Cuando llegas a una nueva ciudad, hay mucho a lo que adaptarse. Desde aprender a orientarte hasta aprender un nuevo idioma, todo puede sentirse abrumador. Sin embargo, una de las mejores decisiones que tomé para sentirme en casa fue encontrar mi propio café habitual. No es solo un lugar para tomar café, sino un espacio seguro, un pequeño pedazo de hogar en una ciudad nueva. Ya sea por el barista que te saluda por tu nombre o por las caras familiares que empiezas a ver a diario, tener un lugar al que acudir te ayuda a sentirte más enraizado y a construir tu vida allí.

Para mí, ese lugar fue la Panadería en el Barrio de Salamanca, conocida por su hermosa arquitectura y ambiente. Lo encontré al principio de mi tiempo en Madrid, ya que estaba cerca de mi casa, y rápidamente se convirtió en mi lugar para café, pasteles y tiempo a solas. Lo que no esperaba era cómo me ayudaría a conocer mejor mi barrio y establecer una rutina. Cuanto más visitaba, más veía caras conocidas y comenzaba a sentirme parte de la comunidad. Como estudiante en un programa con estancias en casas de familia, a veces el tiempo libre puede ser abrumador, y tener un lugar para disfrutar y estar sola se vuelve clave.

Tener una cafetería habitual es importante porque te ofrece un lugar fuera pero cerca de tu hogar que sirve como refugio. Es el espacio ideal para salir, recargar energías y sentirte conectado con la ciudad. En una ciudad vibrante como Madrid, es fácil sentirse abrumado al principio. Pero un lugar familiar al que retirarte te ayuda a encontrar consuelo en el bullicio. A veces, simplemente observar y estar presente en un café te ofrece una nueva perspectiva de la ciudad, tan valiosa como visitar museos o sitios históricos.

En resumen, encontrar tu propia cafetería te da una sensación de hogar en un lugar nuevo. Yo encontré mucho consuelo en la rutina de saludar a la misma mujer en la caja cada mañana. Así que, tómate el tiempo para encontrar tu propia “Panadería” y hazla tuya. Te sorprenderá cómo te ayuda a sentirte más conectado con la ciudad y cómo se convierte en una parte especial de tu experiencia en el extranjero.

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Tiempo para estar sola: ¡una necesidad!

Por Olivia Rosas

Antes de venir a Madrid, siempre había sido el tipo de persona de las que nunca necesitaba mucho tiempo y espacio para mí misma. Mi energía siempre fue mejor con otras personas y nunca quise perderme un evento divertido o nuevo. Si estás leyendo esto y piensas que eres similar, las cosas pueden cambiar cuando viajes al extranjero, pero no de mala manera, solo de manera diferente. Una sugerencia que les daría a todos es tener un día de la semana en el que terminen las clases temprano o no tengan ninguna clase. Para mí, este día era el jueves ya que no tenía clases y por eso dediqué el día a sentirme independiente y centrada. Cada jueves decidí ir a un lugar nuevo en Madrid, ya fuera un restaurante, un parque, un museo o simplemente una zona nueva. Al principio fue desalentador porque no sabía por dónde empezar, pero se volvió agradable ir a lugares nuevos.

La clave de estas visitas es: ¡hacerlas solos! Aunque, una razón por la que mi experiencia en Madrid fue tan increíble fue gracias a las personas en el programa, también fue necesario pasar tiempo de calidad a solas durante estos tres meses. Darte la oportunidad de explorar una nueva parte de Madrid durante un día entero te ayuda a crecer, a restaurar tu energía y a tener tiempo para procesar la nueva vida que tienes. A veces incluso ponía mi teléfono en modo avión para estar más presente en mis caminatas. El día que recuerdo con más cariño de todos mis jueves fue a principios de septiembre. Busqué los parques más famosos de Madrid y encontré uno que se veía hermoso. El parque se llama “Parque Madrid Río” y estaba un poco lejos de donde vivía en el barrio de Salamanca, pero me encantó ese día!!! Escribí en un diario una entrada en español, tomé muchas fotografías y pasé mucho tiempo escuchando música. Después de todo esto encontré un restaurante puertorriqueño para comer (porque sentía nostalgia). El restaurante se llama “El Casal de Pepa” y tenía todo lo que me faltaba desde casa. Pedí bacalaitos (una fritura de sartén de bacalao en salazón), mofongo (plato hecho a base de plátanos verdes), arroz blanco con habichuelas guisadas y pechuga de pollo a la brasa con ajo y perejil. Me sentí muy feliz de encontrar un lugar en Madrid que me hacía sentir como en casa. Ese día pude ver y descubrir tranquilamente y a mi ritmo tantos rincones diferentes y bonitos de Madrid.

Frente al cartel de Madrid en Parque Madrid Río

El menú de El Casal de Pepa

Puede parecer evidente cuidar de ti mismo en una ciudad nueva, pero los viajes, los nuevos amigos y el trabajo pueden ser una gran distracción. En un lugar tan grande y lleno de cosas nuevas, asegúrate de tomarte el tiempo para procesar, sanar y disfrutar plenamente. ¡Disfruta de tu tiempo explorando!

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Las matemáticas: ¿De verdad son un lenguaje universal?

Por Rose Solomon

Para una de mis clases en la Carlos III, fue necesario hacer 16 horas de trabajo voluntario. Por eso, encontré dos lugares diferentes en los que podía enseñar el inglés a estudiantes de entre 6 a 12 años. Pero, cuando llegué a estos sitios, me di cuenta que enseñar el inglés no me inspira. No soy una amante de la gramática en ningún idioma, y nunca tenía buena respuesta de por qué las cosas eran así cuando los estudiantes me preguntaban sobre sus tareas de inglés. Por eso, decidí enseñar matemáticas. Como fue mi trabajo durante la escuela secundaria, tengo experiencia en hacerlo y tengo una buena idea de explicar temas de matemáticas a los niños. Pero todo cambió cuándo tenía que hacerlo en español.

En uno de los centros de tutoría, daban un nombre nuevo a su clase que dura dos horas cada martes – ahora se llamaba “Mates con Rose.” Cada semana, algún número entre 3 y 7 estudiantes vinieron al centro para que les pudiera enseñar. Vinieron sin nada – ni tarea, ni preguntas, ni un deseo de hacer más que jugar fútbol con las pelotas que, por mi mala suerte, siempre estaban.

Cada vez que entraba un chico al centro, le preguntaba las mismas preguntas: “¿Te gustan las matemáticas? ¿En qué año estás? ¿Qué haces en tu clase?” Después intentaba crear problemas diferentes para encontrar cuáles no eran demasiado fáciles ni difíciles.

Por ejemplo, si me decían que tenían 6 años y en las clases estudiaban la adición (o mejor dicho, las sumas), les preguntaría si sabían ¿qué son 2+2? Y después, ¿sabes 6+7?, ¿Y 8+13?

Aumentaba la dificultad de las preguntas hasta que llegáramos a un punto que no pudieran contestar muy rápido, pero con ayuda pudieron llegar a la respuesta correcta. Aunque conozco muy bien las maneras de explicar en inglés, cambiar a español me presentaba muchas dificultades. Cuando explicas ideas tan básicas como “8+3,” la meta no es explicar la respuesta correcta, sino enseñar la mejor manera de pensar en estas preguntas. Debido a eso, las frases que eliges son de las más importantes. Me costaba mucho intentar explicar las mismas cosas de una variedad de maneras para que los estudiantes pudieran entender. A veces me faltaba el vocabulario para hacerlo y entonces usaba cosas físicas y dibujos para explicar. De esta manera, creé una nueva forma de entender y explicar. También, aprendí muchos términos que nunca había usado y me volví más cómoda al decir frases matemáticas.

Hay una frase conocida que dice que las matemáticas son un lenguaje universal – que no cambian cuando cambia el idioma. Esa idea me inspiró porque, aunque tenía que explicar cosas con palabras diferentes, las ideas fundamentales eran las mismas. Estaba contenta de poder expresar pensamientos a niños que no compartían mi lengua materna. Al final, aprendí tanto como los niños porque mejoré mi habilidad de pensar en español como ellos mejoraron su habilidad de pensar en las matemáticas. Hacer matemáticas en España, en español, fue una gran parte de mi inmersión y aprendizaje. Si te gustan las matemáticas te recomiendo que intentes enseñarlas para aprender y disfrutar mucho. Pero también recomiendo a todos los que estudian en el extranjero que hagan cosas difíciles y únicas para que puedan involucrarse con el idioma de una manera diferente y útil.

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El paseo y yo: En un camino a ninguna parte

Por Lucy Schwalbe

Nunca he sido capaz de meditar. Me resulta imposible apagar mi lista constante de cosas que hacer, personas a las que llamar, lugares donde estar. Siempre estoy en busca de un propósito, un destino final. Sin embargo, esto comenzó a cambiar cuando conocí a mi nuevo mejor amigo en Madrid: el paseo. El concepto del paseo es algo que no existe en los Estados Unidos, ni en la práctica ni en el idioma. Distinto de caminar, pasear es andar solo por placer–sin destino. El único propósito es disfrutar contigo mismo. Aunque caminar pueda traer placer y pasear pueda tener beneficios adicionales, no son los mismos. Esta distinción ha sido el epítome de mi estancia en España.

Escenas de mis paseos

Cuando comencé mi relación con el paseo, tuve que resistir la tentación de definirlo. Necesité todo lo que había dentro de mi para no preguntar ¿A dónde va esto? ¿Dónde nos ves en el futuro? Tuve que aprender a comportarme de manera casual. Al principio, me sentía profundamente incómoda con esto. Seguía intentando pensar en una meta que pudiera lograr mientras caminaba–cualquier cosa para hacerlo más productivo. No fue hasta después de mucha práctica que finalmente descubrí la alegría en solo caminar porque sí.

A través de estos caminos sin destino he encontrado un sentido de comodidad y paz. Mientras no puedo decir que he sido capaz de apagar completamente mi lista eterna de tareas, sí he sido capaz de dejarla a un lado por unos momentos cortos cada día. Uso mis paseos para descansar y apagar toda actividad mental. No uso Google Maps ni planeo una ruta de antemano. Simplemente camino, girando cuando las luces de la calle cambian y siguiendo a donde me llevan mis instintos. Aunque a veces me gusta poner música o un podcast, recomiendo desconectar y simplemente tomar nota de tu entorno. Es posible que descubras un nuevo café en tu barrio o que deambules sin querer por un jardín secreto.

Más escenas

En uno de mis paseos, estaba caminando por una calle que había pasado muchas veces cuando vi algo nuevo–una señal amarilla que leía “la casa de Francisco de Goya”. Solo me di cuenta de este sitio histórico cuando fui más despacio y comencé a caminar por el hecho simple de hacerlo. No tenía prisa por llegar a ningún lugar, solo iba por un paseo–y aún así descubrí algo nuevo. Es decir que aunque los paseos no conduzcan a algo concreto, esto no significa que no terminarás en un lugar especial. Los paseos me han ayudado a conectar más con Madrid y mi barrio. Me he dado cuenta de cosas que nunca hubiera visto con mi prisa habitual.

Los paseos también me han enseñado de manera más general a reducir la velocidad de la vida. No todo tiene que ser productivo o un medio para un fin. En la vida, muy como los paseos, no siempre necesitamos saber a dónde vamos. A veces está bien simplemente deambular.

Esta ha sido una de las lecciones más importantes de mi semestre en Madrid. He aprendido (no solo por los paseos, pero en gran parte) a estar más presente. Para ir más despacio y concentrarme en el momento actual. Recomiendo que aproveches esta parte de la cultura española. Abraza caminar sin destino. ¿Quién sabe qué encontrarás? En las palabras sabias de Los Talking Heads, “We’re on a road to nowhere… Come along and take that ride, it’s alright”.

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Un pequeño oasis en Madrid: Los Jardines del Arquitecto Ribera

Por Sofia Brandon-Schwartz

Una de las alegrías inesperadas durante mi tiempo en Madrid ha sido el descubrimiento de los pequeños y escondidos parques de la ciudad. Mientras que El Retiro y Casa de Campo se llevan toda la atención, son los espacios más silenciosos y personales lo que han capturado mi corazón. Uno de esos lugares es Los Jardines del Arquitecto Ribera- un parque encantador que se convirtió en mi lugar favorito para tomar un respiro del bullicio de la ciudad.   

Escondido en el área entre Tribunal y Malasaña, Los Jardines del Arquitecto Ribera se sienten como un secreto para los locales (y quizá una afortunada visitante como yo). Ese parque no está fabricado para los turistas, es un lugar auténtico y lleno de vida, con el espacio justo para relajarse en un banco y ver el mundo pasar. Su imperfección y autenticidad es precisamente su encanto.   

Lo que le da tanto encanto es su intimidad. Cada mañana los habituales llegan con sus perros y transforman el parque en un animado club social. Los perros parecen conocerse tan bien como sus dueños. Verlos correr, con sus colas moviéndose, siempre me sacaba una sonrisa, incluso en los días que echaba de menos mi casa. 

Una tarde, un hombre mayor con un labrador desobediente se sentó junto a mí en un banco. Su perro no dejó de intentar robarle la pelota de tenis a otro perrito, y ambos nos reímos, mientras él se disculpaba, diciendo: “Es más travieso que yo.” Esta interacción me hizo darme cuenta de cómo los parques de Madrid son capaces de crear esos momentos tiernos de conexión humana.   

Estudiar en el extranjero es todo lo que todo el mundo dice que es: emocionante, lleno de nuevas experiencias y revelador. Pero no se puede negar que hay momentos en los que puede ser un poco abrumador y solitario. En esos momentos, tener un lugar cómodo y familiar era inestimable. Me ayudó a sentirme tranquila y no como una extranjera, sino parte de la ciudad.   

Me gustaría atribuirme el descubrimiento de este parque, pero lamentablemente no fue mío. Durante nuestra orientación en Santiago de Compostela, conocí a quien se convertiría en mi mejor amigo durante mi tiempo en Madrid. Él y yo vivíamos a una distancia de solo diez minutos a pie, y este parque estaba perfectamente ubicado entre nuestras dos casas. Después de la primera noche con nuestras familias anfitrionas, queríamos encontrarnos para hablar sobre nuestras emociones, nervios, miedos, ilusiones, etc. Así que él encontró este parque y, en nuestra primera noche en Madrid, paseamos durante horas allí. Desde entonces, ese ha sido nuestro lugar. Después de largos días en la universidad, después de la cena, después de noches de fiesta, siempre nos reuníamos en ese parque. Se convirtió en un lugar donde sabía que no yo estaría sola.  

Ahora cuando pienso en Madrid, no solo pienso en las calles, parques, y plazas grandes. Pienso en mi parque: Los Jardines del Arquitecto Ribero, un pequeño rincón verde donde juegan los perros, los vecinos charlan y el mundo se siente un poco más personal. Si en algún momento estás en Madrid, espero que te tomes un momento para encontrar uno de estos pequeños parques. Puede que no planees quedarte mucho tiempo, pero no te sorprendas si pierdes la noción del tiempo—estos pequeños rincones tienen una mágica manera de atraerte.  

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Práctica lingüística e inmersión cultural a través de las interacciones con los niños

Por Kaya Waltzer

Antes de venir a Madrid, y durante nuestra orientación en Santiago, me sentí muy tímida y nerviosa por mi habilidad de expresarme. Realmente quería mejorar mi español, pero a menudo me sentía avergonzada de mi acento, u olvidaba una palabra o conjugación. Reflexionando sobre mi tiempo en Madrid, me he sentido mucho más cómoda hablando en español. Todavía estoy lejos de ser perfecta pero no dejo que el miedo a cometer un error me impida intentar decir lo que quiero decir. Creo que una de las experiencias que más me ayudó fue trabajar y jugar con niños durante todo el semestre.

Siempre me ha gustado pasar tiempo con los niños, como niñera, monitora de campamento, y tutora. Sin embargo, en estas experiencias pasadas no me había dado cuenta de que trabajar con niños es una herramienta muy poderosa para practicar mi español.

Descubrí esto por primera vez cuando estaba jugando con mi hermano anfitrión, Yago. Yago tiene 8 años, y le encantan los Legos, los coches, y Ninjago. Gracias a mi propio hermano, supe un poco sobre estos intereses de Yago, lo que me ayudó a establecer una conexión con él. Al principio, era muy tímido. Sin embargo, empezamos a jugar con Legos, y esto cambió mucho nuestra relación.

Después de la cena, y los fines de semana, a menudo construíamos nuevos Legos o jugábamos con los que ya habíamos montado. He aprendido que esta es una forma muy útil de practicar mi español. Por ejemplo, hemos montado un kit de camiones de bomberos. ¿Qué es esto?” me preguntaba, levantando una pieza, y Yago me contaba. Aprendí las palabras, “manguera,” “sirena,” “llama,” “quemar,” y muchas más. Además, cuando aprendo palabras nuevas en español, Yago me pregunta qué es en inglés, así que ambos podemos aprender.

Tuve la suerte de tener un hermano anfitrión, pero eso no es un requisito para tener interacciones como esta con niños españoles. Hay muchas otras opciones para practicar. Por ejemplo, recomiendo ser voluntario con niños.

Este semestre, he hecho un voluntariado en un grupo llamado “Redsistencia” en el Soviet de Getafe como tutora de inglés una vez por semana. Trabajé con Víctor, un niño de 10 años de una familia inmigrante de Ecuador, que vive cerca de nuestra universidad. Pasé el tiempo en nuestras sesiones ayudándolo con sus deberes, o jugando juegos en inglés. Le encanta dibujar, así que jugamos “Pictionary” mucho, con adivinanzas en inglés. También jugamos un montón de juegos de categoría, en los que elegíamos una categoría, como la comida, y luego lanzábamos una pelota de ida y vuelta. Cuando alguien lanzaba la pelota, tenían que decir una palabra en inglés en esa categoría. Cuando él no sabía una palabra, me preguntaba y esta era una manera muy divertida para ambos de aprender mucho, porque al explicar las nuevas palabras para Víctor, podía practicar y pensar en sinónimos y definiciones. Esta situación es perfecta, porque no necesito tener vergüenza de mis errores en español, porque Víctor tenía la misma timidez en su inglés. Ninguno de ambos juzgaba al otro, y sentía que estaba aprendiendo tanto de mis sesiones con él como esperaba que él aprendiera de mí.

Cuando Víctor no sabía una palabra, me preguntaba y esta era una manera muy divertida para ambos de aprender, porque al explicarle las nuevas palabras, podía practicar y pensar en sinónimos y definiciones. Esta situación es perfecta, porque no sentía vergüenza de mis errores en español, ya que Víctor también era tímido con su inglés. Ninguno de los dos juzgaba al otro y sentía que estaba aprendiendo tanto de mis sesiones con él como esperaba que él aprendiera de mí.

Un problema que muchos de nosotros de Wesleyan y Vassar experimentamos es que es difícil hacer amigos españoles a través de la universidad, lo que significa que es difícil conseguir esa práctica informal fuera de la familia anfitriona. El voluntariado con niños (y el voluntariado en general) es otra manera en la que puedes hacer esto. Para cualquiera que busque más conversación con hablantes nativos de español, o simplemente una experiencia divertida de inmersión cultural, ¡habla con los niños!

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