No temas a tu soledad, abrázala.

Por Brianna Zhingri

Por primera vez en dos semanas, estaba sola, completamente sola. Acabábamos de pasar dos semanas increíbles en Granada, disfrutando cada momento con nuestros nuevos amigos. Nos veíamos durante el desayuno, caminábamos a clase, después de clase, al almuerzo y siempre teníamos una actividad. Esas dos semanas se sintieron como si estuviéramos en un campamento. Era una vida llena de risas, tintos de veranos y vistas a los monumentos. No se sentía real y había una parte de mi mente que pensaba que regresaría a casa. No fue hasta el momento cuando estaba sola en el taxi, en dirección hacia mi nueva casa en Madrid, cuando me di cuenta de que esta era mi vida. Mi nuevo hogar en Madrid.

No esperaba tomar el taxi hacia mi nuevo hogar, pero el mensaje era claro: esta sería mi nueva vida durante los próximos meses. En esos momentos de tranquilidad en el taxi, me sentí sola. La realidad de no ver a mi familia, y mis amigas por varios meses, me trajo tristeza. No me malinterpreten, estaba muy emocionada por mi tiempo en Madrid, pero, una parte de mí comenzó a preguntarse cómo aprendería a estar sola en una ciudad con millones de personas. Aunque tenía a mis nuevas amigas, con quienes podía pasar el tiempo, sabía que nuestros horarios no siempre iban a coincidir, habría momentos en los que estaría sola, y me asustaba.

Si tienes ese mismo miedo, es normal, solo necesitas practicar el estar solo. Tengo unas recomendaciones: lo primero es que empieces con algo pequeño, como ir a caminar por tu barrio, el mío era Chamberí. Mi primera noche en Madrid, caminé por la Calle San Bernardo hacia la Calle Fuencarral. Una pequeña distancia, pero me dio la confianza de seguir explorando. Ver a la gente caminando sola, me hizo sentir mejor. Al principio, no dejaba de pensar que la gente me estaba juzgando. Estaba muy metida en mis propios pensamientos, en vez de disfrutar. Tenía que repetirme constantemente que a nadie le importaba, y que si a alguien le importaba, era problema suyo. Y poco a poco exploraba más de Chamberí y después Malasaña, La Latina y otros barrios que me interesaban. Cuando me sentía sola, salía afuera y exploraba. Creo que no solo me ayudó a combatir mi soledad, sino que también mejoró mi autoestima. No tenía miedo de perderme, porque empecé a aprender las líneas del metro a través de mis exploraciones.

Mi segunda recomendación para combatir la soledad es encontrar lugares que te hagan sentir paz. Mejor dicho, un lugar en el que sientas que puedes dejar todos los problemas y relajarte, mejor reconocido como un “third space”, un tercer lugar, y para mí esto era el parque del oeste. El parque del oeste ha sido mi confidente en muchos sentidos. Lo descubrí cuando mi madre anfitriona me sugirió ir por su vegetación y su cercanía a nuestra casa. La primera vez que fui, fue como si pudiera respirar de nuevo. Especialmente después de un mes de lluvia y mal tiempo constante. El parque me dio una sensación de vida. Me recordó a casa, y me hizo sentir conectada. Pero también me recordó a Vassar y toda su vida verde.

Este parque es enorme y tiene hermosos senderos para recorrer y perderse. Iba después de mis largos jueves, para correr o simplemente para comer y escuchar música. O me iba un domingo por la tarde, para escaparme de la vida caótica del centro. Este parque se convirtió en mi tercer espacio. El lugar que no era mi casa ni la escuela, un lugar donde podía escapar de todo eso. Extrañaré el parque del oeste. Extrañaré comer mi sándwich de DIVORARE bajo los árboles, extrañaré el sol acariciando mi rostro mientras bajaba corriendo la colina en el Paseo de Moret. Siempre recordaré el parque del oeste por ayudarme a superar mis períodos de soledad.

Mi consejo para los futuros estudiantes de este programa es que abracen su soledad. Es normal sentirse solo en una gran ciudad como Madrid, donde el movimiento es constante. Aprovecha para explorar nuevos lugares, especialmente lugares que no esperabas, como hice yo con mi precioso parque.

Mi tercera recomendación es ir a comer solo. Yo sé que da miedo, y créeme que sí, pero merece mucho la pena. Recuerdo sentir que me iban a juzgar o que iba a ser incómodo. Al principio lo fue. Nunca había comido en público, pero ahí estaba yo, comiendo sola, en una mesa en Vi Cool. Unos consejos para la primera vez que comas sola: prueba primero en una cafetería, lleva auriculares, quizás una libreta y un bolígrafo, y simplemente siéntate. Deja que tus pensamientos te guíen o realmente escuchen la melodía de la música. Luego ve aumentando la frecuencia, pero si quieres ir de cabeza, hazlo. Disfruta de ese momento; no te darás cuenta, pero perderás ese miedo. A mí me encantó. Ahora me siento muy cómoda comiendo sola. Aprendí a disfrutar de mi propia compañía y me volví más independiente, que era uno de mis objetivos. Antes de irte de Madrid, recomiendo a todo el mundo que lo pruebe.

Mi última recomendación es hacer voluntariado. Yo hice mi voluntariado en una asociación de gatos. Allí conocí a muchos españoles. Tuve la oportunidad de aprender más sobre la cultura española y aprender frases coloquiales. Durante mi tiempo en “La Gatoteca” hice amigos que se convirtieron en mi nueva comunidad. Ayudaron a combatir esa soledad que tenía. Hacer voluntariado es la mejor manera de ampliar no solo tu inmersión lingüística, sino también de crear comunidad y sentirte menos solo.

Entonces, un día, irás en el metro como cualquier otro día y te darás cuenta. Viajas en metro como los locales. Con los auriculares puestos, sin necesidad de mirar las paradas. Tu cuerpo simplemente lo sabe. Sabe cuándo bajarse en Sol o en tu estación de origen, la mía era Quevedo. Estás viviendo un sueño. Esta experiencia te da ganas de llorar, pero no quieres parecer raro, así que no lo haces. Te das cuenta de que todas esas preocupaciones no eran más que pequeños contratiempos necesarios para sacarte de tu zona de confort. Estar solo es necesario para crecer, y animo a los futuros estudiantes a que se tomen tiempo a solas. ¡Les deseo mucha suerte y disfruten!

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