El Gaudí de Madrid: La Catedral de Justo Gallego

Por Lily Gould

Ya sé lo que estás pensando, que ya has visto demasiadas catedrales, que nunca más quieres volver a poner el pie en otra. Pero ruego que seas indulgente, porque esta es diferente—lo prometo. Debo ser la primera en admitir que disfruto de visitar catedrales—que soy la más friki de la historia—pero esta catedral es algo más que una mera lección de la historia o de la historia del arte. Esta catedral es una experiencia descomercializada, desinstitucionalizada y es de primera mano un icono de la cultura y la devoción religiosa española.

Me enteré por primera vez de la Catedral de Justo Gallego (o la Catedral de Fe), por una compañera del programa, la cual se enteró de la catedral nada más ni nada menos que por un video de Facebook. Bueno, no recomiendo que confíes en todo que veas en Facebook, pero después de investigar el sitio un poco, decidimos que era, en primer lugar, real y, además, que era un lugar cuya visita es imprescindible.

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La Catedral de Justo Gallego es una iglesia en las afueras de Madrid que se ha construido completamente por un hombre, Justo Gallego, de su propia mano. La historia de Justo en sí misma es una historia interesantísima, y puedes descubrir más de su vida en este video. Para ser breve, cuando era joven Justo ingresó en un monasterio trapense. Tuvo que salir del monasterio pocos años después a causa de tuberculosis. Posteriormente, sobrevivió la enfermedad, y empezó a construir esta catedral en su ciudad natal para darle gracias a Dios por su salvación. Desde entonces ha estado construyendo el edificio casi completamente por su cuenta, financiando su obra por la venta y el alquiler de su campo hereditario y también por algunas donaciones privadas. Su apoyo principal es Ángel López Sánchez, un hombre local que pasó por la catedral hace veinte años y decidió quedarse. Justo espera que Ángel se encargue del proyecto después de que él muera, pues ya tiene 90 años, y aunque lleva 50 años trabajando en la catedral, está seguro de que no va a terminarla antes de su muerte.

El gran proyecto de Justo se encuentra en Mejorada de Campo, un pueblo que está a unos treinta minutos en autobús desde el centro de la ciudad. Puedes ir todos los días, la catedral está abierta para visitas de 9 a 18.30 y la entrada es gratis. Antes de ir, asegúrate de que vas vestido con algo que cubra los hombros y que tu ropa, en general, sea bastante recatada. Es una catedral después de todo. Para llegar, recomiendo que cojas el autobús desde Avenida de América. Puedes coger cualquier autobús de la línea 282 de Avanza, y se puede usar la tarjeta de metro para entrar. El viaje tarda unos treinta minutos y viajas por algunas calles serpenteantes—así que intenta no comer mucho antes de subirte. Puedes bajarte del autobús en prácticamente cualquier parada en Mejorada, y de allí es un paseo de diez minutos como máximo para llegar a la gran catedral de Justo.

La catedral es impresionante. Por delante de la catedral, se ve enorme, majestuosa, y si te acercas a examinarla en mayor detalle, se comienza a ver claramente que este edificio está de verdad construido por un sólo hombre. No parece una catedral corriente; sin duda no es la Catedral de Santiago de Compostela o de Toledo. En un cartel escrito a mano en la puerta principal de la catedral hay las horas en letra apresurada, y se puede ver la lechada chapucera entre los ladrillos y los clavos recientemente clavados. image

En una pequeña torre, yacen cientos de pedazos de enlucido sin usar, y dentro de la nave andas sobre suelos inacabados y entre sofás deterioradas. Hay herramientas eléctricas y retazos de materiales de la construcción amontonados descuidadamente en los rincones y en cada rincón se revela otra escalera semipintada u otra pared inacabada. De hecho, el edificio entero se construye con materiales reciclados—y así lo parece.

Sin embargo, la catedral también es un santuario vivo y respirante—quizás uno de los más impactantes que he visto nunca. Hay vidrieras con imágenes de Cristo y ovejas pintadas a mano que crean bloques de color vibrantes en el piso de baldosas. Hay una cúpula gigante de vidrio, una cripta y un aula donde Justo da clases de la escuela dominical todos los domingos. Hay pequeñas y grandes estatuas y retratos de Cristo en casi cada sala e inmensos murales bíblicos en el balcón de la nave. Cada elemento de la catedral claramente se diseña intencionalmente y se realiza cuidadosamente, y el fervor religioso de Justo y su misión se expresan en cada ventana, en cada escalera y en cada pasamanos. Si tienes suerte, podrías incluso ver al propio Justo. Hay señales que te piden que no hables a él o que no saques fotos de él, pero si te topas con Ángel, como nosotros, puede ser que él te deje hablar—aunque sea brevemente—al propio Justo, el frágil viejo siervo de Dios.

Te recomiendo esta curiosidad no sólo por su singularidad. Es, al fin y al cabo, una hazaña bastante increíble e inusual de la arquitectura. Sino también sugiero que visites esta catedral porque muchas de nuestras visitas, aunque sean tan interesantes e informativas, pueden parecer un poco impersonalizadas; parecen que están a gran distancia de nuestras vidas actuales. Justo y su misión, sin embargo, nos involucran directamente en el proceso, en la construcción viva de la cultura española. La catedral permite que experimentemos a Gaudí mientras que el maestro hace un bosquejo furiosamente de unas ideas para el Parque Güell o mientras que cientos de albañiles colocan piedra tras piedra encima de la una a la otra con meticulosidad para construir el acueducto de Segovia. Además, la catedral evoca una especie de intimidad cultural y religiosa; no hay que ser religioso para ser capaz de sentir la “fe” en esta catedral. Es un sitio completamente transparente, es decir, no pide nada—ni la bendición de la Iglesia Católica ni dinero de alguien. Ni siquiera tiene permiso de obra. Es un proyecto exclusivamente personal, y ofrece, en mi opinión, un recuerdo valioso de las vidas y las creencias específicas que sustentan los parques, las iglesias y las estatuas por las que pasamos cada día.

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