Una cita semanal en Madrid contigo misma

Por Katie DiSavino

Cuando llegué a Madrid, quería decir que sí a todo. Quería ir a museos, caminar por barrios nuevos, ver películas, tomar café, ir a eventos y conocer a muchas personas. Además, al principio, casi todo lo hacía con otros estudiantes del programa. Eso era divertido y también me ayudaba a sentirme más cómoda en una ciudad nueva.

Pero, después de unas semanas, empecé a notar algo. A veces sentía que estaba explorando Madrid como parte de un grupo de turistas, no como una persona que vivía allí. Cuando iba con otros estudiantes, era fácil depender de ellos. Si alguien habla mejor español que yo, esa persona podía pedir, preguntar o resolver la situación. También era fácil hablar solo con mis amigos y prestar menos atención a la ciudad alrededor de mí. Con mi familia anfitriona pasaba algo diferente. Vivir con una familia española fue una parte muy importante de mi experiencia, ya que muchas conversaciones ocurrían dentro de la casa. Eso era muy valioso, pero no siempre me ayudaba a sentir que conocía Madrid fuera de ese ámbito.

En la universidad en Estados Unidos, yo estaba acostumbrada a hacer casi todo con otras personas: ir a la biblioteca, comer, caminar, estudiar o hacer recados. Para muchos estudiantes, la vida universitaria gira mucho alrededor de los amigos. Eso no es malo. De hecho, es una parte muy bonita de la vida en la universidad y también del programa en Madrid. Pero, me di cuenta de que no quería que toda mi experiencia en España se basara solo en lo social.

Por eso empecé una pequeña costumbre: una vez a la semana, intentaba hacer una actividad sola en Madrid. No me refiero únicamente a estudiar sola, porque eso ya lo hacía. Me refiero a hacer algo intencionalmente sola: dar un paseo largo, visitar un museo, ir al cine, comprar un libro, sentarme en una plaza, entrar en una exposición o simplemente caminar por un barrio sin un plan muy claro.

Al principio, hacer planes sola podía sentirse un poco extraño. Pero, poco a poco, empezó a gustarme. Cuando estás solo, no hay un “filtro” entre tú y la ciudad. No puedes esconderte detrás del grupo. Tienes que mirar más, escuchar más y decidir por ti mismo. Si necesitas algo, tienes que preguntar. Si no entiendes algo, tienes que intentar comprenderlo. Si te pierdes, tienes que encontrar el camino. Eso puede dar miedo, pero también da mucha confianza.

Estás experiencias también me ayudaron a sentirme más independiente. Cuando haces cosas solo en una ciudad extranjera, la ciudad empieza a sentirse menos como un lugar que estás visitando y más como un lugar donde estás construyendo una vida. Ir sola a un museo no era solo “hacer turismo”, era decidir cómo quería pasar mi tarde. Caminar sola por Madrid no era solo “explorar”, era aprender a moverme por mi propia ciudad, a mi propio ritmo.

Creo que esto también me dio un sentido más fuerte de pertenencia. A veces, para sentirse en casa en un lugar ajeno a ti, no es suficiente estar siempre acompañado. También necesitas momentos en los que tú y la ciudad estén solos. Sin amigos, sin programa, sin familia anfitriona, sin nadie que te explique todo. Por supuesto, no recomiendo aislarse. Es muy importante hacer amistades, estar conectado con el grupo y, especialmente, conocer a estudiantes españoles. Muchas de mis mejores experiencias en Madrid fueron con otras personas. La vida social es una parte fundamental de estudiar en el extranjero.

Pero, también creo que el crecimiento personal que buscamos en España no es solamente social. También viene de aprender a estar cómodo contigo mismo en un lugar nuevo. Viene de confiar en ti, de tomar decisiones pequeñas, de hablar aunque cometas errores y de descubrir qué tipo de vida quieres construir en Madrid.

Por eso recomiendo a los futuros estudiantes tener una cita semanal consigo mismos. Puede ser algo muy sencillo. Un paseo. Una película. Un museo. Una merienda. Una librería. Una hora sentados en una plaza. Lo importante no es la actividad, sino hacerla sin depender de nadie. Madrid es una ciudad maravillosa para compartir con amigos. Pero también es una ciudad maravillosa para conocerla solo. Y, a veces, cuando caminas sin compañía, empiezas a sentir que no estás visitando Madrid, sino que estás viviendo en Madrid.

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