ClassPass y Madrid Móvil: Una guía deportiva para moverse por Madrid

Por Alexandra Burnett

Antes de llegar a Madrid, tenía muchísimas ganas de jugar al tenis porque España es prácticamente la capital mundial de este deporte. Estoy en el equipo de tenis de Wesleyan y he jugado toda mi vida, así que el tenis es una parte enorme de mi identidad. Además, soy instructora de yoga en Wesleyan y quería seguir practicándolo aquí. Naturalmente, como deportista, el movimiento y la actividad física estuvieron entre mis primeras prioridades al llegar a la ciudad. Sin embargo, los gimnasios que probé no fueron muy buenos. Algunos eran carísimos y otros eran muy pequeños y abarrotados. Decidí que no quería un plan de gimnasio típico, porque eso ya lo tengo en Estados Unidos, y busqué algo más único, divertido y culturalmente madrileño. Gracias a las aplicaciones de ClassPass y Madrid Móvil, pude conseguirlo.

Madrid Móvil es una aplicación municipal donde se pueden alquilar pistas de tenis y otros espacios deportivos en los polideportivos de la ciudad. En Estados Unidos, muchas pistas públicas son gratuitas, pero en Madrid se necesita reservar y pagar, aunque el precio es bajo y razonable. Para encontrar gente con quien jugar, durante mi primer mes fui al bar deportivo James Joyce Pub a ver la final del US Open entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Alcaraz ha traído atención internacional a España y se ha convertido en un símbolo de orgullo nacional, así que el ambiente era increíble. Allí conocí a un chico belga con muy buen nivel, y después jugamos en varios polideportivos y en la Ciudad de la Raqueta. También jugué con chicas de Amherst y Wellesley que estudian en la Carlos III conmigo. Estas conexiones fueron fundamentales para mi experiencia en Madrid, hasta el punto de que viajamos juntas por otras partes de España. Por eso, recomiendo de verdad hacer un esfuerzo por conocer a personas fuera del programa.

ClassPass, en cambio, me abrió la puerta para descubrir el yoga y otras formas de movimiento mientras conocía la ciudad al mismo tiempo. Era asequible y perfecto para estudiantes que viajan con frecuencia. El primer mes de ClassPass fue gratis, y, después, costó 55 euros por 35 créditos, pero el programa cubría 30, así que solo pagué 25. Las clases suelen costar entre 9 y 12 créditos. Me permitió probar clases en distintos barrios como Malasaña, Salamanca, Chamberí, Chamartín y el Centro. Malasaña se convirtió en mi favorito por su ambiente ¨súper chulo¨, tiendas vintage y cafés para estudiar. Así, ClassPass no solo me movió físicamente sino también geográficamente y culturalmente por toda la ciudad, a la vez que me ayudó a practicar español en situaciones reales, no solo académicas.

Mis estudios favoritos fueron Asana Groove y Solid Studio. Asana Groove está en un apartamento reconvertido en estudio, muy estético y acogedor. Allí tomé mi primera clase de Jivamukti, un estilo dinámico que combina posturas vigorosas, cantos en sánscrito, meditación y filosofía espiritual. La instructora nos dio un libro de cantos, tocó el harmonium mientras recitábamos mantras y terminamos la clase bailando con los ojos cerrados. Fue incómodo al principio, pero finalmente liberador. También observé la diferencia cultural en que los instructores españoles usan más contacto físico y aplican eucalipto, aceites y cremas durante la clase, algo mucho menos común en Estados Unidos. El estudio al que más he ido es Solid Studio, un centro de pilates con máquinas de reformer, una mezcla perfecta de resistencia y cardio.

Tuve experiencias formativas en otros estudios también. En Barquillo Yoga, su clase de vinyasa fue excelente, pero la de Bikram me sorprendió por su estilo casi “sargento” con mucha intensidad verbal y nada de música, lo cual me chocó culturalmente. Aun así, me pareció valioso probar Bikram por primera vez, ya que es un estilo muy caliente con una secuencia fija de posturas que se repite en cada clase. La instrucción era muy directa, algo que noté con frecuencia en los profesores españoles. En Yoga Home madrugué para una clase, pero nadie más se presentó. Entonces, terminé con una sesión privada, lo que mostró otro contraste cultural: que los españoles empiezan el día más tarde que los estadounidenses.

A través de las aplicaciones de ClassPass y Madrid Móvil, he podido aprender y practicar mi español. Enriquecí mi aprendizaje de la cultura española al dejarme llevar por nuevos barrios y empujarme a usar el idioma en contextos diferentes. Me introduje en la vida cotidiana madrileña y tuve acceso a comunidades locales fuera de los espacios turísticos.

Imagen arriba: Asana Grove, C. de Serrano, 40, 1D, Salamanca

Imagen abajo: Solid Studio, C. de Barceló, 15, Centro

Enlace de invitación a ClassPass para recibir 20 créditos extra en el primer mes: https://classpass.com/refer/9LNIKM5D22

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