Quijotes y Dulcineas: Frisbee en Madrid

Por Cecilia Coughlin

Antes de llegar a Madrid, pensaba que no sería posible jugar al frisbee en el extranjero. Pero, para mi sorpresa, un antiguo estudiante de VWM me recomendó un equipo de frisbee en la ciudad. Y, a pesar de mi aprensión inicial, ha resultado ser una de mis experiencias más destacadas de mi vida aquí. El equipo, Quijotes y Dulcineas, es el club de Ultimate Frisbee más antiguo y grande de Madrid. Se trata de un equipo mixto, que compite y entrena en equipos mixtos, femeninos y masculinos. Los entrenamientos se llevaban a cabo en un campo del barrio de La Elipa, al noreste de la ciudad. O, como dicen los locales: “¡la Elipa que se flipa!”

Durante el primer mes de entrenos, como estaban abiertos a todo el mundo, cualquiera podía asistir. No importaba si habías jugado durante diez años o si era tu primera vez tocando un disco. Los entrenos se realizaban por la noche, dos veces por semana. Por tanto, no interferían con mi horario académico. La verdad es que era el nivel perfecto de compromiso y, al mismo tiempo, una gran oportunidad para estar al aire libre, conocer gente nueva, practicar español y disfrutar un poco del ambiente competitivo.

Hacia octubre, la fase de pruebas ya había terminado, y el equipo se dividió en dos: A y B. Esta división hizo que el equipo fuera más accesible para cualquiera interesado, permitiendo diferentes niveles de compromiso. Fui seleccionada para el B, así que no participé en torneos grandes. Pero, aun así, pude practicar dos veces por semana: un día en un entrenamiento mixto con los Quijotes y, el otro, en el femenino. Esto fue perfecto para mí, me encantaba poder jugar frisbee en un equipo mixto, algo que no había hecho antes en Wesleyan.

Jugar frisbee en un equipo español también me permitió practicar el idioma, y fue la mayor oportunidad que tuve para una verdadera inmersión cultural. Aprendí mucho vocabulario de frisbee en español (aunque, para ser honesta, gran parte de la jerga son frases en inglés). Además, gracias al equipo conocí a españoles, así como a otros estudiantes internacionales en programas de intercambio. Algunos de ellos se convirtieron en mis amigos más cercanos durante el semestre, ya que el equipo también organiza muchos eventos sociales fuera de los entrenamientos.

Asimismo, una de mis vivencias más especiales durante el semestre fue gracias al equipo. Después de los entrenamientos, algunos amigos y yo íbamos al bar/restaurante local que estaba cerca del campo. Allí, nos sentábamos afuera, pedíamos cervezas, comíamos algunas tapas y disfrutábamos de la llamada “sobremesa”. Fue aquí donde me expuse al ambiente comunitario que España tiene para ofrecer.

Nos volvimos muy cercanos a los trabajadores del restaurante y a los vecinos del barrio que frecuentaban ese bar. Celebramos juntos uno de sus cumpleaños, pasamos tiempo hablando después del entrenamiento e incluso vinieron a ver nuestros entrenamientos. Las conversaciones que mantuve con los maravillosos trabajadores y vecinos fueron una de las mejores oportunidades que tuve para mejorar mi nivel de español. Todo ello fue un bonito choque cultural: me sorprendió lo amigable que era todo el mundo y la posibilidad de hacer amigos de distintas generaciones.

En definitiva, el club de frisbee y la experiencia de ir a La Elipa dos veces por semana fue una parte muy significativa de mi estancia en Madrid. Sin lugar a dudas, recomiendo a cualquier persona que en un futuro estudie en la ciudad que lo pruebe, tanto si nunca ha jugado al frisbee como si busca seguir practicándolo mientras está en el extranjero. ¡Es una oportunidad perfecta para practicar deporte, mejorar tu español y sumergirte en la cultura española!

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El arte de perderse

Por Tenley Flint

Cuando llegues por primera vez a Madrid, todo parecerá nuevo, abrumador, incluso casi imposible de entender. La ciudad será un misterio gigante: el horario, el transporte público, las dinámicas de tu familia anfitriona te resultarán completamente extrañas… Pero, al final, todo empezará a cambiar. Irás a clase, el Cercanías ya no será tan confuso, y algo inevitable te ocurrirá: te sentirás cómodo en tus rutinas. Es cierto. Lo sé porque me pasó a mí. Caminaba cada mañana la misma ruta hacia la misma estación del metro para coger el mismo tren en Atocha, bajándome en Las Margaritas como si hubiera nacido para ello. Cuando mis clases terminaban, regresaba a Madrid y corría en el Parque del Retiro. El mismo camino. Una y otra y otra vez.

Me di cuenta de mi dependencia de la rutina cuando hicimos nuestro viaje a Sevilla. Por primera vez, llevé mis zapatillas de correr con la intención de explorar la ciudad corriendo. Me levanté por la mañana, elegí una dirección y salí a correr. ¡Fue increíble! Los kilómetros parecían volar mientras las carreteras revelaban edificios y parques. Estaba tan absorta en la belleza que me dio igual cuando empezó a llover y volví al hotel completamente empapada. Tuve una revelación: ¿por qué no podía explorar Madrid de la misma manera? Decidí que al llegar a casa cumpliría mi nueva promesa. Me perdería por las calles de Madrid.

Unos días después, salí a correr. Salí de mi apartamento y giré por mi calle, en dirección contraria a mi famosa ruta diaria (de casa al metro, del tren a la universidad, del tren al metro, de vuelta a casa y, inevitablemente, al Retiro). Entonces, corrí. Corrí tan rápido como pude. Bueno, corrí a una velocidad bastante respetable. Como suele ocurrir en los paseos sin rumbo, la ruta no fue del todo increíble. Tuve que serpentear y esperar en los pasos de peatones, hasta que con el rabillo del ojo vi un puente azul y decidí cruzarlo. Este puente me condujo a una carretera, que me llevó a otra, que me llevó a otra que conducía hacia la entrada de un parque; así que seguí caminando. Había entrado en el Parque de la Cuña Verde de O’Donnell, algo que nadie menciona cuando te recomiendan qué hacer en Madrid. No está exquisitamente cuidado como el Retiro, ni parece infinito como la Casa de Campo, pero era el lugar perfecto para perderse. Me encantaron los sinuosos caminos de tierra, las interesantes estructuras de juego y las vistas de las montañas lejanas desde lo alto de la colina. Perderme en el parque fue como volver a vivir Madrid. Es fácil sentirse cómodo en un lugar después de vivir unos meses, pero es fácil olvidar cuántos misterios aún ofrece la ciudad. En el parque, sentí que uno de esos misterios se me había revelado, y me dieron ganas de explorar más.

Así que, si te llevas algo de esto, que sea: ¡piérdete! Nunca sabes qué misterios te esperan mientras pasas los días construyendo tu nueva rutina. Tómate un tiempo para explorar, solo o con amigos. Y, por supuesto, visita el Parque de la Cuña Verde de O’Donnell.

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Los dulces de las monjas

Por Sophia Samant

España tiene una tradición única y deliciosa en la que participé. Como país principalmente católico, hay monasterios innumerables en cada región de España. Según La Conferencia Episcopal Española de 2023 hay 725 monasterios y 8,326 monjas de clausura, lo que significa que no pueden salir del monasterio ni mostrar su cara a nadie fuera del monasterio. En el pasado, ellas necesitaban una manera de ganar dinero para mantener sus actividades, pues para muchos monasterios la iglesia no daba dinero suficiente para continuar sus actividades caritativas y su manera de vida. Por eso las monjas desarrollaron otra fuente de dinero–vender dulces a la gente. Usaban ingredientes simples, locales, y muchas veces cosas que crecían dentro del monasterio en sus huertos. Muchas de las recetas eran secretas y típicas de su pueblo o región. Hoy en día han conservado sus recetas antiguas y todavía venden dulces como manera de apoyar sus actividades. Ir a los monasterios para comprar los dulces ofrece una oportunidad para participar en una tradición que ha existido por siglos de siglos.

En Madrid, El Convento de Corpus Christi de las Carboneras está en la zona histórica de la ciudad, cerca de La Plaza del Conde Miranda. Fue fundado en 1607 por Beatriz Ramírez de Mendoza, una condesa, y hoy en día todavía aloja a una comunidad de monjas de clausura como en el siglo XVII. Ellas venden sus dulces cada día, así que fui con mi amiga para probarlos. Entramos por una puerta modesta a un espacio tranquilo lleno de altares y una caja para donaciones. Había una flecha que señalaba la dirección al torno que es la tecnología que ha permitido a las monjas de clausura vender sus dulces sin mostrar sus caras a la gente del exterior. Un torno es como un ‘lazy susan’ en su manera de girar. Por el otro lado de la pared oímos la voz de una monja preguntando qué tipo de galleta queríamos. Contestamos “medio kilogramo de nevaditos,” los cuales son galletas de azúcar glas, y pusimos efectivo en el torno. El torno giró, ella calculó nuestro cambio, y el torno giró otra vez con algunas monedas y los nevaditos. Después fuimos a la iglesia anexada al monasterio donde dentro olía dulce como las galletas.

Después hablé sobre la experiencia con mi madre anfitriona. Ella dijo que ha sido una tradición por siglos. En su niñez se crio en un pueblo pequeño de La Mancha con su propio monasterio que vendía dulces. Los niños del pueblo iban al monasterio y pedían los recortes de las galletas, las partes que no iban a usar, y se los comían. Es muy chulo que todavía podamos participar en esta tradición antigua.

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¡Aprovecha las experiencias incómodas mientras vives en una cultura distinta!

Por Reza Hall

Creo que aprendemos más cuando estamos en situaciones incómodas y difíciles. Esto es especialmente verdad en el caso de las experiencias universitarias en el extranjero, donde no solo aprendemos una nueva lengua sino también una nueva cultura.

Este semestre, unos amigos del programa y yo formamos parte de un equipo de baloncesto de la liga de la competición interna del UC3M (aquí dejo el vínculo con la información), ¡cuyos gastos fueron reembolsados por el programa! La liga funciona como las competiciones de intramural en Vassar y Wesleyan, pero es más seria y competitiva. La mayoría de los jugadores de nuestro equipo era estadounidense, y jugábamos contra estudiantes de UC3M de muchas nacionalidades. Yo era el “delegado” del equipo, así que organizaba junto con el coordinador de la competición y los otros delegados cuestiones como los espacios, fechas y horarios. La verdad es que fue muy difícil y estresante encontrar cada semana horarios que funcionaran para un número suficiente de jugadores. Envié y recibí miles de mensajes de WhatsApp, comunicándome con el coordinador y los delegados en castellano e informando a mi equipo de las últimas noticias en inglés. Al principio me resultó tedioso hacer este trabajo. Pero, me di cuenta de que estaba aprendiendo un montón de palabras y estructuras gramaticales nuevas, todo lo cual ponía en mi aplicación de flashcards digitales para practicar (¡Anki es la mejor opción!). Todo ello a la vez que aprendía a cómo comunicarme efectivamente y con autoridad en castellano. Esta experiencia fue, sin duda, lo que más ha mejorado mis habilidades para chatear en español y mis habilidades comunicativas en el plano interpersonal.

Aunque fui el delegado del equipo durante el semestre entero, tuve una lesión en el segundo partido: un esguince de tobillo de segundo grado que me dañó los ligamentos. Ocurrió el 31 de octubre, en la noche de Halloween, en la mitad del semestre. Tenía que llevar una bota y muletas por casi dos semanas, y hacer sesiones de rehabilitación (physical therapy). Esto me frustró mucho porque interrumpió la rutina que había adoptado, y no me permitió ni jugar otro partido de baloncesto ni ir a otro entrenamiento del equipo de Ultimate Frisbee con el que estaba jugando, los Inmortales. ¡Pero, rápidamente me di cuenta de que estaba viviendo una experiencia única que debía aprovechar! La lesión me forzó a navegar por el sistema de salud de Madrid. Fue un desafío encontrar un hospital y un lugar de rehabilitación. En comparación con el entorno de la universidad—y también con el de mi barrio, Sol, donde hay una gran cantidad de angloparlantes—casi nadie me hablaba en inglés, ni en el hospital ni en mi centro de rehabilitación. Mi español mejoró considerablemente, y me sentí muy satisfecho al comunicarme con los doctores y los teleoperadores en castellano con éxito. Y, aparte de la bota y muletas, ¡todo estaba cubierto por nuestro plan de ASISA! En este enlace hay una lista de hospitales recomendados por el programa y cubiertos por ASISA. Al enfrentarme a estas situaciones, me sentí por primera vez como un verdadero residente de Madrid, como un ciudadano español en apuros afrontando los problemas de la vida diaria. ¡Algo que me hizo muy feliz!

Para concluir, supongo que quiero que todos busquéis oportunidades fuera de la zona de confort. ¡Abrazad y disfrutad lo incómodo! Cuando algo salga mal, ¡aprovechadlo! Es parte de la experiencia de estudiar en extranjero, y la mejor manera de mejorar el castellano y aprender sobre la sociedad madrileña y española.

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Manejar mis responsabilidades en Subrosa Café

Por Nathaniel Atkin

Algo que suele costarme mucho en cualquier circunstancia es la gestión del tiempo. Me distraigo muy fácilmente, y cuando tengo mucho para meter en mi día, es difícil manejar todo lo que tengo que hacer. Especialmente en este programa, donde tenía tanta libertad que parecía que podía hacer lo que quisiera cada día, me costaba mucho hacer lo que tenía que hacer. Estas obligaciones casi no parecían reales, entre las olas constantes de discotecas y experiencias que cambian la vida. Y claro, esto no estaba bien, porque (como tenía que recordarme a mí mismo muchas veces durante mi tiempo en Madrid) en realidad, era estudiante y tenía clases reales con notas muy reales. No era sostenible esta fantasía. Así que, después de haber procrastinado durante dos semanas para evitar un ensayo que tenía que entregar al siguiente día, me di cuenta de que este ensayo era, de hecho, real. Regresando a mi casa desde la estación Atocha por el barrio Retiro, esta epifanía se volvía más real cada vez. No sabía cómo empezar. Sabía que en el momento que volviera a casa, me dormiría como una paloma madrileña (había notado que las palomas ahí suelen dormir mucho más que las de mi hogar de Nueva York, que siempre parecen hipervigilantes). En cualquier caso, ir a casa no era una buena idea.

Pasando por la estación de metro Alonso Martinez, pensé en ir a la biblioteca para hacer mi trabajo ahí. Sería un ambiente más productivo, me dije. Luego recordé la última vez que fui a la biblioteca Eugenio Trías en el parque Retiro con mi amiga, en la que me enganché en Instagram Reels por una hora. Me convencí que era un descanso en el estilo de la técnica Pomodoro, y terminé buscando, encontrando y leyendo en su totalidad la versión española del primer libro de la serie de novelas gráficas Bone. Es decir, ningún trabajo fue realizado. Pues no, me dije. Así que continué andando sin dirección. En ese momento, mi amiga, que había estado andando a mi lado y a quien yo casi olvidé entre mis pensamientos de palomas madrileñas y Bone, me dio una sugerencia:

– Hay una cafetería muy guay que mi madre anfitriona me sugirió. Pero no sé dónde. Ella me dijo que “No es el Burguer, pero está al lado del Burguer”

– “El Burguer?”

“Así llaman a Burger King aquí.”

– “Vale, la buscamos.”

Andamos por la calle de la casa de mi amiga, buscando nuestro punto de referencia, muy apropiado para dos estadounidenses perdidos. Por fin encontramos el Burger King. Y allí, al lado, estaba Subrosa Café. Estaba claro que era un sitio mono y muy acogedor. La iluminación suave les daba un ambiente cálido a las mesas de madera. Olía a pan y tortillas, y a lo largo de la ventana había gente trabajando en sus ordenadores. Era justo lo que necesitaba. Inmediatamente, mi amiga y yo empezamos a trabajar. El camarero nos dio la carta, que tenía tantas opciones ricas que casi no podíamos elegir una. Yo decidí pedir las tortitas de calabaza y batata, y ella el bocadillo de focaccia. Los dos también pedimos chai lattes, cuyo aroma otoñal ya emanaba desde la cocina. Toda la comida era sabrosísima. Además, en el café callado y cómodo, encontré que podía hacer mi trabajo sin distracciones, sin pensamientos errantes, y sin el sentimiento típicamente omnipresente de que podría hacer lo que quisiera en la ciudad entera, y que lo que quisiera obviamente sería más divertido que escribir sobre los niveles de variación lingüística en la península ibérica durante dos horas. Es decir, mucho trabajo fue realizado. A la hora de salir, el cielo estaba lleno de la luz naranja del atardecer, mi ensayo lleno de palabras sofisticadas que me hacían sentirme muy lingüísticamente competente, y mi estómago lleno de té chai y tortitas. Mi ansiedad bajaba con el sol durante mi camino hasta mi casa, y más adelante, calentito en mi cama, sabía que tenía que volver.

Y sí, volví muchas veces, tantas que el ambiente que una vez sirvió como un lugar para concentrarme en mi trabajo se volvió con el tiempo un lugar para disfrutar comida deliciosa y pasarlo bien con amigos. Pero bueno, nada dura para siempre. Sabía que encontraría muchos sitios tan guays y tan propicios para estudiar y trabajar. Y claro que los encontré. Después de todo, podía hacer lo que quisiera donde quisiera. Sin embargo, al Café Subrosa siempre lo voy a recordar como el lugar más cómodo de la ciudad de Madrid, que me salvó de evitar mis propias responsabilidades.

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Un viaje en el tiempo para curarte el alma

Por Naomi Blank

            ¿Estás aburrido? ¿Necesitas un descanso del ajetreo de la ciudad, pero no quieres ir a un lugar lejano con un montón de turistas extranjeros? ¿Tienes ganas de salir de casa y experimentar algo nuevo sin gastar una pasta? ¿Deseas viajar en el tiempo y ver la vida de épocas anteriores? Si respondiste con un sí a alguna de esas preguntas, deberías de ir a Alcalá de Henares.

            Alcalá de Henares es un pueblo fuera de Madrid más conocido por ser el lugar donde Cervantes se crio. Tiene una arquitectura increíble del siglo dieciséis y estar allí te transporta a los tiempos medievales. Cuando llegues al pueblo estarás asombrado por las calles lindas y los sitios diferentes para explorar. No escucharás ninguna palabra en inglés porque estarás rodeado solo de españoles. Este pueblo es una joya escondida de la que solo saben los locales, así que realmente te da un escape de la metrópoli internacional de Madrid. Y, es más, ¡puedes ir allí en el tren de cercanías!

Si te encantó Don Quixote o si te aburrió la primera página, igual tienes que ir al Museo Casa Natal de Cervantes. Es una casa bella de dos pisos y te da un vistazo a la vida de los hidalgos en el siglo dieciséis. Puedes ver donde su padre, quien era cirujano, llevaba a cabo operaciones, donde su madre hilaba lana y las habitaciones que tienen camas con doseles elegantes hechos de textiles ornamentados. Cuando sales de la casa, puedes sentarte en el banco en frente y sacarte una foto con las estatuas de Don Quijote y Sancho Panza. Además, ¡el mejor aspecto de este sitio es que es completamente gratis!

Luego puedes ir al Museo Arqueológico, que también es gratis, para ver artefactos de varias eras. Tiene fósiles paleontológicos, herramientas paleolíticas y neolíticas, mosaicos de la época romana y más. El museo es muy extenso, así que uno podría pasar toda la tarde allí. Te quedarás cautivado por la antigüedad y la historia de las exposiciones.

También merece la pena ir a la catedral, en el centro del pueblo, simplemente para subir a la torre y mirar las vistas espectaculares desde las alturas. Te da otra perspectiva del pueblo antiguo, que es impresionante. Ver las montañas hermosas detrás de los edificios de arquitectura española tradicional te hace sentirte como si estuvieras en una película.

Es cierto que, si pasas todo el día aquí, en este pueblo, necesitarás un descanso en algún momento. Afortunadamente, hay muchísimas opciones para sentarse y tomar un café tranquilamente cerca de las varias atracciones. Para los golosos con un gusto por la repostería divina, hay que ir a Pastelería Salinas. Tienen unas tartas tan exquisitas que será difícil elegir qué comprar. También puedes merendar o comer algo ligero en Cafetería Bamby. Tienen una gran variedad de postres, y si te apetece comer algo salado también tienen muchas clases de empanadas.

Alcalá de Henares no te decepcionará. Es un pueblito con mucha belleza y muchas cosas que hacer. Yo solo mencioné algunos sitios, pero también tiene la Casa de Hippolytus, el Museo Palacio de Laredo y más. Ser estudiante y manejar todas las prácticas y tareas que los profesores nos asignan a lo largo del semestre es difícil, así que a veces se necesita una evasión para relajarse y olvidar el estrés que nos da la vida por unas horas. En Alcalá de Henares hay un sentido de paz y tranquilidad que no existe en ciudades grandes como Madrid. Si en algún momento en el semestre te sientes acabado, agotado y estresado, vete a Alcalá de Henares para curarte el alma y sentirte vivo de nuevo.

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Descubriendo Madrid a través de la escena judía escondida

Por Nami Lieberman

Si alguien me hubiera dicho que iba a visitar tantas catedrales (¡más de 10!) en mi tiempo en España, no le habría creído. Estoy acostumbrada a participar en eventos culturales y religiosos judíos en Vassar y en casa con mi familia. Siempre ha sido fácil, algo para lo que no necesitaba esforzarme mucho. No importaba si era algo muy importante para mí, pasaba de todos modos. Mi experiencia en España fue muy distinta. Con las fiestas importantes del otoño, quería hacer algo para marcar esos días. Me di cuenta de que no conocía a nadie judío en la ciudad y que necesitaba investigar y hacer mis propios planes.

A primera vista, parecía que las únicas comunidades judías aquí eran ortodoxas, muy tradicionales. Pero con un poco más de investigación, encontré dos comunidades más modernas y progresistas. Necesitaba inscribirme para ir a los servicios y dar información sobre mi origen judío y detalles de mi pasaporte. Recibí la dirección como un secreto. Estaba muy nerviosa al entrar porque no conocía a nadie y no sabía qué esperar. Pero empezamos a cantar, y yo me sabía las palabras al igual que las melodías. Después en la cena, hablé con varias personas jóvenes (completamente en español). Aprendí que la mayoría de los judíos progresistas en Madrid no son de España, sino de América Latina. Conocí a personas de Venezuela, Uruguay, Argentina, México. Me aconsejaron que tuviera cuidado en España al compartir el hecho de que soy judía, algo que nadie me había dicho en los Estados Unidos. Fue muy interesante escuchar sus experiencias de aquí y compartir mis experiencias en los Estados Unidos y en una universidad como Vassar. Vi que el clima político en la comunidad judía aquí es diferente del de mis comunidades con mi familia y en Vassar. Un viernes fui a la otra comunidad progresista y encontré otros estadounidenses jóvenes.

Además, nunca había aprendido sobre religiones desde una perspectiva tan cristiana antes de venir a España. Nuestros guías explicaban lugares sagrados musulmanes y judíos en términos cristianos y asumían que todos tenían un origen cristiano. Fue muy interesante aprender sobre la historia y la religión de una manera tan diferente de cómo la había aprendido en el pasado. Aprendí mucho al tener conversaciones sobre religión con mi familia anfitriona cristiana pero secular. Necesité enseñarles a mi familia anfitriona sobre las fiestas judías y cómo mi familia las vive/las celebra. La religión es algo muy importante para muchos españoles y en la historia de España, por eso recomiendo que tengas conversaciones e intentes entenderla.

Exponerme y poner el esfuerzo en encontrar una comunidad judía fue una experiencia muy positiva para mí. Fue difícil y me puso nerviosa buscarla, entrar y unirme sola, pero estoy feliz de haberlo hecho. En algunas de las excursiones del grupo, los guías presentaban la vida y cultura judía como algo completamente del pasado, pero fue muy fascinante experimentar de primera mano cómo es hoy. Si tienes la oportunidad de experimentar algo religioso en España fuera de la corriente principal, sugiero que lo hagas.

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Los maravillosos festivales de cine en Madrid

Por Mia Zottoli

Como estudiante de cine en Vassar, quería buscar maneras de involucrarme en el mundo cinematográfico de Madrid durante mi semestre de estudio. Ya había decidido tomar clases de cine, pero quería ir más allá para conocer gente que trabaja en la industria cinematográfica de España. Sin embargo, hasta sólo pocas semanas antes de salir de EEUU, no tenía ni idea de cómo encontrar personas que compartieran mi pasión por el mundo del cine en el extranjero. Afortunadamente, tuve la suerte de trabajar como ayudante de producción en una película que rodó en el campus de Vassar el verano pasado, donde también trabajaba un exalumno de Vassar. Cuando le mencioné mis planes de estudiar en Madrid el semestre siguiente, se ofreció a presentarme a una de sus mejores amigas que era directora de un festival de cine aquí. Obviamente, acepté su ayuda.

Entonces, cuando llegué a Madrid en septiembre, empecé haciendo un voluntariado para Another Way Film Festival, un festival que abarca temas relacionados con el medio ambiente con el fin de crear una industria y un mundo más sostenible. Inmediatamente me di cuenta de que había grandes diferencias entre la cultura española y estadounidense en lo que engloba el trabajo, y aunque fue difícil acostumbrarme al principio, acabó siendo muy buena manera de esforzarme a sumergirme en la cultura y el idioma. A diferencia de un trabajo en EEUU, no me explicaron mucho mis deberes y recibí mucha responsabilidad desde el principio. Casi cada película ha sido acompañada por una ponencia después de la proyección, donde un experto en un tema relacionado con ella hacía un discurso para el público, y parte de mi trabajo consistía en buscar ponentes y comunicarme con ellos por correo o teléfono.

En vez de recibir instrucciones muy extensas, como estoy acostumbrada, tuve que preguntar cuando tenía dudas sobre el lenguaje o los deseos del festival sobre los ponentes. Mucha gente de España opina que se nos miman en EEUU, y a través de esta experiencia, me di cuenta de que era verdad. Para trabajar en España, por otro lado, no hay que tener miedo de preguntar, o de confiar en el conocimiento de uno mismo. En definitiva, recomiendo que no te asustes al preguntar lo que quieres, pues es la manera en que encontré otro trabajo voluntario a través de AWFF.

Una noche después de las proyecciones del festival, pasé tiempo hablando con una de las coordinadoras de producción y me contó sobre otro festival que tomaría lugar el mes siguiente: QueerCineMadrid. Pregunté si ellos necesitaban más voluntarios, y unas semanas después, esta coordinadora me puso en contacto con la organizadora del voluntariado para aquel festival.

Esta vez, estaba preparada para la falta de instrucción. Al segundo día trabajando, me encargaron de gestionar las entradas abonadas y ser el punto de contacto para preguntas sobre las proyecciones de aquella noche. Aún estaba un poco agobiada por la responsabilidad, pero ya tenía experiencia y confié en mis habilidades.

Al final, a través de estos dos trabajos, aprendí a ser más independiente, confiar en mi habilidad de comunicarme en español, y pude conocer más el ámbito de cine español actual. Si eres estudiante de cine o si te gusta ver pelis, recomiendo que busques los festivales que van a llevarse a cabo cuando estés en Madrid, y envíes un correo electrónico a los que te interesan para apuntarte cómo voluntario. Fue una de mis experiencias favoritas de mi semestre en Madrid para aprender el idioma, la cultura, y conocer a gente guay. ¡No te arrepentirás!

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Sí, el ultimate existe en Madrid

Por Maya Salzman

Cuando se piensa en los deportes populares de Madrid, se piensa en fútbol. Se piensa en baloncesto. Quizás tenis. Seguramente, no hay mucha gente que todavía haya oído sobre el deporte ultimate en Madrid. Pero tuve una misión, y la misión fue unirme a un equipo de ultimate durante mi tiempo de estudiante aquí. ¿Por qué? – estás preguntándote- Porque quería una oportunidad de conocer gente que vive en Madrid fuera de mis clases, y a la misma vez, practicar el deporte que juego en mi universidad en los EEUU. La verdad es que encontré un equipo que voy a recordar toda mi vida. De hecho, un día quiero regresar a Madrid y jugar con ellos de nuevo.

El equipo al que me uní es el equipo de Dulcineas y Quijotes. Es un equipo de club, basado en la comunidad, en el que cualquiera puede participar. Hay personas de distinto nivel y una amplia variedad de edades y orígenes. Recibí la recomendación de este equipo de una amiga que estudió en Madrid en 2023. Ella lo describió como una comunidad muy amable y abierta a todas las personas, y con un nivel alto pero divertido de jugar ultimate. Todas mis expectativas fueron conseguidas. El equipo entrena dos veces cada semana, con la oportunidad de participar en torneos algunos fines de semana. Un entrenamiento es solo con el equipo de mujeres, y el otro es un entrenamiento mixto con el equipo de hombres. Para empezar los entrenamientos, siempre hay un juego divertido, y muchas veces tienes que seleccionar un compañero con quien nunca has hablado. Es una manera de que los capitanes puedan asegurar que todos están formando amistades con los compañeros de equipo.

Durante mi tiempo en las Dulcineas, he conocido a muchas personas que viven en Madrid. Lo que a mí me gusta mucho es que todos no son de Madrid, pero muchos son de Venezuela, Colombia, y otros países latinoamericanos. Aunque hay personas de los EEUU en el equipo con quienes me gusta hablar, mi cosa favorita es pasar los entrenamientos hablando con amigas que son de países diferentes. Dos amigas mías, Sylvia y Camino, son de España, y he disfrutado mucho formando una amistad con ellas. Otras amigas como Natalia, de las Islas Canarias, y Paula, de Venezuela, son mis parajes para actividades durante los entrenamientos, y me gusta hablar con ellas sobre cualquier cosa. Además, en el equipo conocí a una de mis mejores amigas de mi tiempo en Madrid, Maxi. Ella es de Madrid, pero asistió a la universidad en EEUU, y pasamos mucho tiempo juntas fuera de los entrenamientos.

Pasar tiempo social con el equipo ha sido muy divertido también. Un fin de semana, participé en un torneo con el equipo en el que jugamos dos partidos, y después, decidimos comer juntos. Pasamos tres horas comiendo en un restaurante, hablando sobre cotilleos y compartiendo cuentos, y claro, todo en español, ya que la mayoría de las personas en el equipo son hispanohablantes. Este momento es una de mis mejores memorias de mi tiempo en Madrid. Descubrí aquí que podía ser graciosa en español, una cosa con la que estaba luchando en mi proceso de aprender el idioma.

Al final, si estás buscando una oportunidad de conocer gente nueva, amable y abierta en Madrid, y también una oportunidad de tener una experiencia atlética, el equipo de Dulcineas y Quijotes es algo que recomendaría.

Las Dulcineas x Quijotes después de un torneo de ultimate, el 23 de noviembre de 2025

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Vergüenza

Por Mae Walker

Como soy bastante extrovertida normalmente, me sorprendió que al llegar a España me sintiera tímida. He estudiado español durante la mayor parte de mi vida, y puedo entenderlo casi perfectamente. Sin embargo, en mis primeras semanas en España no pude evitar mi sentimiento de timidez inmensa y vergüenza de hablar. Me frustraba mucho porque me hacía sentir que había una distancia entre mi verdadero yo y la imagen que mostraba a los demás, una distancia que no podía superar.

Dos semanas después, conocí a mi familia anfitriona por primera vez. Mi primera impresión fue que eran muy amables y abiertos. Aun así, me resultaba muy difícil hablar con libertad y confianza. Cada cena fue difícil; cada oración que decía sólo podía notar que no estaba sonando completamente correcta o fluida. Si no tenía la idea completa en mi mente antes, no era posible para mí empezar a hablar – y así no hay manera de tener una conversación fluida. Durante el primer mes, sentí que no estaba mejorando, que cada día era tan difícil hablar español como el día anterior.

Todo cambió cuando tuve una cena con mi amigo del programa y su madre anfitriona. Pensaba que sería más fácil para todos mis compañeros hablar con sus familias porque su español era mejor que el mío. Me sorprendió ver que, aunque mi amigo tenía un nivel de español muy similar al mío, estaba hablando con casi fluidez, no porque supiera cada palabra y cada regla gramatical sino porque no tenía miedo a equivocarse. En ese momento, me di cuenta de que mi vergüenza era innecesaria, y con la madre anfitriona de mi amigo, por fin, pude hablar con fluidez. Desde entonces, hablar me ha resultado mucho más fácil y he podido desarrollar nuevas perspectivas sobre esta experiencia aprendiendo español que pueden ayudar a otros:

  1. No midas tu nivel de español basándote en lo parecido que sea al de un hablante nativo. Lo mejor es medirlo por cuánto logras transmitir una idea.
  2. Es mejor equivocarse que quedarse en silencio.
  3. Nadie te juzga tan duramente como tú mismo.
  4. Las personas con las que hablas esperan que cometas errores. Piensa en ellos como algo encantador en lugar de vergonzoso.

Cuando pude adoptar esa perspectiva, sentí que mi español comenzó a mejorar mucho más rápido. No fue porque aprendiera más vocabulario o gramática, sino porque no tenía tanto miedo de no saber cosas. Perder mi vergüenza fue difícil, y tomó más tiempo de lo que esperaba, pero solo era cuestión de poner en práctica estas pocas ideas clave.

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