Dar sorbos por la ciudad: los cafés de Madrid

Por Catherine Auerbach 

Antes de llegar a Madrid, no había pensado que lo que más disfrutaría de esta ciudad serían los cafés. Claro que me interesan los sitios grandes y fabulosos, como el Museo del Prado o el Parque del Retiro; pero me he dado cuenta de que a menudo, lo que hacemos con nuestros ratitos, los momentos pequeños y libres que llenan cada día, son lo que definen nuestra experiencia. Hay una cita de Annie Dillard, en la que dice, “Cómo pasamos nuestros días es, por supuesto, cómo pasamos nuestras vidas”. Yo he pasado muchos de mis días en las cafeterías, no solamente por los cafés solos y napolitanas de chocolate que me encantan, sino porque son entradas a diferentes barrios, a nuevos munditos dispersos por esta gran ciudad. 

Al principio, encontrar lugares para tomar un café o comer un bollo fue un desafío que me di a mí misma para salir de mi zona de confort, física y mental. Físicamente, mis primeras visitas a cafés por la ciudad me retaron a navegar por el sistema desconocido del Metro y aprender cómo ser un buen peatón de la ciudad. Después de unos meses, debido a mis esfuerzos, me siento cómoda explorando la ciudad a menudo sin Google Maps; tengo un mapa espacial casi grabado en mi cerebro, mis destinos favoritos teñidos con los colores de las líneas del tren que necesito tomar para llegar allí. En cuanto al desafío mental, sentarme en un café me ha acostumbrado a hablar con extraños, a sentirme despreocupada pidiendo un vaso extra de hielo al lado, que me cobren por mi comida, y preguntando «¿Cuál es la contraseña para el WiFi?» Mis interacciones con camareras, baristas y otros clientes me han ayudado con el tipo de conversación casual que acompaña la vida diaria en Madrid. 

Por mi gran investigación de los cafés de Madrid, un favorito ha emergido: Mansilla Libros y Café, ubicado entre Barrio de La Latina y Lavapiés. El interior es maravilloso: muros rosas, tazas de porcelana, y estantes llenos de libros de muchos idiomas. Los cafés e infusiones son riquísimas y a buen precio, los ordenadores están permitidos entre semana, y los empleados siempre son amables y están contentos de responder preguntas. He pasado muchas horas en Mansilla, haciendo mi tarea o hablando con mis amigas. Además, por ir a Mansilla, descubrí mi barrio favorito. Esta zona de Madrid está llena de tiendas de libros tanto nuevos como usados, restaurantes de tapas, y tiendas preciosas de arte, joyería y ropa exquisita de segunda mano. Me he enamorado de las calles angostas pero nunca demasiado abarrotadas, los edificios pintados con colores brillantes, y el espíritu general de esta zona. Vale la pena explorarla después de tu tiempo en Mansilla.

Arriba: una foto del interior de Mansilla Libros y Café. 

Otro café que me ha encantado es Ciento Treinta Grados, una pastelería en Chamberí.  Este establecimiento es un poco más lujoso y no hay espacio adentro para sentarse y hacer tarea, pero sus pasteles justifican una visita. Tienen una selección amplia de productos horneados, incluso la tarta de higos y crema que se ve abajo, “monkey bread” (un bollo dulce de canela) y todo tipo de cruasanes. Su café es intenso y tostado a la perfección. Cuando fui con unos amigos, no podíamos decidir qué pedir, y un empleado nos explicó casi cada opción en detalle y dio sus recomendaciones personales. Hacen que, durante tu breve visita a la pastelería, te sientas bienvenido. Además, su barrio, Chamberí, me recuerda mucho a mi barrio en los Estados Unidos, el Upper West Side de Manhattan, Nueva York. Sus edificios residenciales y librerías antiguas crean un ambiente perfecto para dar un paseo. Yo recomendaría ir a Ciento Treinta Grados antes de ir al Museo Sorolla, pues están muy cerca, y definitivamente endulzará tu visita a Chamberí.  

La tarta de higos y crema de Ciento Treinta Grados. 

Una última recomendación sería Rut Café, un café pequeño ubicado en el extremo sur de Malasaña. Rut Café se encuentra entre dos mundos diferentes: el mundo de la calle Gran Vía, lleno de tiendas gigantes como Zara y Primark, y el de Malasaña, un barrio joven, amigable para los estudiantes, y con más tiendas de ropa vintage de las que podrías imaginar. La cafetería, con sus lattes con hielo suaves y tostadas sabrosas, te preparará para una tarde de explorar. Esta zona tiene algo para todos, y durante este semestre, he pasado mucho tiempo andando por estas calles a las que Rut Café me introdujo. Yo recomendaría ir al café con algún amigo para hacer un poco de tarea antes de recorrer esta área y ver qué nuevos tesoros podéis encontrar. 

Estar en Madrid por un periodo limitado de tiempo me incentivaba a explorar la ciudad y su espresso lo máximo posible. Sin embargo, también me ha hecho reflexionar sobre todo lo que todavía no he explorado en Middletown, Connecticut y Manhattan. Me ha dado una nueva perspectiva sobre mi uso del tiempo y que, incluso durante semanas muy frenéticas, vale la pena probar algo nuevo: una bebida, un nuevo lugar para estudiar o una visita a un área diferente. Siempre hay algo divertido listo para ser descubierto, incluso en tu propio vecindario.

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Recomendaciones para Restaurantes en Getafe

Por Karina Gyllenhaal

Durante mi semestre en Madrid, mis compañeros de Wassar y yo hemos explorado los restaurantes cerca del campus en Getafe. Cada lunes, martes, y miércoles, almorzábamos juntos mientras esperábamos para nuestra próxima clase. Cada lugar tiene un ambiente y comida diferente, pero todos son baratos y rápidos.

El Rincón de Juan

Este sitio es probablemente al que más fuimos. Lo conocí gracias a mis amigos de Wesleyan y siempre estaré agradecida por ello. Se sirve comida china y tienen muchas opciones. Os recomiendo que probéis el plato 11 o el 28. El 11 es un plato con arroz y trozos de cerdo con verduras, cubierto en una salsa teriyaki. Este es mi favorito. Pero, si llovía o hacía frío, o estaba teniendo un mal día, pedía el plato 28, que es una sopa con pasta, verduras y carne. Es muy abundante y reconfortante en un día malo. Además, pediría una Coca Cola 0 o una botella de té china (me gusta el té verde). La comida siempre viene muy rápido. Pero, lo mejor de este restaurante son los precios. ¡Puedes comer mucha comida buena por 5-7 euros! Es más o menos el mismo precio que el comedor del campus y está a tan solo 5 minutos caminando de la universidad.

C. Violeta, 2, 28903 Getafe, Madrid

Shifu Ramen

Este fue el primer sitio que probé en Getafe. Después de dos semanas comiendo en el campus, mis amigos y yo queríamos comer fuera. Alguien escuchó un rumor de que había un restaurante de ramen, y sabíamos que necesitábamos probarlo. En este sitio, hay un “menú del día” que te permite pedir un entrante, plato principal y bebida por 12 euros. De entrante, hay como opciones ensalada o gyoza. Yo siempre elegí gyoza porque están muy ricas. Para plato principal, hay opciones de ramen o en katsudon. Me gustan ambas opciones, pero creo que pedí más veces ramen. Mi ramen favorito de Shifu es el Tan Tan ramen. Puedes elegir un nivel de picante, pero os aviso, no escojáis el nivel cinco. Yo sé que la comida en España no es muy picante, pero esto si lo es. Recomiendo elegir el 3 o el 4 si os gusta la comida picante. La única cosa que no es tan buena sobre este restaurante es que abre a las 12:30, y tal vez tengas que esperar a que se abra. También, el chef puede llegar tarde a veces, por lo que la comida tarda más en llegar. A pesar de todo, Shifu Ramen siempre tiene comida rica.

Calle de Madrid 122, 28903, Getafe

El Comedor del Campus (el que está más cerca de la estación de tren)

El comedor puede ser aburrido y repetitivo a veces, pero aun así hay algunas buenas opciones si no tienes mucho tiempo para comer. Me gusta el bocadillo chulito, que tiene pollo, lechuga, mayonesa, ajo, y, si tienes suerte, tomate. Cada vez que pido este bocadillo, la longitud crece. Literalmente, lo hacen en baguettes cada vez más grandes. Por eso, es perfecto para compartir con un amigo, o guardar el resto para más tarde. Si necesitas una merienda dulce antes de clase y ya son después de las 4 pm, os recomiendo que pidáis una napolitana de chocolate y café. Es perfecto si necesitas más energía para tu próxima clase. Sin embargo, quiero decirte que prefiero el café de la estación de tren Las Margaritas. Es más barato (¡1 euro!) y tiene mejor calidad.

En pocas palabras, los restaurantes de Getafe más que sitios para comer, son sitios que me han permitido conocer amigos nuevos, y descubrir Getafe y la UC3M. Estos almuerzos en Getafe han sido mis recuerdos favoritos de la Universidad, y creo que explorar Getafe a través de los restaurantes es una buena manera de sumergirse aún más en la cultura española ¡Os recomiendo que visitéis estos restaurantes cuando lleguéis a Madrid y os animo a descubrir más!

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Charla y comunidad en los mercados de arte

Por Julia Gardner

Mi primer encuentro con el Mercado de las Ranas fue un accidente; estaba caminando hacia el museo Thyssen con una amiga uno de nuestros primeros fines de semana en Madrid cuando de repente la calle de las Huertas se había convertido en un mercado de arte. Fue un momento un poco confuso pero muy feliz, una sorpresa que ahora sé es característica de Madrid, pues en esta ciudad se encuentran cosas inesperadas y emocionantes en toda parte.

Ubicado en el Barrio de las Letras, en calles peatonales, tiene un ambiente mucho más tranquilo que el del Rastro. Tiene una variedad de productos muy bonitos de diseño original y algunos hechos a mano: ropa de crochet, joyería, velas, bolsas, y más. ¡Incluso vi una persona vendiendo queso artesanal! (Sin embargo, fue el único puesto de comida que vi en el mercado esta vez, así que, si tienes hambre, es mejor contar con comer antes o después en uno de los preciosos sitios en el barrio). 

Normalmente, compro ilustraciones y postales originales para enviar por correo a mi familia y mis amigos que están en los Estados Unidos; es una manera de mantener contacto con mis seres queridos al otro lado del mundo y a la misma vez interactuar con la comunidad de aquí. Estas postales pueden también servir como un recuerdo de Madrid, uno más único que los de las tiendas de souvenirs, pues logras tener una conexión verdadera con el creador y apoyas a artistas locales. 

Una mesa en el Mercado de las Ranas

Se puede tener una experiencia similar, con la oportunidad adicional de conocer a otras estudiantes, en el mercadillo Vaya Pintas que organizan algunos estudiantes en la Universidad Carlos III. Los estudiantes han empezado este mercadillo recientemente, así que no es seguro que vayan a tenerlo cada semestre. He encontrado información sobre este mercadillo en su Instagram, así que si te interesa, puedes mirar en su Instagram y ver si va a haber el mercado otra vez. 

En el semestre que estuve aquí, Vaya Pintas se celebró dos veces. El primero era mi segundo jueves en la Carlos III y estaba muy nerviosa por interactuar con estudiantes españoles. Tenía ganas de conocer a gente nueva, pero dudaba de mis habilidades en español después de haber pasado tan poco tiempo en España. Sin embargo, era una oportunidad fantástica para practicar mi español y conocer a otros estudiantes sin tener que encontrar una oportunidad (y el coraje) de empezar una conversación en una otra situación. 

Vaya Pintas tenía menos puestos que el Mercado de las Ranas, pero desde mi punto de vista, había una variedad de estéticas muy grande y más experimental. Los productos más populares eran ilustraciones, pegatinas, pines pequeños, y joyería, en particular, aretes. Cuando fui, vi muchos productos que hacían referencia a la cultura popular, como pegatinas de series o libros. Esta situación presentaba una manera perfecta para empezar una conversación con una nueva persona– si ves que a un artista le encanta tu serie favorita, ¿por qué no decirlo? 

Pegatinas y más en Vaya Pintas

En mis visitas a los dos mercados, he aprendido que la mayoría de las veces, los vendedores son muy simpáticos y les gusta charlar si se intenta empezar una conversación. Siempre se puede empezar una conversación con un cumplido o comentario sobre su arte; otra estrategia que he utilizado para charlar es seguir el cumplido con una pregunta, por ejemplo, sobre cuáles son sus inspiraciones. Los dos mercados presentan oportunidades diferentes, pero igualmente valiosas. Como sois estudiantes de la misma universidad, charlar con los artistas de Vaya Pintas puede ser una buena oportunidad para hacer nuevos amigos y conocer mejor a la comunidad universitaria. En el Mercado de las Ranas, por otro lado, los artistas son de todo tipo, con diferentes edades y experiencias – lo que te da la oportunidad de conocer a gente con quienes no necesariamente vas a tener la oportunidad de hablar en otras situaciones. De estas conversaciones, se puede aprender mucho sobre sus vidas, sus experiencias como artistas y sus experiencias en la ciudad de Madrid. 

Si tienes la oportunidad, recomiendo no solo ir a estos mercados para descubrir el arte, sino también charlar con los artistas. ¡Nunca sabes a quién vas a conocer y que vas a aprender! 

Horarios y dirección:

El Mercado de las Ranas está ubicado en Calle de las Huertas y normalmente tiene lugar el primer y tercer sábado de cada mes, de 12:00 hasta las 20:00. Se puede encontrar más información aquí

Se puede encontrar información sobre Vaya Pintas en su Instagram.

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Explorar Madrid a través de la fotografía

Por Jasper Fletcher

Durante mi tiempo en Madrid, la fotografía se ha convertido en mi actividad favorita para hacer solo. Soy una persona generalmente sociable y al principio de mi tiempo en Madrid no podía encontrar muchas cosas para hacer solo que me llenaran. La fotografía ha sido mucho más que solo una forma de preservar recuerdos de mi experiencia de estudio en el extranjero, y en realidad ha servido como una manera de explorar y aprender sobre la ciudad y la cultura de Madrid. 

Después de conocer a mi familia anfitriona por primera vez, recuerdo que estaba sentado en mi nueva habitación sintiéndome increíblemente perdido y nervioso. Me sentía agobiado por la transición y muy incómodo, así que decidí coger mi cámara y salir a caminar para tomar un poco de aire fresco. Al final, caminé por mi nuevo barrio durante varias horas, tomando fotos de todo lo que llamaba mi atención. Observé la luz y las sombras mudando a través de las fachadas de los edificios hasta que el sol finalmente desapareció. Me sentía tan cómodo al explorar la ciudad con mi cámara en las manos, que rápidamente se convirtió en una de mis cosas favoritas para hacer.

Un mes después de llegar a Madrid, estaba caminando por la calle y encontré una pequeña tienda de fotografía analógica que vendía cámaras usadas. La familia que dirigía la tienda era muy amable y servicial y me dieron una muy buena oferta para una cámara. Comencé a tomar fotografías, tanto digitales como analógicas, de manera regular y empecé a llevar en mi mochila la cámara siempre conmigo. Me encantaba cómo la acción de traer mi cámara cambiaba la forma en que observaba las cosas, así como las cosas a las que prestaba atención. 

Me obsesioné con las terrazas y las cuerdas de ropa ondeando cinematográficamente en el viento, y tomé cientos de fotos de pájaros. Noté patrones en los edificios y la naturaleza, y observé a personas fascinantes viviendo sus vidas. Aunque a veces me sentía un poco extraño e invasivo observando a la gente desde lejos y tratando de tomarles una foto sin que se dieran cuenta, la mayoría de las veces me sentía como un pájaro sobrevolando la ciudad.

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Encontrar inspiración en el barrio La Guindalera

Por Mia Foster

Llegué a Madrid con muchas ganas de hacer algo interesante en mi tiempo libre. Así que tuve mucha suerte de que mi madre anfitriona es artista y tenía recomendaciones para hacer cualquier cosa que quisiera. Ella estudió Bellas Artes en la universidad en Madrid, y por eso conocía a una comunidad de artistas que tienen un taller y una galería de arte en el barrio de La Guindalera. Por lo tanto, ella me recomendó que explorara el barrio. 

La Guindalera es un barrio al noreste del Retiro. Hay muchas familias que viven allí, es muy residencial, por eso es un lugar perfecto para relajarse fuera del centro. Para mí, este barrio se volvió un lugar no solo para relajarme, sino que también para encontrar inspiración. Muchas veces iba a Espacio 75, una galería, y al Taller de Arte Matiz, un taller para dibujar y pintar, para explorar el arte en y de Madrid. 

Para mí, fue muy emocionante tener tiempo libre para dibujar y pintar de nuevo. En comparación con la carga de tarea en Wesleyan, en la UC3M hay menos deberes y proyectos, ya que la mayoría de la nota en las asignaturas son los exámenes finales. Por eso, tendrás con más tiempo para hacer cosas fuera del aula. Gracias a esto y por primera vez en muchos años, tuve el tiempo para retomar esta afición. 

El Taller de Arte Matiz  tiene clases para personas de todos niveles. Dibujaba mucho cuando era niña, pero no lo había hecho desde hace unos años y por eso, estaba un poco nerviosa por mi primera clase. Pero el taller fue creado para apoyar a los artistas, y por lo tanto es mucho más que un espacio para crear, es también para aprender. Así pues, hay mucha libertad para crear lo que cada persona quiera. Pero, si prefieres más estructura en el proceso creativo y de elaboración, puedes asistir a la clase de “modelo natural” donde dibujarás modelos desnudos durante dos horas. Es una clase muy guay en que el modelo posa en posiciones diferentes y solo tienes unos minutos para dibujar cada una. Por lo tanto, es una buena manera de dibujar sin pensar mucho en la calidad de tus dibujos y donde puedes perderte dibujando. Fue una de mis actividades favoritas durante mi tiempo en Madrid. Es una práctica bonita el sentirse cómodo con el sentimiento de no hacer algo perfectamente. Algo que aprendí durante mi tiempo en Madrid, es exactamente eso, una familiaridad y comodidad de hablar con errores y aprender sin vergüenza. De esa manera, creo que empezar otra afición durante tu estancia de estudios internacional es una manera perfecta de continuar tu proceso de ser un estudiante de todo, también de la vida, siempre aprendiendo algo nuevo. Además, mi tiempo en el taller me dejó con unos recuerdos en forma de arte que puedo llevar conmigo cuando me vaya de Madrid. 

Aparte de aprender habilidades artísticas, el taller es un sitio perfecto para conocer a gente artista y artística. Las dueñas de Taller de Arte Matiz son las mujeres más majas del mundo. En las clases regulares de dibujo y pintura, hay personas de todas las edades, desde chicas de siete años pintando sus plantas favoritas hasta personas jubiladas con habilidades artísticas que no podía creer. Me inspiraba mucho para ver a todos los alumnos y sus estilos tan distintos. Esto, me mostró como no hay una manera “correcta” de hacer arte.  

También, debes explorar Espacio 75, una galería de arte que presenta a artistas emergentes de España. Se puede hablar con Diego, uno de los dueños de esta galería, sobre las artistas que está presentando durante tu tiempo allí. Él y su esposa Gema han creado y colaborado en diferentes redes para la difusión del arte y la cultura. Su objetivo principal es acercar el arte y los artistas al público en general de una forma sencilla y crear la oportunidad de vivir de manera cercana al arte.             

Este semestre, tuve el placer de ver la exhibición de mi madre anfitriona en la galería, titulada “me quiero”. Aunque mis amigas y yo no pudimos asistir a la inauguración, fuimos a la galería otro día y gozamos la exhibición mientras la artista nos guiaba por su obra. ¡Fue una de mis actividades favoritas de mi tiempo en Madrid, recomiendo mucho chequear las exhibiciones en la galería y mirar cuándo será la próxima inauguración, porque cualquier persona puede asistir y es mejor (como siempre) con amigos! Antes de su exhibición vi a muchas otras artistas en la galería que también me encantaron. La galería tiene un grupo de artistas muy chulo y sobre todo muy interesante de ver. Es una manera perfecta de aprender más sobre el mundo del arte contemporáneo en Madrid aparte de los museos en el Triángulo del Arte. 

Mis amigas, mi madre anfitriona y yo en su exposición de arte

Finalmente, para terminar tu día en La Guindalera, necesitas probar Panadarío. Tendrás mucha hambre después de un día lleno de creatividad y por eso, necesitarás algo dulce. No puedes equivocarte con tu pedido. Todas las masas son de una alta calidad y artesanales. Aunque no son postres tradicionales españoles, igualmente es el final perfecto para tu día. Recomiendo la galleta de doble chocolate o el croissant de almendras. Un dulce final para su día. 

 En resumidas cuentas, La Guindalera es un barrio perfecto no solo para explorar otro sitio, sino también para explorar el mundo del arte. El tiempo en el extranjero está lleno de retos y desafíos y creo que crear un espacio en el que puedes no ser perfecto es muy importante. Encontré este espacio en el arte y creo que se extiende a mi vida, en mis habilidades de lenguaje, y demás. Además, lugares como Espacio 75 siempre me inspiraba y mantenía la chispa de novedad durante mi tiempo en Madrid. Creo que en general algo que considero muy importante es encontrar una rutina de vida en un país nuevo y de esa manera, recomiendo mucho explorar, creando, y encontrando inspiración. Y, obviamente, comiendo postres increíbles. 

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Tus intereses en comunidades locales

Por Kenzie Kelly

Vivir en otra ciudad es más que conocer los restaurantes o el transporte público. La belleza de Madrid está en la gente de allí. La manera más bonita para explorar un lugar nuevo es ponerte tú mismo en el centro de la vida. En comunidades o grupos locales. Si tienes interés en leer libros, senderismo, arte, yoga, vino o arquitectura, puedes encontrar cualquier grupo para continuar con tus intereses. Para mí, lo más destacado era un equipo local de hockey de hierba (field hockey); pero, hay miles de opciones. Tengo amigos que han participado en torneos de fútbol, clases de escultura y eventos de teatro o baile. Con una ciudad tan ocupada y grande, tienes que aprovechar la riqueza y gran variedad de las comunidades locales. 

Como he dicho anteriormente, me apunté en un grupo de hockey de hierba al comienzo de este semestre en Madrid. Al final, estaba jugando dos veces por semana con amigas de todos las edades y países. La mayoría de mis compañeras de equipo son de Argentina. Para ellas, este equipo sirve como un refugio para jugar con amigas de un origen similar o para invitar gente que vive allí a disfrutar. Después de cada entrenamiento los jueves y de cada partido del fin de semana, íbamos a un bar. Me invitaron cada semana y ya entramos en el bar como locales. Mis amigas me dieron la bienvenida y me presentaron al dueño del bar. Cada vez que entramos, el dueño nos ponía las bebidas y tapas. Tenía la oportunidad de practicar mi español y entender más de la vida y de la gente; las rutinas más íntimas y la gran cultura de socializar, que muchas veces podemos olvidar en el caos de clases y trabajo. Gracias a la paciencia y amabilidad de mis amigas, para mí es un regalo que ahora tengo amistades fuertes con mi equipo. Si estaba ocupada con exámenes o viajes, me encantó tener una estabilidad y rutina con esta nuevo grupo. Fuera de mi familia anfitriona en Madrid, formé mis mejores amistades allí. Además, cuando mis padres me visitaron de los Estados Unidos, llevé a mi madre a conocer a mi equipo y jugar con nosotras. La importancia de tener una rutina que te emociona, relaja o hace feliz es fundamental para aprovechar la experiencia en un nuevo lugar. 

Durante el tiempo estudiando en otro país, no necesitas cambiar todo de tus intereses y hábitos. Clararamente, es esencial intentar acostumbrarse a la cultura, comida y ritmo de vida allí pero no debes olvidar que ya tienes habilidades e intereses para expandir durante este tiempo. En realidad, esos intereses forman una base gracias a la cual puedes hacer nuevas amistades. Percibí que la gente de Madrid en general, y los amigos en el programa de Vassar-Wesleyan son súper amables y con ganas de conocer gente de fuera; gente que tiene un interés auténtico y genuino en entender y ser una parte de la cultura local.  

En fin, es importantísimo encontrar maneras de cuidarte a ti mismo durante una experiencia tan nueva. Seguir con algunos intereses o hábitos que te ponen feliz y te hacen sentir cómodo es una necesidad. Me parece que una de las mejores oportunidades viviendo en otro país es incluir estos hobbies en la rutina de tu vida allí. Si te gusta leer, apúntate en un club de libros. Si te gusta el senderismo, encuentra amigos para salir de ruta. Si te interesa el teatro, aprovecha la riqueza de los espectáculos españoles. En cualquier actividad que quieras hacer, lo más importante es disfrutar en la compañía de nuevos amigos. 

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Clases de costura en Madrid

Por Kimberly Sanchez 

¡Si eres persona creativa, te gusta la moda, las actividades manuales, o alguna vez haz querido aprender a coser, o hacer algo con ganchillo, entonces, te recomiendo ir a La Laborteca de Julia! Es una pequeña empresa que ha sobrevivido a los tiempos del COVID. Conocerás a la dueña, Julia, que es simpática, es todo un personaje, y todos la adoran. La Laborteca de Julia queda a unos minutos de la estación de Sol o también justo por la estación de Opera. Se reservan las clases a través de su web. Dependiendo de lo que quieras hacer, hay diferentes instructores, días, y horas, y se paga en persona con en efectivo. Yo tomé clases de costura los martes de 5-7 pm. Pagaba un mes de clases (4) que duraban 2 horas y si necesitaba reponer una entonces me quedaba más tiempo en una de esas clases.

Las clases son pequeñas y personalizadas a tu nivel de inicio. Puedes encontrarte con personas de todas las edades, el ambiente es muy social, todos de la clase se llevan muy bien y son parte de las vidas de cada una fuera de las clases. Aprendí mucho sobre el arte de costura y de cómo se crean las prendas de ropa. ¡Recomendaría echarle un vistazo a la página web para decidir entre las varias opciones que tienen aparte de costura!

Este fue el vestido que cosí durante las clases de costura

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Vivir con una joven hermana anfitriona

Por Caroline Asnes

¿Caroline, qué has comido hoy?

Esta era la pregunta que siempre recibía cuando me sentaba a cenar en una mesa puesta para tres. Frente a mí, mi madre anfitriona, una mujer tan ocupada como cariñosa, que siempre me preguntaba por mis acontecimientos del día; a mi lado, una niña de cinco años, que solo tenía una cosa que preguntar: ¿Caroline, qué has comido hoy? Aunque muchas veces mi respuesta era la misma (pan con tomate en el desayuno y un bocadillo de tortilla de la cafetería de nuestra universidad para comer), mi hermana anfitriona siempre me preguntó, con ojos muy abiertos de interés. Durante los cinco meses que viví con ellas, mis respuestas empezaron a ser cada vez más rápidas, con menos “ums,” pausas y errores.

Al comienzo del programa desconfiaba de vivir con una niña pequeña. Nunca fui hermana mayor, ni niñera, por lo tanto temía las rabietas, los líos y otras complicaciones que pudieran ocurrir en la convivencia. Pero, después de vivir con mi hermana anfitriona durante tantos meses, puedo decir con certeza que no cambiaría mi experiencia por nada. Por supuesto hubo rabietas y líos, y mentiría si dijera que no me cansé de oír las mismas películas de Disney dobladas y las mismas canciones de Furby que emanaban de la sala de estar. Sin embargo, la experiencia de vivir y hablar con una niña tan joven me hizo hablar y entender mejor el español, me enseñó a tener paciencia y me dio una relación que seguiré apreciando más allá de mi estancia en España.

Mi vida en casa estaba llena de preguntas sencillas (ej. ¿cuál princesa es tu favorita?), películas dobladas (Monster High era una de las películas favoritas), libros infantiles (tanto en español como en inglés) y sesiones de dibujo (en las cuales solo hablamos de los colores que usamos y las cosas que dibujamos). Todo esto me ayudó a aprender nuevas palabras como arcoíris  (rainbow) y también los nombres de sus compañeros de clase. Esperé en momentos de intensidad emocional y entablé conversaciones animadas cuando ella estaba dispuesta a hablar. Era evidente que, a medida que yo me adaptaba a ella y a mi nuevo entorno, ella también se adaptaba a mí.

Vivir con una madre y una hija también me ha enseñado lo que significa ser y pertenecer a una familia en la cultura española. Asistíamos a las celebraciones de Carnaval en la escuela primaria, comíamos churros del carrito que había cerca de casa los fines de semana, y discutíamos las complicaciones de llevar un equilibrio entre el trabajo, la escuela y la vida. Al permitirme aceptar la incomodidad de mi nueva situación vital, me sumergí de lleno en una cultura que nunca habría visto de otro modo.

Si estás rellenando el formulario de vivienda y debatiendo si optar por niños en el hogar, te sugiero que te arriesgues y lo hagas. Puede que a veces pases algunos momentos incómodos, y que, en ocasiones, te agote en los días más difíciles, pero te proporcionará una experiencia valiosa que nunca olvidarás. Aunque entré en España nerviosa ante la perspectiva de vivir con extraños (y una pequeña extraña), gracias a eso me voy del país con un vocabulario más sólido (aunque a veces infantil), una mejor comprensión de los niños, varios dibujos preciosos hechos para mí por mi hermana anfitriona y dos relaciones profundas y significativas que llevaré conmigo el resto de mi vida.

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¡Cinéfilos en Madrid!

Por Marshall Schulman

Esta recomendación es para los amantes del cine o para los que quieran conocer la cultura cinematográfica española. Madrid es una gran ciudad y encontrar buenas actividades a veces puede ser abrumador. Me considero una persona a la que le encanta el cine, así que una de las primeras cosas que hice fue intentar sumergirme en el mundo del cine español. Tuve la suerte de que a mi padre anfitrión, Pepe, también le encantaban las películas, así que me hizo algunas sugerencias estupendas. En este post, compartiré algunas de sus recomendaciones, así como algunos lugares que yo mismo descubrí.

Mi primera recomendación es la Sala Equis en La Latina. Es una sala de cine y también un bar. Está en un teatro histórico que en su día fue un cine porno en Madrid (por suerte lo han reformado). Sin embargo, han mantenido la estética del antiguo Teatro Alba con toques modernos. Me encanta este cine porque en la sala principal puedes pedir una cerveza, charlar con tus amigos y ver viejas películas mudas. Esta sala principal no requiere la compra de entradas, ya que es un gran espacio de bar con proyecciones de cine mudo.

Lo mejor de este cine es que también tienen ciclos de cine comisariados que ofrecen una mezcla de películas modernas, así como películas de encargo de sus archivos o copias digitales donadas/compradas. Estas películas se proyectan en una sala separada y requieren la compra de entradas. Otra gran cosa de este cine es que todas las películas se proyectan en su idioma original con subtítulos. Aunque sugiero ver películas españolas en España, si echas de menos tu país o necesitas ver un nuevo estreno, ¡este es un lugar estupendo! Además, el cine es muy íntimo y tiene sofás agradables en lugar de sillas incómodas. Por suerte, han tirado las sillas de la época del cine porno. Otra buena cualidad de este teatro es que tienen música en vivo de vez en cuando durante el día. 

Puedes encontrar su programación aquí: https://salaequis.es/ . También te dirá cuándo tienen música en directo. Sin embargo, ¡una advertencia! No compres comida, es muy cara y no muy buena. Las bebidas tienen precios razonables y el ambiente es muy divertido. ¡Espero que visites la Sala Equis!

Mi segunda recomendación es el Cine Doré. Aquí se proyectan las películas de la Filmoteca Nacional de España. Esto significa que aquí se proyectan todas las copias cinematográficas y digitales que posee el gobierno español. Este cine está en pleno centro de la ciudad, cerca de la estación de metro Antón Martín. Es un edificio histórico, construido originalmente en los años veinte y rehabilitado en los ochenta. Este teatro es definitivamente una visita obligatoria. También, ¡es muy accesible porque las entradas cuestan sólo 2 euros para los estudiantes!

Aunque Sala Equis proyecta películas que están fuera de los estrenos recientes normales, este cine va más allá. He descubierto muchos directores interesantes, tanto españoles como americanos, asistiendo a proyecciones al azar en este cine.

Puedes consultar su programación aquí https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/cine/mc/fe/cine-dore/programacion.html.

Sin embargo, un consejo. ¡No vayas tarde al teatro! Como es el proyector de los archivos nacionales, se toman la proyección más en serio que en la mayoría de los sitios. Una vez llegué 5 minutos tarde esperando que hubiera preestrenos y me dijeron que normalmente no me dejarían entrar (por suerte fui educado e hicieron una excepción). 

Hay un bar y un restaurante arriba, pero nunca he comido allí (he oído que es bueno). Si tienes hambre, puedes hacer un plan en el que vas al Mercado Antón Martín (patio de comidas artesanal) que está al lado y luego ir al teatro después.

Espero que disfrutes de Cine Doré y Sala Equis. Hay muchos otros lugares para ver películas en Madrid, sin embargo, estos son mis dos favoritos porque tienen una sensación única y un ambiente que añade profundidad a la experiencia de visualización. Un último consejo: ¡muchas de las cadenas de cines tienen días en los que las entradas están a mitad de precio los miércoles (día del espectador) o martes para los jóvenes!

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Ser Asidu@

Por Adam Pepper

Usa las dietas del programa y ve a hacer amigos; yo te aconsejo: ¡sé Asidu@!

Ser un/a asidu@ quiere decir volver a un sitio regularmente y conocer la gente que trabaja allá. Puede ser una gran fuente de satisfacción tener interacciones frecuentes con el personal de sus sitios habituales. En mi blog describiré los tipos de relaciones que he hecho en algunos de mis sitios favoritos y que han contribuido en gran parte a mi disfrute de Madrid. Estos sitios, donde puedes comer algo o tomar una copa barata, seguramente no sean los lugares que más extrañarás de Madrid, pero las amistades con el personal seguro que sí. Mis lugares no deberían ser los tuyos, pero el tipo de interacción que he tenido será útil para imaginarte viviendo aquí en Madrid. ¡Lea hasta el final para obtener las mejores sugerencias!

Como regla general, cuanto mayor sea la capacidad de un restaurante y la cantidad de personal, más difícil será hacerse notar y empezar a ser tratado como un asidu@. Aunque no es imposible. Incluso en un restaurante de gran volumen como En el 100 Montaditos en La Latina, si eres frecuente y lo suficientemente raro, se acordarán de ti. Cada vez que iba allí pedía una jarra de cerveza “sin lavarlo”. Lo hago porque uno de nuestros monitores nos dijo que guardan las jarras en un congelador para que el vaso mantenga frío, pero si les dices que no lo laven deja unos cristales de hielo maravillosos que mantienen la cerveza aún más fría. Como siempre hacía esta petición tan específica, el camarero de detrás de la barra empezó a reconocerme; y ahora siempre que voy me señala y dice “¡ayyy! Sin lavarlo… ¿Cuantas jarras?“. No es mucho, pero me hace feliz y Dios sabe que voy a extrañar esas jarras heladas.

Kiri en 100 Montaditos

Otro sitio en donde puedes sentirte como asidu@ es la tienda de Alimentación cerca a tu casa. Les presento al absoluto G.O.A.T. Abul, que trabaja en la Alimentación de C. De La Puebla y C. Del Barco. Este tío anuncia “California” cada vez que entro en su tienda porque le dije una vez que es de donde soy. Aunque hay otras alimentaciones cerca de la de Él, siempre elijo apoyar a Abul porque siempre me pregunta cómo me ha ido la noche, y de vez en cuando me regala chicles. 

Pero lo mejor de Abul es que es muy abierto sobre cómo es ser inmigrante en España. A veces voy por un Aquarius rapidito y me quedo escuchándole mientras me lo bebo, y me cuenta sobre algo específico, pero que a la vez se relaciona con el mundo globalizado. Una vez me contó la historia de su edificio, en donde vive mayormente gente de Bangladesh, y dijo algo así como: “es fácil ver lo dura que puede ser la vida para inmigrantes cuando estamos separados, pero la comunidad que tenemos hace que valga la pena”. Básicamente, cuando se mudó, él conocía a muy poca gente, pero gracias a la comunidad de vecinos no sólo pudo hacer amigos, sino que esto también ayudó a que su familia y amigos de Bangladesh vinieran a juntarse con él en España. Ahora que sé tanto de Abul, y él de mí, ha dejado de llamarme California y ahora sólo me llama Adam.

Otro amigo mío es Sujel, que trabaja en el Doner Kebab y Pollo Asado, en la Calle St. Isabel, junto al metro de Antón Martín. Sujel hace la salsa más picante de todo Madrid, lo juro. Si le pides SUPERPICANTE te lo dará. Por lo picante que es esta salsa, si parece que te gusta de manera masoquista, inevitablemente tendrás que explicarle tus gustos a Sujel. Es un tío bastante divertido y peculiar, pero de lo más tranquilito. Y le gusta una buena charla, por eso siempre cuando estoy por la zona de Antón Martín paso a saludar a Sujel.

Las dos últimas entradas de esta lista son los lugares que hicieron que mi tiempo en Madrid fuera como fue.

Primero, La Esperanza, en Antón Martin; donde la camarera siempre encuentra mesa a los asiduos y a veces rechaza a los turistas. El truco de este lugar es presentarse al personal desde el principio, porque el nivel de amabilidad que nos mostraron a mí y a mis amig@s cuando nos interesamos por la vida del personal fue realmente fuera de este mundo. Este fue en realidad el bar que me inspiró a hablar de esto en mi entrada del blog. Pero no creo que fuera algo específico de este bar, sino que este sitio era conveniente para mí y mis amigos. Si vas a un sitio todas las semanas para “Wine Wednesday” y no hablas demasiado alto, el personal al final llegará a amarte. Creo que el elemento de una reunión semanal fue realmente muy importante para hacer que este lugar se sintiera realmente como un hogar fuera de casa.

Y por favor, por el amor de Dios, ve a El Rincón de Juan. Está sólo 5 minutos del campus de Getafe, y la comida es fantástica. Prueba todos los Kafans que puedas, prueba el aceite de chile, el huevo con tomate… todo es lo más. Y al final, cuando vayas todos los días de la semana, como hice yo, te harás amig@ de las camareras. No seas tímid@, aunque pueden ser un poco intensas, les gusta que te tomes libertades: que te levantes y tomes los cubiertos, que vayas a por la salsa picante, que tomes los palillos chinos, que abras el refri y tomes algo para beber… Cuando entres, prepárate para conocer al señor, él te indicará que vayas arriba (sin palabras, solo gruñidos) donde están las camareras y las mesas; otra opción es sentarte fuera en su patio cubierto. No te olvides de preguntar cuál es el especial del día, y si no es para ti, elige un Kafan y tendrás listo el almuerzo más maravilloso de Getafe. Aparte de la calidad de la comida, lo mejor de este lugar es el ambiente relajado que da el personal. Es como ir a casa de tu tía a comer comida casera.

A mí me encanta ir a probar sitios nuevos y ver partes nuevas de la ciudad, esa es la idea de estar viviendo y estudiando aquí en Madrid; pero las caras y charlas que recordaré de mi tiempo estudiando en el extranjero son las que conocí siendo asiduo. 

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