Cread vuestra propia experiencia en Madrid con una clase de pintura

Por Lisa Iwagami

Como pronto seréis estudiantes en un nuevo país, lo importante es que no olvidéis dedicar el tiempo suficiente para disfrutar de aquellas cosas que os hagan felices. Mientras os adaptáis a la gente de vuestro nuevo entorno, así como a la cultura española, os resultará muy fácil abstraeros de aquello que os apasiona. Por esa razón, os recomiendo encarecidamente que toméis un tiempo para valorar las diferentes opciones que os ofrece Madrid y, de algún modo, tengáis la suerte de encontrar aquello que os realice como personas. En mi caso, como puede llegar a serlo en el de alguno de vosotros, mi pasión es el arte.

Desafortunadamente, como soy una persona que a menudo necesita un empujón para hacer aquello que necesita hacerse, no fue hasta la primera semana de octubre que me uní a una clase de pintura. Y eso no fue hasta que una amiga me comentó sobre una clase de pintura que había encontrado, y me animó a que participara con ella. Por este motivo, os recomiendo que busquéis lo más pronto posible y si puede ser, por vosotros mismos, aquella actividad que os permita aprovechar vuestro tiempo fuera del país.

Afortunadamente, Madrid, siendo una de las ciudades europeas más hermosas, reconocida internacionalmente tanto por su riqueza artística como por ser el lugar de nacimiento de algunos de los artistas más grandes del mundo, tiene un montón de posibilidades que ofrecer para todos aquellos amantes del arte, entre los cuales me incluyo.

Además de las recomendaciones turísticas más estandarizadas que os vais a encontrar, entre las que destacan los museos del Prado, el Reina Sofía y el de Sorolla, también existe una gran gama de disponibilidad de clases y talleres, siendo algunos más discretos que otros. Hay varias academias profesionales donde podréis desarrollar vuestro talento, y de la misma manera, también hay muchos estudios privados de artistas menos reconocidos, como el estudio al que yo acudo para disfrutar de mi pasión: la pintura.

Si lo que estáis buscando es un marco más pequeño e íntimo, os encantará este sitio. La gran mayoría de los días únicamente estamos la artista, mi amiga y yo, pero no permitáis que eso os intimide. De hecho, de este modo la experiencia se aprovecha mucho más. Además de mejorar mi destreza artística, las conversaciones que mantenemos durante la clase son geniales. Honestamente, algunos días hablo más que pinto.

La artista, María Jesús Hernández, es maravillosa—una mujer divertida, agradable, y sociable. Tiene un estudio pequeño, llamado Artesonado, que, en realidad, es la entrada de su piso en Malasaña (mi barrio: probablemente el mejor). Recuerdo el primero día que visité el estudio, yo estaba tan emocionada, completamente rodeada de piezas artísticas, que María Jesús me dejó a empezar el mismo día. Al no tener materiales propios, ella me permitió usar los suyos. De hecho, por la cantidad de sesenta euros mensuales (la mitad, es decir, treinta euros, pueden ser reembolsados por el programa al tratarse de una actividad cultural), podíamos asistir al estudio dos horas por semana, incluyendo los materiales, los cuáles nos eran proporcionados (un regalo muy generoso por parte de María Jesús).

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            La artista, María Jesús Hernández, en el centro, hablando con otro artista en su estudio. Foto: Somos Malasaña

Al ser un estudio pequeño al que acuden solamente unos pocos estudiantes cada día, en unos horarios muy flexibles, el taller respira un ambiente informal. En primer lugar, si tenéis experiencia previa en el ámbito de la pintura, querrán observar algunas de vuestras obras. Luego, os pedirán que copiéis alguna de las obras de un artista cuyo estilo sea similar al vuestro. Para mí, ese artista era Edward Hopper, famoso por sus pinturas realistas. Con su aprobación, elegí una pintura suya, Morning in a City, en la cual he estado trabajando durante las últimas ocho semanas.

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En una atmósfera relajante, sin fecha para las entregas ni estrés de por medio, tal y como suele ser habitual en la mayoría de clases de arte que he tomado en escuela, aquí estaréis libres para trabajar a vuestro ritmo, haciendo de ésta una experiencia única de cara a vuestro crecimiento y desarrollo personal. De hecho, aunque no te interese mejorar tus habilidades artísticas, las meras conversaciones con una artista profesional merecen la pena. Pese a haber estado durante ocho semanas, he vislumbrado un crecimiento tremendo en mis habilidades de conversación en español. Con ella, que es muy paciente y está dispuesta a corregirnos cuando nos expresamos mal, hablar en español ya no es algo que de miedo. Al menos para mí, esta clase de pintura ha sido una de mis experiencias preferidas aquí en Madrid. No solo ha sido una experiencia personal, sino que también ha sido una experiencia cultural.

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