Cuando llegas a una nueva ciudad, hay mucho a lo que adaptarse. Desde aprender a orientarte hasta aprender un nuevo idioma, todo puede sentirse abrumador. Sin embargo, una de las mejores decisiones que tomé para sentirme en casa fue encontrar mi propio café habitual. No es solo un lugar para tomar café, sino un espacio seguro, un pequeño pedazo de hogar en una ciudad nueva. Ya sea por el barista que te saluda por tu nombre o por las caras familiares que empiezas a ver a diario, tener un lugar al que acudir te ayuda a sentirte más enraizado y a construir tu vida allí.
Para mí, ese lugar fue la Panadería en el Barrio de Salamanca, conocida por su hermosa arquitectura y ambiente. Lo encontré al principio de mi tiempo en Madrid, ya que estaba cerca de mi casa, y rápidamente se convirtió en mi lugar para café, pasteles y tiempo a solas. Lo que no esperaba era cómo me ayudaría a conocer mejor mi barrio y establecer una rutina. Cuanto más visitaba, más veía caras conocidas y comenzaba a sentirme parte de la comunidad. Como estudiante en un programa con estancias en casas de familia, a veces el tiempo libre puede ser abrumador, y tener un lugar para disfrutar y estar sola se vuelve clave.
Tener una cafetería habitual es importante porque te ofrece un lugar fuera pero cerca de tu hogar que sirve como refugio. Es el espacio ideal para salir, recargar energías y sentirte conectado con la ciudad. En una ciudad vibrante como Madrid, es fácil sentirse abrumado al principio. Pero un lugar familiar al que retirarte te ayuda a encontrar consuelo en el bullicio. A veces, simplemente observar y estar presente en un café te ofrece una nueva perspectiva de la ciudad, tan valiosa como visitar museos o sitios históricos.
En resumen, encontrar tu propia cafetería te da una sensación de hogar en un lugar nuevo. Yo encontré mucho consuelo en la rutina de saludar a la misma mujer en la caja cada mañana. Así que, tómate el tiempo para encontrar tu propia “Panadería” y hazla tuya. Te sorprenderá cómo te ayuda a sentirte más conectado con la ciudad y cómo se convierte en una parte especial de tu experiencia en el extranjero.
Antes de venir a Madrid, siempre había sido el tipo de persona de las que nunca necesitaba mucho tiempo y espacio para mí misma. Mi energía siempre fue mejor con otras personas y nunca quise perderme un evento divertido o nuevo. Si estás leyendo esto y piensas que eres similar, las cosas pueden cambiar cuando viajes al extranjero, pero no de mala manera, solo de manera diferente. Una sugerencia que les daría a todos es tener un día de la semana en el que terminen las clases temprano o no tengan ninguna clase. Para mí, este día era el jueves ya que no tenía clases y por eso dediqué el día a sentirme independiente y centrada. Cada jueves decidí ir a un lugar nuevo en Madrid, ya fuera un restaurante, un parque, un museo o simplemente una zona nueva. Al principio fue desalentador porque no sabía por dónde empezar, pero se volvió agradable ir a lugares nuevos.
La clave de estas visitas es: ¡hacerlas solos! Aunque, una razón por la que mi experiencia en Madrid fue tan increíble fue gracias a las personas en el programa, también fue necesario pasar tiempo de calidad a solas durante estos tres meses. Darte la oportunidad de explorar una nueva parte de Madrid durante un día entero te ayuda a crecer, a restaurar tu energía y a tener tiempo para procesar la nueva vida que tienes. A veces incluso ponía mi teléfono en modo avión para estar más presente en mis caminatas. El día que recuerdo con más cariño de todos mis jueves fue a principios de septiembre. Busqué los parques más famosos de Madrid y encontré uno que se veía hermoso. El parque se llama “Parque Madrid Río” y estaba un poco lejos de donde vivía en el barrio de Salamanca, pero me encantó ese día!!! Escribí en un diario una entrada en español, tomé muchas fotografías y pasé mucho tiempo escuchando música. Después de todo esto encontré un restaurante puertorriqueño para comer (porque sentía nostalgia). El restaurante se llama “El Casal de Pepa” y tenía todo lo que me faltaba desde casa. Pedí bacalaitos (una fritura de sartén de bacalao en salazón), mofongo (plato hecho a base de plátanos verdes), arroz blanco con habichuelas guisadas y pechuga de pollo a la brasa con ajo y perejil. Me sentí muy feliz de encontrar un lugar en Madrid que me hacía sentir como en casa. Ese día pude ver y descubrir tranquilamente y a mi ritmo tantos rincones diferentes y bonitos de Madrid.
Frente al cartel de Madrid en Parque Madrid Río
El menú de El Casal de Pepa
Puede parecer evidente cuidar de ti mismo en una ciudad nueva, pero los viajes, los nuevos amigos y el trabajo pueden ser una gran distracción. En un lugar tan grande y lleno de cosas nuevas, asegúrate de tomarte el tiempo para procesar, sanar y disfrutar plenamente. ¡Disfruta de tu tiempo explorando!
Posted inUncategorized|Taggedestar solo|Comments Off on Tiempo para estar sola: ¡una necesidad!
Para una de mis clases en la Carlos III, fue necesario hacer 16 horas de trabajo voluntario. Por eso, encontré dos lugares diferentes en los que podía enseñar el inglés a estudiantes de entre 6 a 12 años. Pero, cuando llegué a estos sitios, me di cuenta que enseñar el inglés no me inspira. No soy una amante de la gramática en ningún idioma, y nunca tenía buena respuesta de por qué las cosas eran así cuando los estudiantes me preguntaban sobre sus tareas de inglés. Por eso, decidí enseñar matemáticas. Como fue mi trabajo durante la escuela secundaria, tengo experiencia en hacerlo y tengo una buena idea de explicar temas de matemáticas a los niños. Pero todo cambió cuándo tenía que hacerlo en español.
En uno de los centros de tutoría, daban un nombre nuevo a su clase que dura dos horas cada martes – ahora se llamaba “Mates con Rose.” Cada semana, algún número entre 3 y 7 estudiantes vinieron al centro para que les pudiera enseñar. Vinieron sin nada – ni tarea, ni preguntas, ni un deseo de hacer más que jugar fútbol con las pelotas que, por mi mala suerte, siempre estaban.
Cada vez que entraba un chico al centro, le preguntaba las mismas preguntas: “¿Te gustan las matemáticas? ¿En qué año estás? ¿Qué haces en tu clase?” Después intentaba crear problemas diferentes para encontrar cuáles no eran demasiado fáciles ni difíciles.
Por ejemplo, si me decían que tenían 6 años y en las clases estudiaban la adición (o mejor dicho, las sumas), les preguntaría si sabían ¿qué son 2+2? Y después, ¿sabes 6+7?, ¿Y 8+13?
Aumentaba la dificultad de las preguntas hasta que llegáramos a un punto que no pudieran contestar muy rápido, pero con ayuda pudieron llegar a la respuesta correcta. Aunque conozco muy bien las maneras de explicar en inglés, cambiar a español me presentaba muchas dificultades. Cuando explicas ideas tan básicas como “8+3,” la meta no es explicar la respuesta correcta, sino enseñar la mejor manera de pensar en estas preguntas. Debido a eso, las frases que eliges son de las más importantes. Me costaba mucho intentar explicar las mismas cosas de una variedad de maneras para que los estudiantes pudieran entender. A veces me faltaba el vocabulario para hacerlo y entonces usaba cosas físicas y dibujos para explicar. De esta manera, creé una nueva forma de entender y explicar. También, aprendí muchos términos que nunca había usado y me volví más cómoda al decir frases matemáticas.
Hay una frase conocida que dice que las matemáticas son un lenguaje universal – que no cambian cuando cambia el idioma. Esa idea me inspiró porque, aunque tenía que explicar cosas con palabras diferentes, las ideas fundamentales eran las mismas. Estaba contenta de poder expresar pensamientos a niños que no compartían mi lengua materna. Al final, aprendí tanto como los niños porque mejoré mi habilidad de pensar en español como ellos mejoraron su habilidad de pensar en las matemáticas. Hacer matemáticas en España, en español, fue una gran parte de mi inmersión y aprendizaje. Si te gustan las matemáticas te recomiendo que intentes enseñarlas para aprender y disfrutar mucho. Pero también recomiendo a todos los que estudian en el extranjero que hagan cosas difíciles y únicas para que puedan involucrarse con el idioma de una manera diferente y útil.
Nunca he sido capaz de meditar. Me resulta imposible apagar mi lista constante de cosas que hacer, personas a las que llamar, lugares donde estar. Siempre estoy en busca de un propósito, un destino final. Sin embargo, esto comenzó a cambiar cuando conocí a mi nuevo mejor amigo en Madrid: el paseo. El concepto del paseo es algo que no existe en los Estados Unidos, ni en la práctica ni en el idioma. Distinto de caminar, pasear es andar solo por placer–sin destino. El único propósito es disfrutar contigo mismo. Aunque caminar pueda traer placer y pasear pueda tener beneficios adicionales, no son los mismos. Esta distinción ha sido el epítome de mi estancia en España.
Escenas de mis paseos
Cuando comencé mi relación con el paseo, tuve que resistir la tentación de definirlo. Necesité todo lo que había dentro de mi para no preguntar ¿A dónde va esto? ¿Dónde nos ves en el futuro? Tuve que aprender a comportarme de manera casual. Al principio, me sentía profundamente incómoda con esto. Seguía intentando pensar en una meta que pudiera lograr mientras caminaba–cualquier cosa para hacerlo más productivo. No fue hasta después de mucha práctica que finalmente descubrí la alegría en solo caminar porque sí.
A través de estos caminos sin destino he encontrado un sentido de comodidad y paz. Mientras no puedo decir que he sido capaz de apagar completamente mi lista eterna de tareas, sí he sido capaz de dejarla a un lado por unos momentos cortos cada día. Uso mis paseos para descansar y apagar toda actividad mental. No uso Google Maps ni planeo una ruta de antemano. Simplemente camino, girando cuando las luces de la calle cambian y siguiendo a donde me llevan mis instintos. Aunque a veces me gusta poner música o un podcast, recomiendo desconectar y simplemente tomar nota de tu entorno. Es posible que descubras un nuevo café en tu barrio o que deambules sin querer por un jardín secreto.
Más escenas
En uno de mis paseos, estaba caminando por una calle que había pasado muchas veces cuando vi algo nuevo–una señal amarilla que leía “la casa de Francisco de Goya”. Solo me di cuenta de este sitio histórico cuando fui más despacio y comencé a caminar por el hecho simple de hacerlo. No tenía prisa por llegar a ningún lugar, solo iba por un paseo–y aún así descubrí algo nuevo. Es decir que aunque los paseos no conduzcan a algo concreto, esto no significa que no terminarás en un lugar especial. Los paseos me han ayudado a conectar más con Madrid y mi barrio. Me he dado cuenta de cosas que nunca hubiera visto con mi prisa habitual.
Los paseos también me han enseñado de manera más general a reducir la velocidad de la vida. No todo tiene que ser productivo o un medio para un fin. En la vida, muy como los paseos, no siempre necesitamos saber a dónde vamos. A veces está bien simplemente deambular.
Esta ha sido una de las lecciones más importantes de mi semestre en Madrid. He aprendido (no solo por los paseos, pero en gran parte) a estar más presente. Para ir más despacio y concentrarme en el momento actual. Recomiendo que aproveches esta parte de la cultura española. Abraza caminar sin destino. ¿Quién sabe qué encontrarás? En las palabras sabias de Los Talking Heads, “We’re on a road to nowhere… Come along and take that ride, it’s alright”.
Una de las alegrías inesperadas durante mi tiempo en Madrid ha sido el descubrimiento de los pequeños y escondidos parques de la ciudad. Mientras que El Retiro y Casa de Campo se llevan toda la atención, son los espacios más silenciosos y personales lo que han capturado mi corazón. Uno de esos lugares es Los Jardines del Arquitecto Ribera- un parque encantador que se convirtió en mi lugar favorito para tomar un respiro del bullicio de la ciudad.
Escondido en el área entre Tribunal y Malasaña, Los Jardines del Arquitecto Riberase sienten como un secreto para los locales (y quizá una afortunada visitante como yo). Ese parque no está fabricado para los turistas, es un lugar auténtico y lleno de vida, con el espacio justo para relajarse en un banco y ver el mundo pasar. Su imperfección y autenticidad es precisamente su encanto.
Lo que le da tanto encanto es su intimidad. Cada mañana los habituales llegan con sus perros y transforman el parque en un animado club social. Los perros parecen conocerse tan bien como sus dueños. Verlos correr, con sus colas moviéndose, siempre me sacaba una sonrisa, incluso en los días que echaba de menos mi casa.
Una tarde, un hombre mayor con un labrador desobediente se sentó junto a mí en un banco. Su perro no dejó de intentar robarle la pelota de tenis a otro perrito, y ambos nos reímos, mientras él se disculpaba, diciendo: “Es más travieso que yo.” Esta interacción me hizo darme cuenta de cómo los parques de Madrid son capaces de crear esos momentos tiernos de conexión humana.
Estudiar en el extranjero es todo lo que todo el mundo dice que es: emocionante, lleno de nuevas experiencias y revelador. Pero no se puede negar que hay momentos en los que puede ser un poco abrumador y solitario. En esos momentos, tener un lugar cómodo y familiar era inestimable. Me ayudó a sentirme tranquila y no como una extranjera, sino parte de la ciudad.
Me gustaría atribuirme el descubrimiento de este parque, pero lamentablemente no fue mío. Durante nuestra orientación en Santiago de Compostela, conocí a quien se convertiría en mi mejor amigo durante mi tiempo en Madrid. Él y yo vivíamos a una distancia de solo diez minutos a pie, y este parque estaba perfectamente ubicado entre nuestras dos casas. Después de la primera noche con nuestras familias anfitrionas, queríamos encontrarnos para hablar sobre nuestras emociones, nervios, miedos, ilusiones, etc. Así que él encontró este parque y, en nuestra primera noche en Madrid, paseamos durante horas allí. Desde entonces, ese ha sido nuestro lugar. Después de largos días en la universidad, después de la cena, después de noches de fiesta, siempre nos reuníamos en ese parque. Se convirtió en un lugar donde sabía que no yo estaría sola.
Ahora cuando pienso en Madrid, no solo pienso en las calles, parques, y plazas grandes. Pienso en mi parque: Los Jardines del Arquitecto Ribero, un pequeño rincón verde donde juegan los perros, los vecinos charlan y el mundo se siente un poco más personal. Si en algún momento estás en Madrid, espero que te tomes un momento para encontrar uno de estos pequeños parques. Puede que no planees quedarte mucho tiempo, pero no te sorprendas si pierdes la noción del tiempo—estos pequeños rincones tienen una mágica manera de atraerte.
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Antes de venir a Madrid, y durante nuestra orientación en Santiago, me sentí muy tímida y nerviosa por mi habilidad de expresarme. Realmente quería mejorar mi español, pero a menudo me sentía avergonzada de mi acento, u olvidaba una palabra o conjugación. Reflexionando sobre mi tiempo en Madrid, me he sentido mucho más cómoda hablando en español. Todavía estoy lejos de ser perfecta pero no dejo que el miedo a cometer un error me impida intentar decir lo que quiero decir. Creo que una de las experiencias que más me ayudó fue trabajar y jugar con niños durante todo el semestre.
Siempre me ha gustado pasar tiempo con los niños, como niñera, monitora de campamento, y tutora. Sin embargo, en estas experiencias pasadas no me había dado cuenta de que trabajar con niños es una herramienta muy poderosa para practicar mi español.
Descubrí esto por primera vez cuando estaba jugando con mi hermano anfitrión, Yago. Yago tiene 8 años, y le encantan los Legos, los coches, y Ninjago. Gracias a mi propio hermano, supe un poco sobre estos intereses de Yago, lo que me ayudó a establecer una conexión con él. Al principio, era muy tímido. Sin embargo, empezamos a jugar con Legos, y esto cambió mucho nuestra relación.
Después de la cena, y los fines de semana, a menudo construíamos nuevos Legos o jugábamos con los que ya habíamos montado. He aprendido que esta es una forma muy útil de practicar mi español. Por ejemplo, hemos montado un kit de camiones de bomberos. ¿Qué es esto?” me preguntaba, levantando una pieza, y Yago me contaba. Aprendí las palabras, “manguera,” “sirena,” “llama,” “quemar,” y muchas más. Además, cuando aprendo palabras nuevas en español, Yago me pregunta qué es en inglés, así que ambos podemos aprender.
Tuve la suerte de tener un hermano anfitrión, pero eso no es un requisito para tener interacciones como esta con niños españoles. Hay muchas otras opciones para practicar. Por ejemplo, recomiendo ser voluntario con niños.
Este semestre, he hecho un voluntariado en un grupo llamado “Redsistencia” en el Soviet de Getafe como tutora de inglés una vez por semana. Trabajé con Víctor, un niño de 10 años de una familia inmigrante de Ecuador, que vive cerca de nuestra universidad. Pasé el tiempo en nuestras sesiones ayudándolo con sus deberes, o jugando juegos en inglés. Le encanta dibujar, así que jugamos “Pictionary” mucho, con adivinanzas en inglés. También jugamos un montón de juegos de categoría, en los que elegíamos una categoría, como la comida, y luego lanzábamos una pelota de ida y vuelta. Cuando alguien lanzaba la pelota, tenían que decir una palabra en inglés en esa categoría. Cuando él no sabía una palabra, me preguntaba y esta era una manera muy divertida para ambos de aprender mucho, porque al explicar las nuevas palabras para Víctor, podía practicar y pensar en sinónimos y definiciones. Esta situación es perfecta, porque no necesito tener vergüenza de mis errores en español, porque Víctor tenía la misma timidez en su inglés. Ninguno de ambos juzgaba al otro, y sentía que estaba aprendiendo tanto de mis sesiones con él como esperaba que él aprendiera de mí.
Cuando Víctor no sabía una palabra, me preguntaba y esta era una manera muy divertida para ambos de aprender, porque al explicarle las nuevas palabras, podía practicar y pensar en sinónimos y definiciones. Esta situación es perfecta, porque no sentía vergüenza de mis errores en español, ya que Víctor también era tímido con su inglés. Ninguno de los dos juzgaba al otro y sentía que estaba aprendiendo tanto de mis sesiones con él como esperaba que él aprendiera de mí.
Un problema que muchos de nosotros de Wesleyan y Vassar experimentamos es que es difícil hacer amigos españoles a través de la universidad, lo que significa que es difícil conseguir esa práctica informal fuera de la familia anfitriona. El voluntariado con niños (y el voluntariado en general) es otra manera en la que puedes hacer esto. Para cualquiera que busque más conversación con hablantes nativos de español, o simplemente una experiencia divertida de inmersión cultural, ¡habla con los niños!
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La decisión de entregar una solicitud al programa de Vassar Wesleyan en Madrid era una de último momento, y también algo raro para un estudiante de pre medicina como yo. Llegué a Madrid sintiéndome un poco confundido, y además, perdido respecto a qué quería estudiar. Lo único que sabía era que quería un descanso de mis clases de biología, matemática, y química en Vassar. Intenté pensar en asignaturas en las cuales podría tener éxito por mis habilidades ya conocidas, pero la verdad es que no tenía ninguna percepción de mis habilidades académicas fuera de mis estudios. Por eso, busqué inspiración en mis compañeros sin pensar en mis conocimientos sobre el tema. Me registré para dos clases con la ilusión de que serían menos intensas, y de que los textos, todos de cine, podrían activar mi creatividad.
Pronto me quedé cautivado por las conversaciones que teníamos y los temas que surgían de las películas que vimos. Era increíblemente interesante aprender sobre el desarrollo del cine español y su relación con la profunda historia política del país. Por ejemplo, aprendí un montón sobre el franquismo y la vida bajo la dictadura por películas como ¡Bienvenido, Mr. Marshall! y La voz dormida. También me expuso a películas de Hollywood hechas por directores españoles como Los otros de Alejando Amenábar y Lo imposible de J.A. Bayona, las cuales nunca habría visto si no hubiera estado en estas clases. Además, películas como Volver del director español más famoso, Pedro Almodóvar, cuentan historias que destacan los temas culturales y las normas sociales españolas impuestas a las mujeres.
Gracias a mis asignaturas de cine, desarrollé un amor por el cine español y películas en general. Me encontré yendo al cine cada semana, viendo las que acaban de estrenar o las que todavía me faltaban por ver. Los teatros de cine de Madrid se convirtieron en lugares familiares dónde pasaba mucho tiempo, tal vez demasiado. Los cines como, Cinesa Proyecciones, Verdi, y los Yelmos de Chueca y Sol sirvieron como los lugares perfectos para disfrutar de una noche tranquila, pasar el rato con amigos, o simplemente para relajarme cuando lo necesitaba. También mejoré mi relación con una amiga muy cercana en el programa que estaba en mis clases de cine. Juntos, asistimos a casi quince películas en el cine y con las de las clases, vimos más de treinta. Algunas de mis películas españolas favoritas eran La Virgen Roja, La Infiltrada, y una película animada que se llama El Robot Salvaje que también vimos en español. Solíamos buscar películas españolas que aún no se habían estrenado y planear las salidas con una semana antes de antelación. Una de las cosas más divertidas de ver las películas españolas en los cines, y también las americanas con subtítulos, era que siempre estábamos practicando nuestro español.
Durante el semestre en Madrid, encontré un amor desconocido por el cine. Este amor se presentó en la forma de cine español, y de visita al cine para ver películas. Me enteré del arte que existe detrás de lo que se ve en la pantalla grande, lo que me inspiró a pensar en el entretenimiento de una manera más profunda. Sobre todo, encontré una manera de practicar el español que me resultaba divertida.
Durante mi tiempo estudiando al extranjero, encontrar cafés de especialidad en Madrid se ha convertido en uno de mis pasatiempos favoritos. Os recomiendo algunos de mis sitios preferidos para leer, estudiar o simplemente relajarse y tomar un café junto con algunas advertencias logísticas.
1. Acceso a Wi-Fi: Muchos cafés ofrecen Wi-Fi gratuito con una compra, pero a veces la conexión no es muy fiable y es posible que necesitaréis conectaros a un hotspot.
2. Límites de tiempo: Algunos cafés tienen un límite de cuánto tiempo puedes quedarte trabajando con un ordenador. Otros lugares tienen un enfoque más flexible, especialmente los que están orientados a trabajadores remotos o estudiantes.
3. Enchufes de corriente: Aunque muchos cafés permiten trabajar con ordenadores, no todos tienen suficientes enchufes accesibles. Es recomendable cargar tus dispositivos antes de salir o llevar un cargador portátil.
4. Ambiente y expectativas: Algunos cafés son tranquilos e ideales para trabajar, mientras que otros son más animados, con ruido de fondo, lo que los hace más adecuados para socializar que para trabajar en tareas intensivas.
5. Políticas sobre ordenadores: Es importante tener en cuenta que no siempre está permitido el uso de ordenadores. En muchos cafés no se permite durante los fines de semana, en otros no lo permiten en general, y en los que sí, a veces hay una zona especial destinada para trabajar.
Café del Art (Pl. de Cascorro, 9). Ambiente agradable cerca de El Rastro en la zona de la Latina con buen servicio. Ideal para tomar un café ligero o desayunar una tostada.
Café de la Luz (C. de la Puebla, 8). Un sitio precioso con una carta bastante amplia y variada. Es un rincón ideal para tomar algo en un lugar tranquilo y acogedor.
Mansilla Libros y Café (C. de Embajadores, 26). Un encanto especial y tranquilo que parece una sala agradable con muebles antiguos y porcelana vintage. Se nota que se ha puesto mucho cariño en este lugar: los menús incluso están escritos a mano.
HanSo Café (Corre. Baja de San Pablo, 51). Uno de los más famosos de Madrid dado el éxito de sus desayunos y meriendas. Aquí podéis encontrar cafés tan especiales como el cold brew con zumo de lima o un sésamo latte con nuevas propuestas cada temporada.
Lolina Vintage Café (C. del Espíritu Santo, 9). Local de muebles vintage y mucho color con una variedad global de cafés en pleno barrio de Malasaña. Mola tanto para tomar algo a media tarde como para empezar la noche.
Etual Cafe (C. de la Alameda, 8). Sitio pequeño con interior cómodo y ambiente espectacular. Si vais, animaos con el chai latte, no os arrepentiréis. También me encantó la tarta de queso.
Plenti (C. de Moreto, 17). Justo al lado del Parque del Retiro y el Real Jardín Botánico con un ambiente espectacular y desayuno exquisito. Es un sitio pequeño, por lo que a veces hay una cola, generalmente los fines de semana, pero la espera no suele ser mucha.
Federal Café (Pl. de las Comendadoras, 9). Ambiente acogedor con servicio inmaculado y terraza grande. Si te apetece un buen brunch, no lo dudes, es tu sitio.
PUM PUM CAFÉ (C. de Tribulete, 6). Café vegetariano con opciones veganas en el barrio de Lavapiés con un compromiso con la calidad y la sostenibilidad. Una de las cafeterías de especialidad más emblemáticas de Madrid.
Mazál Bagels & Café – Ópera (Calle de Sta. Clara, 10). Ideal para el desayuno con bagels al estilo NYC. Recomiendo los lattes: están muy ricos y son baratos.
Osom Coffee Cantine (C. de Moratín, 38, Bajo 3). Personal muy amable y comprometido con el medio ambiente. Una de las mejores cartas de dulces y salados de la ciudad.
UMAMI SPECIALTY COFFEE (C. de la Alameda, 1). Se posiciona como una de las mejores cafeterías de especialidad en Madrid por su famoso Pink Latte. Las paredes del local están cubiertas de azulejos blancos donde se puede dejar un mensaje.
Urbano Speciality Coffee (C. de Sta. Bárbara, 8). Ambiente tranquilo y dueñas encantadoras en pleno Malasaña. Recomiendo los bowl de açai.
Toma Café – 1 (C. de la Palma, 49). Uno de los cafés de especialidad más conocidos con tres locales en Madrid. El primero, al que me refiero, se encuentra en el barrio de Malasaña mientras que los otros dos están junto a la Plaza de Olavide en Chamberí.
NomadeCafe (Calle de los Tres Peces, 22). Atención genial y servicio rápido con platos innovadores como la tostada de aguacate y pera. Buena música y ambiente.
Adorado Bar Lavapiés (C. del Mesón de Paredes, 22). Local estilo vintage con terraza y mucho encanto. Puedes pedir dos tostadas, de aguacate y salmón por una parte, y de nutella y plátano por otro.
Misión Café (C. de los Reyes, 5). Lugar ideal para merendar y pasar la tarde con servicio familiar y una fuerte apuesta por la calidad. Cuenta con un menú variado y delicioso. Sirven los mejores cafés de la zona de Noviciado.
Posted inUncategorized|Taggedcafés|Comments Off on Un recorrido por mis cafés favoritos
La Casa de Campo es el mejor parque de Madrid. Es cierto que tengo sesgo, pero hay tantas cosas que hacer y descubrir allí. Fue fundado como jardín y posible caza por Francisco de Vargas y Medina en 1519. Al principio, el parque no era un cazadero, sino simplemente un jardín bajo del Real Alcázar (donde hoy está el Palacio Real), cerca del río Manzanares. Se convirtió ciertamente en un cazadero y parque privado de los reyes de España cuando fue aumentando sus dimensiones en los siglos XVI y XVII. El parque se construyó para ser otra opción de descanso en el campo en lugar del Monte de El Pardo, que era una zona de caza. Era un proyecto paisajístico y, desde el siglo XIX, estaba gestionado por un grupo de trabajadores forestales con ideas científicas. Fue privado hasta el comienzo de la Segunda República en 1931. Durante la Guerra Civil, fue un importante frente de guerra y hoy hay remanentes de la guerra como los restos de trincheras. Es un parque cinco veces más grande que el Central Park de Nueva York y en él se pueden encontrar muchas especies de animales, plantas y hierbas que no se pueden encontrar en otras partes de Madrid. La Casa de Campo es un poco como una combinación de los parques del Retiro y del Pardo. Hay una administración del parque encargada de cuidar el bosque y la tierra, como en el Parque del Retiro, pero no tanto a fondo. Hay animales salvajes, pero no tantos como en el Monte de El Pardo. Entonces, la Casa de Campo es la mezcla perfecta entre el salvaje y un parque metropolitano.
Madrid tiene un clima seco — un campo semiárido casi semidesierto. La tierra es margosa (loamy) y está bien drenada, por lo que el suelo no retiene agua durante la mayor parte del año. El suelo tiene un color distinto, casi naranja, amarillo o marrón claro, con una textura mezclada de arena y barro. Sin embargo, España es muy montañosa y los ecosistemas pueden variar entre zonas montañosas y zonas llanas. En la Casa de Campo, la administración del parque intenta recrear tres ecosistemas diferentes: bosques de ribera, bosques de encinas y bosques de pinos. En la ribera hay mucha diversidad de vegetación. La administración del parque ha marcado árboles singulares, es decir, árboles de importancia histórica, para la biodiversidad o que resultan extraños. Muchos de estos árboles singulares se pueden encontrar en el bosque de ribera. Los bosques de encinas y pinos son más homogéneos. Los árboles más típicos de cada bosque son:
Bosque de ribera [clima más húmedo]: el plátano de sombra (London planetree), el sauce (willow), el fresno (ash), el olmo (elm), el álamo blanco y negro (poplar) y menos común es el aliso (alder)
Bosque de pino [clima más seco]: el pino piñonero (stone pine) y posiblemente el ciprés de Arizona (Arizona cypress) o el pino carrasco (Aleppo/White pine)
Bosque de encina [clima mucho más seco]: la encina (holm/ballota/evergreen oak), la retama amarilla (yellow broom bush), el espino blanco (hawthorn) y muchas más especies de retamas.
Platanus x hispanica: un árbol muy típico de la Casa de Campo es el plátano de sombra (London planetree) que, en realidad, no es un árbol de plátanos. El plátano de sombra se parece al sicomoro estadounidenses pero no lo es. Esos árboles son híbridos entre el sicomoro occidental y el plátano oriental de Grecia y Turquía. Se llama en inglés London planetree, pero algunos historiadores españoles cuestionan su origen, ya que creen que el árbol fue hibridado en España. El árbol caducifolio tiene corteza de color café, verde o casi amarillo durante su juventud y tronco blanco, marrón lavado o café claro. Tiene hojas similares a un acre, pero más espinosas, que son verdes en el verano y un amarillo distinto en el otoño. El plátano de sombra se parece mucho al sicomoro, pero sus inflorescencias (bulbos que contienen las semillas y las partes reproductivas) están generalmente en grupos de dos, a diferencia del sicomoro, que las tiene solitarias. Debido a su estatus de especie híbrida, el plátano de sombra no es nativo y tuvo que ser plantado a mano. Por eso, el árbol está colocado generalmente cerca de las calles, en una disposición específica. Necesita estar cerca del suelo húmedo de los bosques de ribera.
Izquierda a derecha: el tronco, las hojas y las inflorescencias, y una calle de Casa de Campo con plátanos de sombra.
Pinus pinea: la segunda es el pino piñonero (stone pine), que es mi favorito personalmente por su apariencia. En grupos, el pino piñonero es dominante y cubre totalmente una zona de un bosque con sus agujas (que están en grupos de dos), lo que impide que crezcan otros tipos de árboles. Sin embargo, debido a su característica fronda parecida a una sombrilla y a sus ramas frágiles, el pino piñonero siempre corre el riesgo de caer con la fuerza del viento o por la lluvia. Como árbol inestable, requiere mucha gestión y atención, y por eso no hay muchas zonas fuera de la Casa de Campo, o sitios con gestión forestal, donde se encuentra. Su sombrilla ancha puede alcanzar los ocho metros de ancho. El tronco es un color entre rojo, naranja y marrón. La madera es flexible y se solía usar para construir barcos. Cuando el árbol se da las semillas, están dentro de piñas grandes, que se pueden comer y que cultivamos desde la prehistoria. Puede crecer en lugares con poca agua y lluvia, por lo que estos árboles no están adaptados a los deslizamientos de tierra ni a las inundaciones. Mi madre dijo que estos árboles se parecen a los de Dr. Seuss.
De izquierda a derecha: las piñas y las agujas, las Siete Hermanas en la Casa de Campo y el árbol.
Quercus rotundifolia: finalmente, el árbol más importante de la Casa de Campo es la encina. En la Casa de Campo y en el campo de España, la encina es el árbol más abundante. La encina crece en zonas secas, sin gestión y sin ayuda de nadie. Por eso, casi el 20 % de los árboles de España son encinas. Al igual que otros robles, produce nueces que caen al suelo para reproducirse, las cuales hemos comido durante milenios. Las nueces son más largas que las de los robles estadounidenses y, a veces, presentan un color más verdoso. Las hojas nunca cambian de color en otoño, una característica muy importante y única de esta familia de robles, que se ganó el nombre en inglés «evergreen oak» (roble de hoja perenne). El tipo más común en España es el Quercus rotundifolia, con hojas verdes y ovaladas. También vive en el norte de África y hay robles similares en Italia, Francia e Inglaterra.
Izquierda a derecha: nueces de encina, hojas de encina y encina.
La fauna de la Casa de Campo es menos diversa que la del Monte Pardo. Los animales grandes (y más peligrosos), como los cerdos, los venados o los zorros, son menos comunes. Por eso, hay muchas más especies de aves y pájaros. Se han documentado 134 especies de vertebrados, 87 de las cuales son pájaros o aves. Hay animales más comunes que otros, como:
Pica pica: las urracas (Eurasian magpie) están por todo Madrid, como reemplazo de los cuervos en Estados Unidos, pero son más comunes y más pequeñas. Las urracas son muy inteligentes y, junto con los perros y los delfines, forman parte de un grupo de animales que pueden reconocer su imagen en un espejo. La cola de una urraca es azul (casi morado) y muy brillante. Se pueden encontrar en todas partes de Madrid. Les gusta buscar comida en el suelo.
Myiopsitta monachus: la cotorra argentina (monk parakeet) y la cotorra de Kramer (rose-ringed parakeet) no son nativas de Madrid, sino de Argentina, Asia y África, respectivamente. Sin embargo, son muy bonitas (y ruidosas). Hay muchas cotorras en el campus de la UC3M porque les gusta anidar en los pinos piñoneros y andar por el matorral cerca del suelo. La cotorra de Kramer es más común en los parques. Se la puede encontrar cerca de los pinos. Le gusta buscar comida en el suelo y pasar tiempo en el matorral con sus amigos. Bajo la cima del teleférico de Madrid, cerca del pinar de las Siete Hermanas, hay una zona con muchos nidos de cotorras.
Lepus granatensis y Oryctolagus cuniculus: hay menos liebres que conejos (hares and common European rabbits) en la Casa de Campo, pero muchas personas han confundido los dos animales. Las liebres son de mayor tamaño que los conejos, tienen las patas más largas y las orejas más flacas. Los conejos viven en todo el parque, especialmente en los bosques de ribera, pero para ver liebres es mejor ir al monte de El Pardo.
Dendrocopos major: pico picapinos (great spotted woodpecker) son los pájaros que nunca he visto en la Casa de Campo pero he oído. Les gustan los pinos y las coníferas, y los machos son muy territoriales entre ellos. Se les puede ver en los bosques de pinos piñoneros y, a veces, en los bosques de ribera.
Erinaceus europaeus: nunca he visto el erizo europeo (European hedgehog), sino que he visto sus madrigueras. En España hay dos tipos de erizos: el erizo europeo y el erizo moruno, que fueron introducidos desde el norte de África. Donde se encuentra: los bosques de ribera, pero he visto madrigueras (que podrían ser de comadrejas) en los bosques de encinas con suelo más arenoso.
Aves: el águila calzada (booted eagle) y el gavilán (Eurasian sparrowhawk) no son comunes, pero ambos se encuentran en el parque. La águila calzada (izquierda) es más grande que el gavilán común (derecha).
La fauna del lago consiste en ánades (mallards), gaviotas (seagulls), ranas comunes (common frogs), cercetas (Eurasian teal), a veces garcetas (egrets), en los arroyos también hay galápago leproso (Spanish pond turtle) y carpa (carp) y más.
Finalmente, aquí están mis recomendaciones personales de los lugares más bonitos de la Casa de Campo. El lago es el lugar más accesible de la Casa de Campo. Aquí hay restaurantes, barcos que puedes alquilar por ocho euros y una parada de la línea 10 del Metro. El Pinar de Las Siete Hermanas es un lugar un poco menos accesible, pero vale la pena. Debes ir por la vista de los pinos piñeros y un buen sitio para comer o ir de picnic con amigos. En otoño y fin de verano, parece como si todas las familias de Madrid fueran de picnic aquí, pero cuando hace un poco de frío, el Pinar de las Siete Hermanas sigue estando bonito. Se puede caminar hasta la cima del teleférico de Madrid, desde donde se ven buenas vistas. En el oeste del parque hay una mezcla de encinas y coníferas que crea una zona muy única y diferente a la de Estados Unidos. Además, hay arroyos que se secan en otoño y se activan con la lluvia. En el oeste (y en parte del norte) del parque se puede caminar por los cauces secos, ya que no hay retamas, palos ni maleza. Ten cuidado porque la gente no usa las correas para sus perros en la Casa de Campo. Además, Google Maps no distingue entre los arroyos secos y los que están llenos de agua, así que utiliza un mapa para orientarte. La Casa de Campo es maravillosa, ve si puedes. A mí me ha gustado la naturaleza de Madrid porque es otro aspecto de la cultura que no se explora mucho. La Casa de Campo es la más accesible y diversa de Madrid y está aquí, muy cerca del centro y del palacio. Cuando vas al Palacio Real, se ve toda La Casa de Campo, ¡pero ahora sabes más cosas sobre este parque!
¿La mejor razón para estudiar en Europa? No es comer comida excelente ni viajar por países hermosos; es la oportunidad de beber legalmente (algo que los estudiantes de universidad nunca han hecho). España es una nación famosa por sus bebidas alcohólicas, especialmente el vino. Desafortunadamente, como estudiante universitario de veinte años, el vino me intimidaba; no puedo identificar la diferencia entre un pinot noir y un cabernet ni describir el perfil de sabor de una copa de vino blanco. Sin embargo, después de vivir con mi madre anfitriona Valentina, quien recientemente acabó sus clases sobre cómo ser un sumiller y quería transmitirme sus conocimientos sobre el vino, he aprendido mucho. Entonces, de un estudiante a otro, aquí te dejo una historia breve y algunos consejos y trucos para navegar el maravilloso mundo del vino español.
España es uno de los países más vinícolas del mundo, y el vino ha sido muy importante dentro de la civilización española desde la conquista de Iberia por los romanos. La mayoría del vino se produce en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Sin embargo, hay muchas “regiones vinícolas” con tipos de vino famosos, como el vino tinto de Rioja o el vino blanco espumoso de Cataluña. Hay bodegas en toda España, una palabra similar a la palabra “winery” que se refiere a una ubicación en la que el vino se produce, almacena, y vende. El clima variado de España produce varios tipos de vino tinto y blanco, y los españoles los beben en restaurantes y en sus propios hogares.
Según Valentina, las tres características más importantes del vino son la apariencia, el olor, y el sabor. Típicamente, el vino más oscuro es más denso y tiene un sabor más dulce, mientras que el vino más ligero es más ácido. También el olor es importante para describir el vino; se puede decir que el aroma es picante, afrutado, terroso, o como el vinagre balsámico. El olor indica la edad y sabor del vino; los vinos viejos típicamente tienen un aroma más terroso. Con respecto al sabor, debería considerar si el vino tiene un sabor dulce, fuerte, o si se siente aceitoso; el vino con una sensación de ardor es más ácido, mientras que el vino más aceitoso tiene un contenido de alcohol más alto.
Cada vino se asocia con unas “reglas” distintas, pero Valentina piensa que no son exactas. Algunos vinos pueden combinar mejor con comida específica, como un vino blanco ligero con una paella de mariscos, pero las reglas no son importantes. Deberías beber lo que quieras.
Aunque el vino español es delicioso, puede ser muy caro y es importante que no gastes tu dinero del programa. Valentina recomienda que compres vino con la etiqueta “rioja joven”, un vino joven de la famosa región de La Rioja. En general, el vino más viejo es más caro.
España tiene una gran selección de vinos tintos y blancos, pero hay otros tipos de vino que deberías probar. El Vino de Jerez es un vino dulce de uvas de Andalucía, y se considera como un vino de postre para beber después de una comida muy grande. Valentina te recomienda el vino Pedro Ximénez, que debe su nombre a una variedad de uvas. Por último, tienes que probar los dos vinos más famosos de España, el Tinto de Verano y la Sangría. El Tinto de Verano es una bebida ligera hecha de vino tinto y una bebida carbonatada como soda o limonada. La Sangría es un poco más fuerte y tiene frutas troceadas; también puedes encontrar la Sangría hecha de vino blanco.
Con respecto a los mejores restaurantes para beber vino en Madrid, Valentina te recomienda La Caníbal en Lavapiés. Tiene una selección de vinos muy grande con precios accesibles; también puedes comprar vino de grifo. Para una sangría muy impresionante (y buena comida también), insisto que vayas a la Taberna el Sur de Huertas. El restaurante vende una jarra de sangría por €14, una bebida fabulosa para compartir con tus amigos.
La Caníbal: C. de Argumosa, 28, Centro, 28012 Madrid
Taberna el Sur de Huertas: C. de las Huertas, 24, Centro, 28014 Madrid