Celebreak: como pude jugar fútbol en Madrid sin equipo ni contactos

Por Mauricio Mejía

El fútbol ha sido parte de mi vida desde que tengo memoria. Crecí jugando, y en Vassar sigo haciéndolo como parte del equipo universitario. Así que, cuando supe que iba a pasar un semestre en Madrid, una ciudad donde el fútbol no es un deporte sino casi una religión, lo primero que pensé fue: voy a jugar mucho.

Lo que no pensé fue que llegaría lesionado.

La lesión me tuvo fuera de la cancha durante meses. Meses viendo partidos desde el sofá, meses sin poder hacer lo que más me gusta. Cuando por fin me recuperé, a principios de abril, tenía ganas de volver a jugar, pero también tenía un problema real: estaba en una ciudad nueva. Sin equipo, sin conocer a nadie que jugara y sin saber cómo se entra en el mundo del fútbol aficionado en Madrid.

Porque resulta que no es fácil. Madrid es una ciudad apasionada por el fútbol, sí, pero ese fútbol está organizado. No hay canchas abiertas que no sean de pago por el centro. O sea, si no la alquilas con muchos amigos para jugar, es imposible.

Para entrenar solo tenía que encontrar una cancha de futsal en un parque, pero no es igual que jugar en grama. En Madrid hay ligas, hay clubes y hay grupos de amigos que llevan años reservando la misma cancha, el mismo día. Para alguien que llega de fuera, sin red, ni historial, encontrar una cancha gratis es casi imposible y alquilarla entre varios, sin conocer a nadie, más todavía.

Fue en ese momento cuando busqué por internet y descubrí “Celebreak”. La App funciona de manera muy sencilla: te registras y buscas partidos disponibles cerca de ti. Hay opciones 6v6 y 8v8 en distintos horarios y en canchas por toda la ciudad, en zonas como La Chopera o el Retiro. Solo tienes que unirte con un clic. Sin compromiso de temporada, sin tener que conocer a nadie, sin tener que organizar nada. Pagas entre 5 y 7 euros por partido y apareces a jugar.

El primer día, llegué con algo de nervios. No sabía cuál iba a ser el nivel, no sabía cómo iba a ser la gente. Pero desde el primer minuto, me sentí bien recibido. El nivel era bueno, gente que realmente sabe jugar, pero el ambiente era completamente relajado. Sin tensiones, sin egos, con las mismas ganas de simplemente disfrutar el partido que tenía yo.

Lo que más me sorprendió fue lo que pasó fuera de la cancha. En los descansos, después del partido, la conversación surgió sola: de la Liga, de los equipos de Madrid, de dónde más jugaban, qué recomendaban por la ciudad. Sin darme cuenta, ya tenía un par de contactos nuevos. Si un grupo te cae bien, puedes preguntarles cuándo

juegan normalmente y empezar a coincidir con ellos. No es solo una App para jugar, es una puerta de entrada a una red informal de gente joven, apasionada por el fútbol.

Y para practicar el español, no hay nada mejor. No es el español del aula, ni el de las conversaciones de cortesía con la familia anfitriona. Es el español que se habla cuando alguien hace un pase malo o cuando el árbitro pita algo discutible, con todo el vocabulario y el ritmo que no aparece en ningún libro de texto. Me di cuenta después del primer partido que estaba hablando y escuchando español durante dos horas sin pensar en ello, mientras hacía lo que más me gustaba. Verdaderamente, los deportes son una de las mejores maneras de aprender un idioma.

La flexibilidad es otro de sus grandes puntos. No hay cuota mensual, no hay lista de espera, no hay que comprar equipamiento especial. Tú eliges cuándo juegas según tu horario, tus exámenes, tus ganas. Si una semana no puedes, no pasa nada. Si tienes ganas de jugar dos veces, también. Para un estudiante de intercambio con el calendario lleno, eso vale mucho.

En definitiva: si el fútbol es parte de quién eres, no dejes que llegar a una ciudad nueva te lo quite. “Celebreak” es la forma más directa, barata y divertida de seguir jugando y, de paso, de conocer Madrid desde la cancha. Yo llegué lesionado, sin conocer a nadie, sin saber por dónde empezar. Y aun así lo encontré. Tú también puedes.

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