Un viaje a Arcos

Por Henry Houghton

Hace unos meses, mi madre anfitriona, Marta, realizó un sueño que mucha gente tiene y se compró una segunda casa en un pueblo que se llama Arcos de la Frontera. Ubicado en la provincia de Cádiz, posado encima de un cerro – con acantilados profundos en ambos lados – el pueblo ha existido desde antes de la llegada de los romanos. Sobrevivió invasiones de romanos, visigodos, árabes, griegos, españoles, guerras civiles, y hasta ahora, la erosión que eventualmente derrumbará la ciudad. La vida allí no parece que haya cambiado durante todo este tiempo. La gente sale por la mañana a comer molletes, por la tarde a tomar un café o quizás un jerez, luego por la noche a cenar y en noches especiales a escuchar guitarras flamencas en unas de las tabernas que existen en las calles estrechas y montañosas del pueblo. De las terrazas de sus casas blancas, se derraman flores y vides hasta el suelo. El ritmo de vida allí es diferente al de Madrid, sin siquiera un poco de estrés. Se hace todo para el placer de la vida.

Para llegar a Arcos, Marta también ha comprado un cochecín rojo que ya tenía más de 125,000 kilómetros en el odómetro. Hizo unos ruidos temerosos durante nuestro viaje, pero con un carácter de agallas, se comportó muy bien y nos llevó a nuestro destino y de vuelta a Madrid. La casita que Marta compró estaba ubicada en un edificio compartido por muchas familias, con un patio en el que había dos pozos y una palmera joven. En un cuadro detrás del patio, utilizado como un almacén, había una foto de una pareja vestida como la gente que vivió – si tuviera que adivinar – hace más de cien años. Sin embargo, sus rostros parecían iguales que los que todavía andan por la ciudad. Los arcenses se han quedado allí, en este clima ideal encima de un cerro con vistas hermosas del campo jerezano, desde tiempos inmemoriales. Durante nuestro tiempo allí, comimos pisto, tortillas de camarones, espárragos, y espinacas con garbanzos, como es tradicional. El aceite que acompañaba todo tenía un sabor maravilloso, ayudado por la hospitalidad de la gente que lo sirvió.

Durante nuestro tiempo allí, no hemos visto otros turistas estadounidenses ni hemos oído personas hablando inglés. Estábamos en pleno en una tierra rural, fuera del alcance de la industria turística, rodeados por gente a la que le encantaba su tierra, y nos enamoró de ella también. La gente era bastante diferente a la que hemos conocido en Madrid; sus acentos eran prácticamente ininteligibles, no tenían preocupaciones visibles, y nos dieron la bienvenida a todos con brazos abiertos. Pero para disfrutar del pueblo como deberíamos, tuvimos que encontrar una guía perfecta para el trabajo. Entonces tengo que agradecer a Marta por abrir la ciudad a todas las posibilidades que teníamos, porque sin ella, sin un local, sin una española, no hubiésemos podido ver todo lo que hemos visto. La ciudad da la bienvenida a turistas, pero no es posible conocer un lugar simplemente como turista. Tienes que vivir al mismo ritmo de los locales, vivir sin pensar en el siguiente día, solo pensando en el olor de los olivos y el sentido del aire fresco en su rostro.

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¡Entrenando para mi primera maratón!

Por Grace Huber

Antes de llegar a Madrid, me apunté a mi primera maratón en Lisboa, una decisión que definió mi experiencia en el extranjero. Cuando llegué, tenía miedo y me sentía fuera de lugar; el único método de consolidación que podía traer conmigo de casa era correr. El entrenamiento para la maratón me dio una rutina y un propósito, algo familiar en un mundo completamente nuevo. Fue crucial para acostumbrarme durante la orientación y especialmente en las primeras semanas en Madrid. Al principio, me sentía muy melancólica y no quería salir del apartamento, pero tenía que completar mi carrera del día, así que me fui animando y cada vez me sentía mejor. Sin embargo, el correr sola se volvió aburrido, lo que me empujó a ganar la seguridad para conectar con gente de mi programa y construir relaciones fuertes. Después de la orientación, era difícil ver a la gente del programa si no tenía clase con ellos; correr me daba una razón para contactarlos y mantenerme en contacto mientras seguíamos nuestros propios caminos.

Después de un mes de correr a través de cada esquina del Retiro con cada corredor que podía descubrir del programa, decidí probar a correr con un club de running. Había visto muchos grupos en el parque, riendo y bromeando, y quería disfrutar como ellos. Solo fui una vez, porque con clases y otras actividades mi horario de correr se volvió caótico; hacía muchas carreras muy tarde en la noche y otras antes del amanecer, pero lo disfruté inmensamente. Era muy tímida y al principio no hablé con nadie; me parecía que toda la gente del grupo tenía ya una amistad y no quería interrumpir. Sin embargo, después de una breve introducción, mencioné que iba a correr la Maratón de Lisboa y conocí a dos personas más que también iban a correr la misma carrera. El resto de la carrera charlaba con ellos sobre sus planes de entrenamiento, mejores rutas para largas carreras en Madrid, la maratón, y mucho más. La carrera no solo me ayudaba a conocer más corredores y a evitar otra carrera aburrida, sino que también me ofreció consejos muy útiles.

La maratón de Lisboa fue mi primera vez y estaba muy nerviosa; no tenía ni idea de lo que podía esperar y no me sentía preparada. Uno de los corredores que conocí, ya había corrido la maratón de Lisboa y me ayudó a superar muchos de mis miedos. Su conocimiento de la ruta, la experiencia, las multitudes, y la energía de la carrera en general era información que yo nunca podría encontrar en línea. Terminé esa carrera con el mejor humor y con una sensación de seguridad que mantuve durante el resto de mi entrenamiento. Definitivamente estaba nerviosa durante la carrera con el club; hubo muchas veces en las que no podía participar en conversaciones porque no entendía o tenía que decir algunas cosas en inglés porque me olvidaba. Sin embargo, estas dificultades no me impidieron disfrutar y aprender, y estoy muy contenta de haber ido, incluso si fui solo una vez.

Correr no solo te ayuda a conocer más gente, sino que también es una gran manera para aprender más sobre una ciudad. Correr más de 30 millas cada semana te dará una buena razón para ver toda Madrid, e incluso otras ciudades si viajas. Obviamente, correr es más rápido que caminar, y cuando estás entrenando para una carrera, necesitas correr mucho. Vi tanto del Retiro, de otros parques de Madrid (parque del Santander, Oeste, etc.), y de distintos barrios gracias a que corrí tanto.

Tres semanas antes de la maratón, me torcí el tobillo durante una carrera y necesité descansar durante el resto de las semanas previas a la maratón, así que mi primera carrera al volver de una lesión fue la maratón. Obviamente estaba muy nerviosa, pero me inspiró muchísimo la energía y la emoción de la gente que se había entrenado tan duro para esta carrera. Oí y vi pósteres en una multitud de idiomas, y era muy interesante ver gente de orígenes tan diferentes en el mismo lugar, luchando por lograr la misma meta. Cada vez que oía “vamos” o “corre,” corría un poco más rápido, y pienso que la sola razón que la terminé era debido a los corredores simpáticos que usaban un poco de su energía para motivarme a seguir corriendo.

La experiencia me enseñó mucho sobre mis propias capacidades, la nueva ciudad donde estaba viviendo, la cultura de correr en España y Europa en general, y me mantuvo cuerda en los momentos más difíciles. No todos quieren correr una maratón o una media maratón, pero si lo has considerado, ¿por qué no lo intentas mientras estudias en el extranjero?

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Dónde disfrutar de deportes con “espíritu de equipo” en Madrid

Por Emily Kallman

En Vassar, soy miembro del equipo de lacrosse. Por eso, cuando llegué a España tenía el estrés, pero también el deseo de seguir practicando con un equipo, ser competitiva y mantener mi nivel atlético. Para mi alegría, encontré muchas opciones para hacerlo, pero para algunas tuve que averiguarlo yo sola.

En las primeras semanas en Madrid, tuve la suerte de encontrar un programa que influyó mucho en mi experiencia en la ciudad. ¡Encontré la organización de Madrid Lacrosse muy fácilmente en Instagram! A través de Madrid Lacrosse no solo encontré una oportunidad de practicar mi deporte, sino también muchos amigas y amigos de España y otros países que me ayudaron a practicar el idioma. Además, me invitaron a actividades, restaurantes, discotecas, conciertos, viajes y, sobre todo, me dieron más información sobre los programas auxiliares que quiero hacer en el futuro como muchos de mis compañeros de mi equipo.

Madrid Lacrosse es un programa muy inclusivo y abierto para personas de todos los niveles del deporte. Hay personas en el equipo de mujeres de todo tipo: algunas empezaron este año y otras han jugado toda su vida. Incluso me he encontrado con algunas estudiantes en Erasmus que jugaron en la NCAA y miembros del equipo de España. La organización también es muy servicial a la hora de ofrecer material. No conocía esta oportunidad antes de llegar a España, así que solo empaqué una parte de mi palo de lacrosse. Pude pedir prestado el resto del palo, además de cualquier otra cosa que necesitara. Madrid Lacrosse es un ambiente que acepta todos los niveles y es muy motivador para todos, pero también ofrece un ambiente competitivo para jugadoras y jugadores más avanzados.

Hay entrenamiento dos veces por semana: cada domingo y martes en el barrio de San Blas-Canillejas (puedes encontrar la dirección exacta cuando busques “Madrid Lacrosse” en Google maps, pero te la dejo por aquí: Calle Euterpe 28022, Madrid). También hay muchas oportunidades de participar en competiciones o torneos los fines de semana en otras partes de España como Zaragoza, Valencia, Tarragona y Barcelona. Disfruté mucho esta experiencia, por lo que me llevo un montón de recuerdos mi equipo.

Siendo atleta universitaria en los Estados Unidos, poder practicar mi deporte en un equipo profesional alivió mucho el estrés de haberme perdido la “off-season” de otoño en Nueva York.

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¡Dónde ir a bailar! 

Por Francesca Edesess-Hardy 

La ciudad de Madrid ofrece muchas maneras de divertirse, entre pasar tiempo en vibrantes plazas, como la Plaza del 2 de Mayo; disfrutar de un tour de comida local por 4 euros la ración en Tapapiés; o pasear por el Parque del Oeste, que considero aún más bonito que el célebre Parque del Retiro. Sin embargo, para mí, la mejor manera de disfrutar es bailar al ritmo de buena música durante horas y horas. Al principio del semestre me costó encontrar sitios donde bailar sin tener que pagar entradas caras, o discotecas que no estuvieran llenas de estudiantes extranjeros y música mediocre. Pero, tuve la suerte de encontrar el bar El Internacional en la segunda semana de mi estancia en Madrid. 

Este bar organiza eventos de miércoles a domingo. Pero, mis días favoritos son los miércoles, porque es la noche de Cucaracha en vivo. Con sus paredes de terciopelo, El Internacional tiene el poder de transportarte a tiempos pasados. Aquí acuden bailarines con mucha experiencia en salsa, y a menudo me encuentro en pie bailando ligeramente al ritmo de la música mientras miro a la gente tratando de absorber cada uno de sus movimientos. Afortunadamente, la gente en El Internacional es muy amable y siempre se ofrecerá a enseñarte los pasos básicos de un tipo de baile complejo y muy importante para la cultura de Madrid. Sin duda, la salsa es un baile fascinante: lo veo como una comunicación secreta entre los dos bailarines, donde las señales sutiles de la mano incitan movimientos grandes y hermosos. 

El Internacional está muy lleno todo los días, por lo que si quieres más espacio en la pista de baile para mostrar tus movimientos, debes ir a El Sótano para disfrutar de conciertos de Latido Soul, Jazz, Funk-Latín de Madrid, y Afro Jams. Cuando mis amigos y yo queremos darlo todo en la pista de baile, El Sótano es nuestro lugar favorito. La gran mayoría de la gente es madrileña, lo que hace de este sitio un lugar muy bueno para practicar español mientras bailas hasta no sentir las piernas. 

Mi recomendación final sería seguir el grupo Pogo en Instagram. Hacen eventos gratis que siempre son muy chulos y divertidos. Fui a un concierto de los Fuckers -¡una banda que se suponía que iba a tocar en Wesleyan dos veces!- y bailé toda la noche. La gente que va a estos eventos es muy similar a la gente de Wesleyan y Vassar, y también es casi por completo de España, una combinación que me parece poco común en Madrid. 

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FiSahara: El Sáhara Occidental en la pantalla

Por Eli Liedtka

Aparte de la cultura histórica increíble de España, hay también muchas comunidades étnicas en Madrid con sus propias culturas, comidas, y costumbres. Las comunidades de América del Sur, del Medio Oeste, del Asia del Sur y del Norte de África son todas muy prevalentes en Madrid, con su cultura y comida muy presentes en varios barrios de la ciudad. Una de estas comunidades es la del Sáhara Occidental, una excolonia del imperio español. Aunque las saharauis no son la comunidad más grande de la ciudad, son importantes e interesantes por su historia con España.

Desde 1884 hasta 1976, el Sáhara Occidental estaba ocupado y gobernado por España. En 1976, España transfirió el territorio a Marruecos y Mauritania, resultando en una guerra entre Marruecos y las fuerzas del Frente Polisario, un grupo de saharauis que quieren liberación y el derecho de autodeterminación. Aunque la guerra terminó oficialmente en 1991, todavía no hay paz en la región ni liberación para el pueblo saharaui. Hoy en día, Marruecos controla más o menos el 60% de la tierra en la región, mientras la República Árabe Saharaui Democrática controla alrededor del 40%. También, el conflicto para la liberación ha causado que alrededor de 200,000 refugiados huyan del territorio. La mayoría ahora están en campos en Argelia, y surgió la idea de un festival celebrando los esfuerzos del movimiento de liberación y la herencia cultural del pueblo saharaui.

Usualmente, FiSahara, el festival del cine que celebra al pueblo saharaui, está en los campos de refugiados en Argelia, pero este año en Madrid tuvimos la oportunidad de asistir al festival. Fui con mi amiga Ceci, quien había oído hablar del festival, y me invitó a asistir con ella. Fuimos a la proyección de una película, nombrada Salam, sobre un grupo de cineastas en Sáhara Occidental. Antes de llegar a España, no sabía mucho sobre la historia del Sáhara Occidental o su lucha en curso por la autodeterminación, y que tuviéramos la oportunidad de aprender más sobre el tema de la gente que ha experimentado fue muy especial.

La naturaleza de España es que es un país interconectado con muchas partes diferentes del mundo y que tiene, al mismo tiempo, muchas historias que contar. En Madrid, hay la oportunidad de experimentar no solo la cultura clásica de España, sino también de experimentar todas las interacciones de culturas diferentes de todas las partes del mundo.

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Aprovechar al máximo a tu familia anfitriona

Por Cyris Laury-Schaefer

Mudarse al extranjero, en mi caso a Madrid, por cuatro meses es una decisión importante, pero vivir con una familia anfitriona todo el tiempo trae un cambio grande en el estilo de vida. Por esta razón, hay que aceptar la experiencia y es mejor entrar con la mente abierta. Cuando llegué por primera vez, estaba un poco nervioso por conocer a mi familia, pero decidí confiar en el proceso. Mi primera interacción con ellos fue memorable, porque me recibieron con los brazos abiertos y con presentaciones largas. Sin embargo, algo faltaba en esa introducción. Solo estaba hablando con los padres cuando yo sabía que también debía tener un hermano anfitrión de 16 años. Les pregunté a mis padres anfitriones, y me dijeron que él todavía estaba durmiendo después de una noche de fiesta. Eran las 5 de la tarde, y rápidamente aprendí que iba a vivir un estilo de vida muy diferente a cualquier cosa que yo había experimentado en los Estados.

Los primeros días fueron muy buenos, y me sentía muy seguro con mis habilidades de conversación simple en español. Podía decir casi todo lo que quería, y empecé a sentirme más cómodo con mi familia. Sin embargo, esto cambió después de un par de semanas, cuando ya habíamos usado todo el “small talk” y era momento de tener conversaciones más serias. Empecé a sentirme desesperado y a veces aislado porque no podía comunicar bien lo que quería decir. Perdí confianza y hablé menos con mi familia, lo cual también frenó mi progreso con el idioma. Estaba tan obsesionado con la gramática que no podía hablar. Era un proceso que iba hacia abajo, y algo tenía que cambiar. Un día, volviendo de clases, me convencí de que simplemente iba a hablar y buscar maneras alternativas de decir lo que quería. Usaría las habilidades que tenía para expresar mis ideas como fuera posible.

Para mi sorpresa, empecé a acercarme de nuevo a mi familia anfitriona. Hablaba más durante las comidas y tenía conversaciones más profundas a pesar de mi uso imperfecto del idioma. Ellos me entendían y me ayudaban. Mi apertura con ellos fue correspondida, y un fin de semana me invitaron generosamente a su casa en el campo, donde me llevaron a hacer wakeboard, a una barbacoa con sus amigos y familiares, y a una celebración en el centro del pueblo por la noche. Significó mucho para mí y me sentí parte de la familia. Después de eso, me llevaron a un par de comidas más fuera de la casa, lo cual fortaleció nuestra relación.

Todo esto es para decir que, a pesar de la barrera del idioma y las diferencias culturales, recomiendo mucho aprovechar al máximo la experiencia con la familia anfitriona. Puede requerir un poco de esfuerzo extra o cansancio mental, pero creo que si realmente inviertes tiempo en conocer a tu familia, valdrá mucho la pena. Espero continuar algún tipo de relación con mi familia de Madrid, ¡y espero que tú también puedas hacerlo!

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Los espacios verdes de Madrid

Por Brynn Heller

Como estudiante de Historia y Estudios Ambientales, me encanta la naturaleza y pasar tiempo en espacios verdes, tanto en Middletown como en Nueva York. Y, como no podía ser de otra forma, he disfrutado mucho las zonas verdes de Madrid durante mi estancia en España.

Los huertos urbanos:

El huerto es un símbolo de la comunidad: inspira a expertos y gente sin experiencia—de diferentes edades, perspectivas e intereses—a trabajar juntos con la meta de proveer más naturaleza para la ciudad. Asimismo, considero que tiene el poder de conectar a la gente con la tierra y de combatir problemas como la inseguridad alimentaria, el acceso desigual a los alimentos sostenibles, la escasa educación ambiental en ciudades y la falta de plantas para las polinizadoras.

Además, lo mejor de todo es que si deseas visitar un huerto, ¡es gratis! Visité el Huerto Urbano de Alameda de Osuna para hablar con sus miembros voluntarios, que me comentaron cómo generaban compost de verduras y vermicultura (compost con lombrices); y, muy amablemente, me regalaron este mapa. El grupo que lo lleva es pequeño, pero tiene un enorme interés en la agricultura urbana.

Mapa de los huertos:

Huerto Urbano de Alameda de Osuna

Los parques y jardines:

Visité los parques y jardines de Madrid en múltiples ocasiones. Algunas veces para disfrutar los días de buen clima, otras para pasar tiempo con mis amigos de teatro durante el anochecer en lugares como el Parque del Oeste. Me encantan los parques de Nueva York (Central Park, Morningside Park, etc.), pero no es común pasar el rato allí, por la noche, con amigos. Sin embargo, en España es totalmente diferente. Los parques son muy relevantes para los universitarios, ya que actúan como un punto de encuentro, como un “Usdan” [un lugar central en Wesleyan] en Madrid. Mis amigos de teatro no viven cerca, pero el parque era un lugar al que todos podían acceder y donde podían socializar.

Los parques son lugares públicos y seguros donde es común ver a muchos estudiantes, especialmente durante los fines de semana. Además, algunos parques también tienen patios de juegos y es habitual ver a familias disfrutando de ellos, incluso por la noche. En el Parque del Oeste hay sitios increíbles que visitar como el Templo de Debod. Asimismo, cuando mi familia me vino a ver a Madrid, visitamos el Parque del Retiro para reunirse con un amigo en Madrid y juntos caminamos por la Casa de Campo, ¡que es cinco veces más grande que Central Park en NYC! ¡Y lo disfrutamos muchísimo!

Recomendaciones para espacios verdes:

Para pasar tiempo con amigos: Parque del Oeste

Para correr (no corro mucho, pero mis amigos recomiendan este parque): Casa de Campo

Para tomar fotos: El Retiro

Para admirar las esculturas: Jardín del Capricho

Para descansar en un banco (no practico deportes frecuentemente): Centro de Ocio y Deporte Tercer Depósito Canal de Isabel II

Para tomar un viaje corto: Los jardines de Aranjuez. Hay muchos jardines famosos en Madrid, pero me encanta Aranjuez.

Centro de Ocio y Deporte Tercer Depósito Canal de Isabel II

Parque del Oeste

El Templo de Debod (en Parque del Oeste)

El Jardín del Capricho

El Retiro

Casa de Campo

Los Jardines de Aranjuez

El futuro:

Madrid tiene planes para crear más parques y espacios verdes (por ejemplo, el proyecto Arco Verde). Personalmente, es un proyecto que me hace mucha ilusión.

Arco Verde: https://www.comunidad.madrid/servicios/urbanismo-medio-ambiente/arco-verde

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Sputnik Climbing: Gimnasio, café, y espacio de trabajo

Por Anna Sewell

El lugar en el que he pasado más tiempo durante mi cuatrimestre ha sido, sin duda, Sputnik Climbing. Sputnik es un rocódromo que tiene varias ubicaciones. He ido a dos ubicaciones: Sputnik Legazpi y Sputnik Chamberí. Prefiero Sputnik Legazpi, pero Sputnik Chamberí también es una buena opción si estoy por la zona.

Los deportes forman una gran parte de mi vida en Wesleyan. Estoy en el equipo de remo, y practicamos 20 horas a la semana. Antes de venir a Madrid, tenía miedo de perder la fuerza mientras estuviera aquí. Un día en septiembre, cuando recién habíamos llegado a Madrid, una amiga mía que escala en Wesleyan me invitó a escalar con ella. Tenía miedo de ser mala y avergonzarme. Pero ese día descubrí el lugar que cambió mi experiencia en Madrid.

En Sputnik, hay muros de Boulder y otros tipos. También hay otros equipos de entrenamiento – tienen pesas, cintas de correr, bandas de resistencia, y una sala para estirarse. He pasado mucho tiempo en Sputnik este cuatri, y he visto que me he vuelto mucho más fuerte.

La gente que va regularmente a Sputnik es maja y agradable. Nunca me he sentido juzgada en el gimnasio, aunque no soy tan buena. Además, escalar en Sputnik y hablar con las personas allí es una buena manera de mejorar tu español.

Sputnik no es un rocódromo ordinario, ¡tiene una cafetería! La cafetería está abierta a todo el mundo y tiene comida muy rica, de hecho, tiene la mejor tarta de queso que he probado en España (y he probado muchas).

Mi amiga Maya y yo íbamos a Sputnik ​todos los martes y jueves. Siempre comíamos tarta de queso después de escalar. Pasamos mucho tiempo escalando y quedándonos en la cafetería. ¡Mejoramos mucho en la escalada durante el cuatri!

Puede ser difícil encontrar un sitio en el que se pueda trabajar con el ordenador en Madrid, especialmente durante el fin de semana y días festivos. Pero Sputnik siempre está abierto entre 7am-11pm, y 9am-10pm durante el fin de semana. Se puede utilizar el ordenador allí y pasar mucho tiempo trabajando con comida deliciosa.

He pasado mucho tiempo en Sputnik este semestre, y sé que estaré en buena forma cuando vuelva a remar. Si buscas una manera de ejercitarte en España, algo nuevo para hacer, o simplemente un lugar chulo en el que puedas quedar, Sputnik es el lugar para ti.

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La cultura de “tomar algo” en Madrid

Por Anna Hynes

Algo nuevo que me gusta mucho de la cultura española es la idea de “tomar algo” muchos días de la semana después del trabajo o de la escuela. En vez de terminar el día y regresar inmediatamente a casa, como es más normal en los Estados Unidos, la gente en España prefiere salir a un bar para comer y beber juntos antes de cenar. Para clarificar, esto no significa que beban mucho alcohol, sino que suelen tomar una bebida ligera algunas veces durante la semana. En general, la cultura española da más importancia a la vida social, y esto es un ejemplo perfecto.

Entonces, ¿cómo se puede practicar este hábito? ¿Cuál es la opción más típica para la gente española? Ir a un bar, pedir una cerveza y disfrutarla en una terraza con amigos. Normalmente, estas bebidas vienen con una pequeña “tapita”, como una porción de patatas fritas, aceitunas o frutos secos. También se puede pedir una o dos tapas como merienda antes de la cena. ¿Mi favorita? ¡Patatas bravas! Generalmente son baratas y muy ricas. También me gustan las croquetas o un pincho de tortilla como algo ligero antes de cenar.

Para una guía de bares, tengo muchas recomendaciones. Mi favorito personal es Cañas y Tapas, que es un lugar con muchas ubicaciones diferentes en Madrid. Me encantan las patatas bravas y el tinto de verano de Cañas y Tapas, y el local de la Plaza de Olavide es mi preferido por sus grandes oportunidades para observar a la gente y disfrutar de un ambiente muy vibrante y divertido.

Más cerca de la Universidad Carlos III (en Getafe) hay una cervecería que se llama El Eskinazo, donde se puede comprar una bebida que incluye tapas gratis. Por ejemplo, pedí una copa de vino blanco y croquetas, lo cual es una gran oferta. También recomiendo el bocadillito de pollo: ¡es muy rico y con mucha proteína! Este sitio es muy popular entre los estudiantes y es perfecto para disfrutar de una cerveza con amigos de clase. Eso también es algo muy común en España, y mi profesor incluso nos invitó a tomar algo en una sidrería después de clase algunas veces.

Si se quiere ahorrar un poco de dinero, siempre se puede ir al Parque del Retiro y hacer un picnic con bebidas y comida del supermercado. Con esta opción se mantienen los mismos sentimientos de comunidad y unión sin gastar tanto.

En general, esta práctica me ha hecho sentir más como una madrileña y más familiarizada con la ciudad. He probado muchas comidas y bebidas nuevas (como la sidra), y me gustaría llevar este hábito a los Estados Unidos. ¡Vengan a Mezzos antes de la cena en vez de solo por la noche!

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ClassPass y Madrid Móvil: Una guía deportiva para moverse por Madrid

Por Alexandra Burnett

Antes de llegar a Madrid, tenía muchísimas ganas de jugar al tenis porque España es prácticamente la capital mundial de este deporte. Estoy en el equipo de tenis de Wesleyan y he jugado toda mi vida, así que el tenis es una parte enorme de mi identidad. Además, soy instructora de yoga en Wesleyan y quería seguir practicándolo aquí. Naturalmente, como deportista, el movimiento y la actividad física estuvieron entre mis primeras prioridades al llegar a la ciudad. Sin embargo, los gimnasios que probé no fueron muy buenos. Algunos eran carísimos y otros eran muy pequeños y abarrotados. Decidí que no quería un plan de gimnasio típico, porque eso ya lo tengo en Estados Unidos, y busqué algo más único, divertido y culturalmente madrileño. Gracias a las aplicaciones de ClassPass y Madrid Móvil, pude conseguirlo.

Madrid Móvil es una aplicación municipal donde se pueden alquilar pistas de tenis y otros espacios deportivos en los polideportivos de la ciudad. En Estados Unidos, muchas pistas públicas son gratuitas, pero en Madrid se necesita reservar y pagar, aunque el precio es bajo y razonable. Para encontrar gente con quien jugar, durante mi primer mes fui al bar deportivo James Joyce Pub a ver la final del US Open entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Alcaraz ha traído atención internacional a España y se ha convertido en un símbolo de orgullo nacional, así que el ambiente era increíble. Allí conocí a un chico belga con muy buen nivel, y después jugamos en varios polideportivos y en la Ciudad de la Raqueta. También jugué con chicas de Amherst y Wellesley que estudian en la Carlos III conmigo. Estas conexiones fueron fundamentales para mi experiencia en Madrid, hasta el punto de que viajamos juntas por otras partes de España. Por eso, recomiendo de verdad hacer un esfuerzo por conocer a personas fuera del programa.

ClassPass, en cambio, me abrió la puerta para descubrir el yoga y otras formas de movimiento mientras conocía la ciudad al mismo tiempo. Era asequible y perfecto para estudiantes que viajan con frecuencia. El primer mes de ClassPass fue gratis, y, después, costó 55 euros por 35 créditos, pero el programa cubría 30, así que solo pagué 25. Las clases suelen costar entre 9 y 12 créditos. Me permitió probar clases en distintos barrios como Malasaña, Salamanca, Chamberí, Chamartín y el Centro. Malasaña se convirtió en mi favorito por su ambiente ¨súper chulo¨, tiendas vintage y cafés para estudiar. Así, ClassPass no solo me movió físicamente sino también geográficamente y culturalmente por toda la ciudad, a la vez que me ayudó a practicar español en situaciones reales, no solo académicas.

Mis estudios favoritos fueron Asana Groove y Solid Studio. Asana Groove está en un apartamento reconvertido en estudio, muy estético y acogedor. Allí tomé mi primera clase de Jivamukti, un estilo dinámico que combina posturas vigorosas, cantos en sánscrito, meditación y filosofía espiritual. La instructora nos dio un libro de cantos, tocó el harmonium mientras recitábamos mantras y terminamos la clase bailando con los ojos cerrados. Fue incómodo al principio, pero finalmente liberador. También observé la diferencia cultural en que los instructores españoles usan más contacto físico y aplican eucalipto, aceites y cremas durante la clase, algo mucho menos común en Estados Unidos. El estudio al que más he ido es Solid Studio, un centro de pilates con máquinas de reformer, una mezcla perfecta de resistencia y cardio.

Tuve experiencias formativas en otros estudios también. En Barquillo Yoga, su clase de vinyasa fue excelente, pero la de Bikram me sorprendió por su estilo casi “sargento” con mucha intensidad verbal y nada de música, lo cual me chocó culturalmente. Aun así, me pareció valioso probar Bikram por primera vez, ya que es un estilo muy caliente con una secuencia fija de posturas que se repite en cada clase. La instrucción era muy directa, algo que noté con frecuencia en los profesores españoles. En Yoga Home madrugué para una clase, pero nadie más se presentó. Entonces, terminé con una sesión privada, lo que mostró otro contraste cultural: que los españoles empiezan el día más tarde que los estadounidenses.

A través de las aplicaciones de ClassPass y Madrid Móvil, he podido aprender y practicar mi español. Enriquecí mi aprendizaje de la cultura española al dejarme llevar por nuevos barrios y empujarme a usar el idioma en contextos diferentes. Me introduje en la vida cotidiana madrileña y tuve acceso a comunidades locales fuera de los espacios turísticos.

Imagen arriba: Asana Grove, C. de Serrano, 40, 1D, Salamanca

Imagen abajo: Solid Studio, C. de Barceló, 15, Centro

Enlace de invitación a ClassPass para recibir 20 créditos extra en el primer mes: https://classpass.com/refer/9LNIKM5D22

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