Aprovechar al máximo a tu familia anfitriona

Por Cyris Laury-Schaefer

Mudarse al extranjero, en mi caso a Madrid, por cuatro meses es una decisión importante, pero vivir con una familia anfitriona todo el tiempo trae un cambio grande en el estilo de vida. Por esta razón, hay que aceptar la experiencia y es mejor entrar con la mente abierta. Cuando llegué por primera vez, estaba un poco nervioso por conocer a mi familia, pero decidí confiar en el proceso. Mi primera interacción con ellos fue memorable, porque me recibieron con los brazos abiertos y con presentaciones largas. Sin embargo, algo faltaba en esa introducción. Solo estaba hablando con los padres cuando yo sabía que también debía tener un hermano anfitrión de 16 años. Les pregunté a mis padres anfitriones, y me dijeron que él todavía estaba durmiendo después de una noche de fiesta. Eran las 5 de la tarde, y rápidamente aprendí que iba a vivir un estilo de vida muy diferente a cualquier cosa que yo había experimentado en los Estados.

Los primeros días fueron muy buenos, y me sentía muy seguro con mis habilidades de conversación simple en español. Podía decir casi todo lo que quería, y empecé a sentirme más cómodo con mi familia. Sin embargo, esto cambió después de un par de semanas, cuando ya habíamos usado todo el “small talk” y era momento de tener conversaciones más serias. Empecé a sentirme desesperado y a veces aislado porque no podía comunicar bien lo que quería decir. Perdí confianza y hablé menos con mi familia, lo cual también frenó mi progreso con el idioma. Estaba tan obsesionado con la gramática que no podía hablar. Era un proceso que iba hacia abajo, y algo tenía que cambiar. Un día, volviendo de clases, me convencí de que simplemente iba a hablar y buscar maneras alternativas de decir lo que quería. Usaría las habilidades que tenía para expresar mis ideas como fuera posible.

Para mi sorpresa, empecé a acercarme de nuevo a mi familia anfitriona. Hablaba más durante las comidas y tenía conversaciones más profundas a pesar de mi uso imperfecto del idioma. Ellos me entendían y me ayudaban. Mi apertura con ellos fue correspondida, y un fin de semana me invitaron generosamente a su casa en el campo, donde me llevaron a hacer wakeboard, a una barbacoa con sus amigos y familiares, y a una celebración en el centro del pueblo por la noche. Significó mucho para mí y me sentí parte de la familia. Después de eso, me llevaron a un par de comidas más fuera de la casa, lo cual fortaleció nuestra relación.

Todo esto es para decir que, a pesar de la barrera del idioma y las diferencias culturales, recomiendo mucho aprovechar al máximo la experiencia con la familia anfitriona. Puede requerir un poco de esfuerzo extra o cansancio mental, pero creo que si realmente inviertes tiempo en conocer a tu familia, valdrá mucho la pena. Espero continuar algún tipo de relación con mi familia de Madrid, ¡y espero que tú también puedas hacerlo!

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