Dar el salto

Por Brynne Barnard-Bahn

Una noche, sentadas en el apartamento de mi amiga austriaca con un tinto de verano en la mano, decidimos no salir. Estábamos mi amiga mexicana, mi amiga griega, otra amiga austriaca, y su compañera de piso italiana; el chico suizo ya se había ido a dormir. Gente de todos lados, una noche sin planes, y una conversación que no tenía prisa. En algún momento miré alrededor de la mesa y pensé en lo cerca que estuve de no venir.

Al principio del semestre, durante una de las charlas de orientación del programa, un representante de Citylife Madrid nos habló sobre sus actividades y viajes, y nos dio una tarjeta de descuentos. Pensé en el viaje a Marruecos y tomé nota mental. Quería viajar, especialmente al desierto del Sáhara, pero casi todas las personas que conocía ya tenían planes o no querían ir. La idea de organizar y hacer un viaje sola a otro continente me daba un poco de miedo y por eso un viaje de Citylife me pareció la solución: era relativamente barato, organizado con comida, transporte y casi todo incluido y con un descuento de unos veinte euros gracias a aquella tarjeta que nos dieron al principio del semestre. Para alguien a quien le cuesta trabajo introducirse a otras personas, apuntarse sola a un viaje en grupo era precisamente el tipo de cosa que normalmente evitaría.

Durante el viaje, una chica griega me invitó a unirme a su grupo de amigos para desayunar: una chica austríaca, otra mexicana y ella. Los grupos para dormir estaban asignados de antemano, lo cual me había preocupado, pero para entonces ya las tenía a ellas durante los días. Compartimos el frío de la noche en el desierto, y al día siguiente la chica mexicana y yo recorrimos las dunas juntas en un ATV, riendo como si nos conociéramos más de un día. Fueron al mercado de Marrakesh después de mi vuelo y me trajeron cosas de vuelta.

Desde entonces hemos viajado juntas, salido por Madrid y pasado horas hablando sobre nuestras culturas, idiomas y formas de ver el mundo. Mi amiga mexicana ya me ha invitado a ir a México a celebrar el Mundial con ella. Aunque vine a España para mejorar mi español y experimentar estudiar y vivir en otro país, terminé aprendiendo también muchísimo sobre otros países y sobre mí misma.

Mi recomendación para futuros estudiantes es que no tengan miedo de apuntarse solos a actividades organizadas, especialmente al principio del semestre. A veces los mejores amigos y las experiencias más importantes aparecen precisamente cuando uno sale de su zona de confort. Al principio me intimidó ver la cantidad de grupos grandes y establecidos que había en el viaje, pero encontré personas en mi misma situación, y personas con quienes simplemente conecté. Solo había que buscarlas. Madrid está llena de oportunidades para conocer gente, pero muchas veces hay que dar el primer paso sin saber exactamente qué va a pasar.

Y bueno, el Sáhara fue increíble. Pero lo que más me llevo son unas amistades que no hubiera encontrado si no hubiera dado el salto, y que van a durar mucho más que un semestre.

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