Por Jamie Willoughby
Se suele decir que la inmersión cultural es más profunda cuando se afrontan situaciones incómodas. Entonces, os pregunto: ¿qué puede ser más incómodo que una guillotina, una llave de brazo, una omóplata, o alguna otra sumisión en la que me he encontrado una y otra vez cada martes, miércoles y jueves por la noche? El Jiu Jitsu brasileño ha sido la experiencia más significativa de mi semestre en España. Me he hecho amigo de un grupo grappler majísimo, compuesto de hombres y mujeres de todas las edades y de todo el mundo hispanohablante.
En mi primera semana en España, mi padre anfitrión, Carlos, me recomendó que hiciera una actividad fuera de la universidad para relacionarme con la gente española. Me gustó la idea y nos pusimos juntos a elegir un extraescolar que me quedara bien. Siempre había querido probar Jiu Jitsu brasileño y me pareció una buena manera de mantenerme en forma y mejorar mi español a la vez. La primera academia que visité me hizo mucha ilusión, pero me di cuenta de que una gran parte de los estudiantes eran norteamericanos. Cuando le relaté mi experiencia a Carlos, me dijo que esa escuela no vale, que no hay por qué asistir, que se trata de escaparse del inglés. Entonces, me puse nuevamente a buscar una academia que fuera más local, en la que no hubiera gente anglohablante.
Así encontré la Escuela de JiuJitsu Brasileño Puerta del Ángel. Nada más llegar noté que el ambiente era completamente distinto: aunque había muchos acentos diferentes (madrileño, peruano, catalán, brasileño, etc.) solo se oía español. La primera clase me costó mucho, tanto a la hora de hablar como la parte física. Nos repartimos por el tatami en parejas y practicamos la técnica. Me sorprendió la paciencia y calidez de cada persona con la que luchaba. Siempre estaban dispuestos a enseñarme pasito a pasito lo que sabían y hablaban despacio para que les entendiera.
Fui mejorando poco a poco. Cada semana, cojeaba de vuelta a casa con menos moretones. Me atrevía a hablar cada vez más cuando tenía una pregunta o quería mostrarle a alguien como hacer la técnica. Aprendí un montón de palabras anatómicas y lo que llamaba la gramática de lucha. Empecé a hablar de una manera más natural y menos rígida. Entablé amistades con varios compañeros de clase y salíamos juntos después de clase a tomar. Me han enviado un montón de videos y memes BJJ en Instagram. Los videos me han ayudado a quedarme con todos los pasos y a mejorar la sintaxis, lo que siempre me cuesta.


