Al mal tiempo, buena cara

Por Daniel Moskowitz

Llegué al aeropuerto con tres maletas llenísimas (sin duda, todas llevaban sobrepeso) y una mochila que pesaba una tonelada. Una de las maletas estaba llena de medicamentos—ibuprofeno, paracetamol, Pepto-Bismol, Benadryl, antibióticos, y una cantidad de medicamentos para el asma que, sin duda, si me los hubiera tomado todos, habría vuelto a los Estados Unidos en un ataúd (no exagero). Es como si pensara que no habría ni farmacias ni médicos en España (una locura porque no era mi primera vez allá). Pero, de todos modos, era un tío con una misión: nunca tener que entrar en una farmacia ni pedir cita con un médico.

Como todos sabemos, casi nunca resulta todo de acuerdo con lo planeado. La primera cosa que no fue según lo planeado fue cuando llegamos a Santiago. La Guardia Civil tenía una manera muy científica de decidir que maletas querrían inspeccionar: por el peso, y no estaban preocupados por las que pesaban poco. Así que claro, querían echar un vistazo en mi equipaje, y tuvieron muchas preguntas sobre todas las…drogas legales. Por fin, decidieron que no era una contrabandista y me dejaron marchar.

Para el primer mes, todo fue de acuerdo con lo planeado hasta que me puse malo con una sinusitis durante una de las excursiones que duró todo el fin de semana. Pero afortunadamente tenía  antibióticos. Todo fue genial hasta que enfermé una segunda vez con una otitis con fluido detrás del tímpano. ¡Ufffff! Parecía que no era posible evitar un médico, y me encontré en una cita con un otorrino. Ahora, os digo, igual os enseñan cosas básicas como una otitis, pero seguro que no nos enseñan palabras como tímpano ni nada así. Pero con un médico de casi 70 años que no hablaba casi nada de inglés, rápidamente me encontré usando palabras como “miringotomía” y diciendo frases como “claro que mi tímpano se ha perforado porque hace uno o dos días, de repente sentí un líquido saliendo de mi oído.”

Pero mis experiencias con los médicos no acabaron aquí. Algunas semanas después, empecé a tener problemas con el asma, y a pesar de todos los medicamentos que tenía, nada los resolvió. Así que, esta vez, me encontré en una consulta con la neumóloga. Le di mi lista de medicamentos (fijaos que hay que traducir los nombres al español muchas veces—pero por lo general, los nombres españoles son muy parecidos al nombre genérico del medicamento en inglés). En cualquier caso, esta vez vine preparado con un vocabulario enfocado al sistema respiratorio: tos, inhalador, nebulizador, recobrar el aliento, resuello, flujo espiratorio máximo, y tal. ¡Pero fue un milagro! Ella me dio un medicamento, y tan pronto como empecé a tomarlo, los problemas empezaron a mejorar. ¿Y sabéis qué? Este medicamento todavía no lo tenemos en los Estados Unidos.

Seguro que ahora queréis saber de qué os sirve leer acerca de mis experiencias con los médicos aquí, pero os prometo que hay una moraleja. Todas estas consultas con médicos me forzaron aprender un vocabulario completamente nuevo. Un vocabulario que sin duda se necesita, pero tampoco es uno que vais a aprender en una clase. En plan, se me presentaron unas oportunidades para lograr un nivel mejor de español, aunque vino con un poco de dolor. Sin duda vais a oír mucho “hay que aprovecharse de no sé qué oportunidad”, pero además de esto, hay que ver todo como una oportunidad de aprender. Claro que se aplica a cosas más allá del ámbito médico. Por ejemplo, si vais a usar Tinder, se presenta una oportunidad buenísima para aprender un español coloquial de la hostia. La primera vez que alguien me llamó tío, pensaba que era algún fetichismo o algo así, pero en realidad significan más o menos lo mismo que “dude.” Y bueno, hay que estar preparado para aprender algunas palabras más vulgares también, pero recordad que es Tinder.

 

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Ahora os presento con la versión abreviada del D3 (Diccionario de Daniel):

  • Inhalador: Un aparato que reparte un medicamento inhalado que viene en un polvo condensado.
  • Nebulizador: Otro aparato que reparte un medicamento inhalado, pero que viene como un líquido.
  • Otitis: Una infección del oído (ojo—si dices oído un poco diferente, como odio, significa otra cosa completamente diferente)
  • Otorrino: Un médico que se especializa en problemas de los oídos, la nariz, y la garganta.
  • Paracetamol: Tylenol
  • Recobrar el aliento: El sentimiento de satisfacción cuando los pulmones están llenos de aire después de respirar profundamente.
  • Resuello: El sonido distinto durante la respiración que es común durante un ataque de asma.
  • Tímpano: La pieza pequeña de piel que se separa el oído medio del exterior.
  • Tío: Una manera informal a dirigirse a alguien.
  • Tos: Una salida de aliento con mucha fuerza, muy común cuando uno se encuentra mal.
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