Celebreak: como pude jugar fútbol en Madrid sin equipo ni contactos

Por Mauricio Mejía

El fútbol ha sido parte de mi vida desde que tengo memoria. Crecí jugando, y en Vassar sigo haciéndolo como parte del equipo universitario. Así que, cuando supe que iba a pasar un semestre en Madrid, una ciudad donde el fútbol no es un deporte sino casi una religión, lo primero que pensé fue: voy a jugar mucho.

Lo que no pensé fue que llegaría lesionado.

La lesión me tuvo fuera de la cancha durante meses. Meses viendo partidos desde el sofá, meses sin poder hacer lo que más me gusta. Cuando por fin me recuperé, a principios de abril, tenía ganas de volver a jugar, pero también tenía un problema real: estaba en una ciudad nueva. Sin equipo, sin conocer a nadie que jugara y sin saber cómo se entra en el mundo del fútbol aficionado en Madrid.

Porque resulta que no es fácil. Madrid es una ciudad apasionada por el fútbol, sí, pero ese fútbol está organizado. No hay canchas abiertas que no sean de pago por el centro. O sea, si no la alquilas con muchos amigos para jugar, es imposible.

Para entrenar solo tenía que encontrar una cancha de futsal en un parque, pero no es igual que jugar en grama. En Madrid hay ligas, hay clubes y hay grupos de amigos que llevan años reservando la misma cancha, el mismo día. Para alguien que llega de fuera, sin red, ni historial, encontrar una cancha gratis es casi imposible y alquilarla entre varios, sin conocer a nadie, más todavía.

Fue en ese momento cuando busqué por internet y descubrí “Celebreak”. La App funciona de manera muy sencilla: te registras y buscas partidos disponibles cerca de ti. Hay opciones 6v6 y 8v8 en distintos horarios y en canchas por toda la ciudad, en zonas como La Chopera o el Retiro. Solo tienes que unirte con un clic. Sin compromiso de temporada, sin tener que conocer a nadie, sin tener que organizar nada. Pagas entre 5 y 7 euros por partido y apareces a jugar.

El primer día, llegué con algo de nervios. No sabía cuál iba a ser el nivel, no sabía cómo iba a ser la gente. Pero desde el primer minuto, me sentí bien recibido. El nivel era bueno, gente que realmente sabe jugar, pero el ambiente era completamente relajado. Sin tensiones, sin egos, con las mismas ganas de simplemente disfrutar el partido que tenía yo.

Lo que más me sorprendió fue lo que pasó fuera de la cancha. En los descansos, después del partido, la conversación surgió sola: de la Liga, de los equipos de Madrid, de dónde más jugaban, qué recomendaban por la ciudad. Sin darme cuenta, ya tenía un par de contactos nuevos. Si un grupo te cae bien, puedes preguntarles cuándo

juegan normalmente y empezar a coincidir con ellos. No es solo una App para jugar, es una puerta de entrada a una red informal de gente joven, apasionada por el fútbol.

Y para practicar el español, no hay nada mejor. No es el español del aula, ni el de las conversaciones de cortesía con la familia anfitriona. Es el español que se habla cuando alguien hace un pase malo o cuando el árbitro pita algo discutible, con todo el vocabulario y el ritmo que no aparece en ningún libro de texto. Me di cuenta después del primer partido que estaba hablando y escuchando español durante dos horas sin pensar en ello, mientras hacía lo que más me gustaba. Verdaderamente, los deportes son una de las mejores maneras de aprender un idioma.

La flexibilidad es otro de sus grandes puntos. No hay cuota mensual, no hay lista de espera, no hay que comprar equipamiento especial. Tú eliges cuándo juegas según tu horario, tus exámenes, tus ganas. Si una semana no puedes, no pasa nada. Si tienes ganas de jugar dos veces, también. Para un estudiante de intercambio con el calendario lleno, eso vale mucho.

En definitiva: si el fútbol es parte de quién eres, no dejes que llegar a una ciudad nueva te lo quite. “Celebreak” es la forma más directa, barata y divertida de seguir jugando y, de paso, de conocer Madrid desde la cancha. Yo llegué lesionado, sin conocer a nadie, sin saber por dónde empezar. Y aun así lo encontré. Tú también puedes.

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Encontrando la naturaleza en una ciudad de piedra

Por Zoe Nagle

Soy una persona que explora la naturaleza en cualquier lugar donde me encuentro. Cuando salí de Wesleyan, estuve muy nerviosa porque ya no tenía espacios verdes en una ciudad tal como Madrid. Aunque Madrid tiene un parque maravilloso, muy conocido, llamado El Retiro, con muchos senderos por los que se puede caminar o correr cuando te apetezca, me parecía que este sería el único lugar para experimentar la naturaleza en medio de la ciudad.

En Wesleyan, hay muchas oportunidades para conectar con la naturaleza, si es una clase de senderismo de educación física o con un club como el de excursiones. Pensaba que Madrid no tendría un lugar para realizar actividades en plena naturaleza, como en Virginia, donde podía montar en bicicleta. Pues, cerca de mi casa en Virginia, hay muchos senderos por donde puedo pasear en  bicicleta, sobre todo durante el verano cuando el clima lo permite. Madrid es una ciudad muy seca y con una temperatura media; tiene un clima que funciona muy bien para montar bicicleta.

Es por ello que, cuando llegué a Madrid, quería hacer mi actividad favorita en un lugar similar a mi hogar.  Al principio de este camino, no encontré nada de este tipo que estuviese a la altura de mis deseos para explorar la naturaleza. Pensé en la idea de una membresía de un gimnasio cerca del piso de mi familia anfitriona porque el programa cubriría 30 euros por cada mes, pero quería encontrar un sitio de bicicleta.

Un día, me acordé de la parte gigante verde del mapa de Madrid. Ya me había enterado sobre la existencia de Casa de Campo, el parque al oeste de Madrid, pero no tenía ninguna idea de la existencia de los 94 kilómetros de senderos de bicicleta a través de todo el espacio verde. Empecé a investigar la situación para encontrar una bicicleta a un precio bajo y llevarla al parque. Eventualmente descubrí que el programa de la ciudad se llamaba BiciMAD.

BiciMAD es una red de bicicletas eléctricas (de modo de pedaleo asistido) con sitios a través de toda la ciudad. Para acceder a una bicicleta, se necesita descargar la aplicación de BiciMAD y se vincula tu tarjeta de transporte del metro (que el programa cubrirá también). Un viaje de 30 minutos podría costar 0,50 euros, y otro 0,50 por los próximos 30 minutos. Después de una hora, la tarifa aumenta un poco, hasta 3 euros por cada 30 minutos. También existe la posibilidad de tener una suscripción cada mes por 10 euros. Esta suscripción permite 30 minutos gratis. Cada mes, el programa puede cubrir los gastos que sumen menos de 30 euros en total en vez de una membresía al gimnasio.

Cuando hice mi primera visita a Casa de Campo, exploré los senderos alrededor del lago y cerca del bosque dentro del parque. La manera en la que la bicicleta eléctrica funciona permite al usuario no estar en una gran forma física. Los pedaleos asistidos funcionan de modo que la persona necesita pedalear, pero el motor eléctrico trabaja en conjunto con los pedales y la ayuda. La bici se mueve muy rápido y, especialmente cuando se baja la pendiente, se siente como una montaña rusa y se pueden oír las aves al mismo tiempo. La brisa está en los árboles y se siente como si estuvieras en el campo, muy lejos de la ciudad, cuando en realidad se tomó el metro para ir al parque. Para ir a Casa de Campo y experimentar lo mismo que yo, necesitas tomar el metro en la línea 10 hasta la estación de Lago. Cerca de la estación hay un centro para coger una bicicleta. Cuando se quiere coger la bici, se necesita tocar con la tarjeta de transporte sobre la parte de la máquina que contiene la bicicleta hasta que la luz roja cambia a verde. Entonces tendrás tu bicicleta disponible por tanto tiempo como quieras montar en el parque.

Regresé a Casa de Campo muchas veces para experimentar la naturaleza en una ciudad que solo tiene los espacios verdes en unas zonas concentradas. Una vez, fui muy lejos de la ciudad en sí, me encontré frente a un muro junto a un gran jardín y a caminos de senderismo, continué a lo largo del muro y subí una colina gigante en la que encontré dos hombres montando también. Nosotros compartimos saludos y estuvimos sin aliento. Cuando se conoce a alguien nuevo en una actividad favorita, solo puede mejorar la experiencia propia. 

A fin de cuentas, hay muchas maneras de encontrar espacios verdes en Madrid, pero creo que montar bici en Casa de Campo, especialmente después de un día largo de clase, es una de las mejores actividades en Madrid. ¡Espero que disfrutes tus viajes en bici cuando llegues a Madrid tanto como yo!

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Las Hipopótamas, las chicas más majas de UC3M

Por Imogene Ostrom

Siguiendo las indicaciones de la directora del programa, nuestro blog tiene que ser una recomendación para: (1) mejorar el dominio del español, (2) integrarse socialmente, o (3) profundizar en el conocimiento de la cultura española. ¡Pues mi recomendación se incorporará a las TRES! Soy una chica que sobresale.

Hacer deporte siempre ha sido la manera más fácil para mí a la hora de crear comunidad y vínculos con mis iguales. Cómo juego rugby y voleibol en Wesleyan, busqué un equipo de uno de aquellos en Madrid para jugar. Pero, ojo: es difícil encontrar los grupos/clubes/deportes estudiantiles en la Carlos III. No hay una feria de clubes como en Wesleyan para encontrar los grupos que te interesan. Tienes que ser muy activa en tu búsqueda, contactando con la zona de estudiantes, o como yo, buscando el deporte en Instagram y mandándoles un DM.

Quería integrarme socialmente con otras jóvenes españolas, y honestamente es una meta difícil de conseguir. Claro que interactúe con los otros estudiantes en mis clases de Grado, pero no pasamos el rato fuera de clase—la mayoría de mis amigos fuera del programa son otras estudiantes extranjeras. Busqué este equipo de rugby para pasar el rato con españolas fuera de lo académico. Elegí rugby en vez de voleibol (que también me encanta jugarlo) por la fuerte comunidad que se crea en torno a este deporte. Este equipo ha sido mi fuente primaria para hacer amigas españolas, profundizar en mi conocimiento de la cultura madrileña y en mi dominio de la jerga española.

Sin mi equipo, las Hipopotamas de la UC3M, no estaría tan integrada socialmente. Aquí jugué mis primeros partidos de 15s y donde, después del partido, nos juntábamos en el bar de al lado con el otro equipo para charlar y celebrar. Todas eran tan acogedoras, invitándome a sus fiestas, asegurando que no me sintiera excluida durante el calentamiento o las charlas, adaptándome en sus “familias” de rugby (mi mamá es Miki y mi abuela es Kiwi), dándome un apodo dentro del equipo, etc. Fuera de mi familia anfitriona, ellas eran mi vínculo con la vida española. Muchas veces después del entrenamiento nos tomábamos una cerveza cerca del campo, riendo y charlando sobre todo y nada a la vez. Mis viajes en tren después del entrenamiento hacia Madrid con Laia, Marta y María también fueron momentos destacados para mí. Estuve sentándome con ellas en el tren por media hora charlando, compartiendo historias y comparando los EE. UU. y España donde obtuve una perspectiva íntima de la vida y pensamiento madrileño.

Entonces te recomiendo, querido lector, que busques activamente unirte o buscar grupos de estudiantes y gente joven en Madrid al principio de tu visita. No dejes que el tiempo pase y te haga conformarte con no alcanzar tus metas culturales y sociales. Y, si quieres jugar rugby, júntate a las Hipopótamas, ¡que son las más guays del mundo!

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Chocolate y Pastitas en el Barrio de Pacífico

Por Rebecca Levy

Cuando llegué a Madrid en la mitad de enero, hacía mucho frío y estaba lloviendo muchos días. Pero el primer día que llegué, hacía sol y fresco y estaba caminando a un sitio para desayunar con mi madre anfitriona. Estaba un poco abrumada con todas las cosas nuevas pero mi madre anfitriona estaba hablando sobre diferentes sitios alrededor del barrio. Le pregunté si ella conocía algún café en el que pudiese trabajar. Su respuesta fue rápida. Me dijo que había un café que se llama Novell. Guardé esta información y seguí adelante con mi día.

Unos días después, hacía frío y llovía y quería preparar algo para la escuela en un sitio nuevo y fui a Novell. Novell es un café a casi dos manzanas del metro Pacífico y puedes llegar en la línea 6 o la línea 1. Cuando entré en el café, me sentí cómoda inmediatamente. El café tiene muchas opciones para sentarse: sillas normales, mesas de banco corrido, sillas con mesas pequeñas y una sala separada con una mesa grande y sillas altas. Dependiendo de tus necesidades, cada opción funciona bien. Además, Novell permite el uso de ordenadores y tiene wifi gratis para usar. Esto es importante porque muchos cafés y restaurantes en Madrid no permiten el uso de ordenadores para mantener un ambiente específico. Finalmente, los trabajadores en Novell son muy amables y te ayudarán con lo que necesitas, incluida a veces la contraseña del wifi. Por estas razones, Novell es el ambiente perfecto para estudiar.

También Novell es el lugar en el que me enamoré del chocolate caliente de España. Una vez que pruebas el chocolate de España, no puedes regresar al chocolate estadounidense. El chocolate en Novell es tupido, caliente pero no demasiado, y no demasiado dulce. Es mejor que lo comas con una cuchara en vez de beberlo y cuando lo haces, sientes como un abrazo cálido.

Durante el resto del semestre, Novell fue un sitio cómodo donde podía trabajar o simplemente tomar mi chocolate caliente favorito. En el periodo de exámenes, fue un sitio para reunirme con amigos y estudiar juntos sin interrupciones.

El otro sitio que fue crucial para mi alimentación y mi disfrute aquí en España fue un sitio que descubrí durante paseos en el barrio. Se llama el Horno San Miguel. Cuando estaba caminando, vi una cola larga y postres en una ventana y decidí ponerme a la cola. Cuando estaba esperando en la cola, le pregunté a una mujer en la cola sobre su postre favorito. Ella me dijo que las palmeritas eran sus favoritas y esas fueron una de las primeras cosas que probé.

Las palmeritas en San Miguel son diferentes de muchas palmeritas porque están hechas de semillas y otros granos aparte de la masa típica. El sabor es un poco a nuez y están ricas.

He regresado al Horno San Miguel muchas veces durante el semestre. Mis pastitas favoritas de esta pastelería son napolitanas, rollos de canela, y las palmeritas, pero ellos tienen muchos tipos de pan y todos los dulces horneados que puedas imaginar.

También, esto fue un lugar seguro en que podría practicar mi español y hablar con los panaderos un poco sobre los Estados Unidos. Cada vez que había un panadero nuevo, me preguntaba sobre mi acento y quería saber algo de Maryland y los Estados Unidos. Antes de un día largo de clases, compraba unas pastitas para mejorar el resto del día.

Si no hubiera entrado a la cola ese día en el que estaba caminando, habría echado de menos uno de mis lugares favoritos con gente simpática y las mejores pastitas en Madrid.

Me tomo dos lecciones importantes de estas experiencias. En primer lugar, es probable que tu familia anfitriona conozca su barrio muy bien. Ellos saben los mejores sitios para tomar algo, para comprar la comida más rica y barata y para hacer diferentes actividades incluyendo estudiar. Pídeles recomendaciones cuando llegues y trata de probar sus cosas favoritas y pasar tiempo en sus lugares favoritos.

Pero también, es importante caminar desde tu barrio sin meta específica. Caminar y entrar a la cola más larga para una pastelería o restaurante. Busca en la tienda de libros o entra a una frutería para ver las frutas y vegetales bonitos. Nunca sabes lo que puedes encontrar y cuáles pueden ser tus comidas o lugares favoritos de tu experiencia aquí en Madrid.

Novell: Av. de la Ciudad de Barcelona, 196, Retiro, 28007 Madrid

Horno de San Miguel: C. de Abtao, 16, Retiro, 28007 Madrid

Estudiando en Novell con mi chocolate caliente un día en enero

Rollo de canela y las palmeritas

Una Napolitana

El Horno de San Miguel

La ventana del Horno de San Miguel


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BiciMad

Por Daniele Lerner

¿Te gusta montar en bicicleta? ¿Estás cansado de siempre estar viajando en Metro? ¿Prefieres ver la ciudad desde la calle y también hacer un poquito de ejercicio físico? ¡Usa el BiciMad! ¡Descargas la aplicación, escanea el QR, y listo!

Yo, habitualmente, uso siempre mi bicicleta para recorridos que son demasiado largos para caminar y demasiado cortos para ir en transporte público. Aquí, es increíblemente fácil hacer exactamente esto. Hay bicis cada pocas cuadras, siempre es fácil encontrarlas y devolverlas, y cuestan solo 50 céntimos para cada uso normal (no demasiado largo). Frecuentemente, también son más rápidas que esperar el Metro o un bus. Además, son bicis eléctricas, que te permiten no hacer mucho esfuerzo para usarlas. Sin embargo, si quieres montar en bici y hacer todo el esfuerzo tú, puedes simplemente apagar el motor.

Yo recomendaría usar las bicis no solo como manera de transporte sino para explorar la ciudad. Por ejemplo, hay un montón de parques en Madrid, no solo el Retiro. Casa de Campo es un lugar increíble para ir en bici porque es enorme y tiene una gran cantidad de callecitas y senderos por donde puedes ir. Además, está el parque Juan Carlos I, que aunque queda un poco más lejos grande e interesante. Recomendaría también ir al Parque de la Cuña Verde de O’Donnell para algunas vistas magníficas de la ciudad, y el Parque del Oeste. También en bici puedes explorar barrios diferentes, como Ciudad Lineal, o ir por Madrid Río a lo largo del Manzanares. Ten cuidado porque los conductores en Madrid no siempre son los más simpáticos, y el tráfico te puede dar miedo. Elige bien tu ruta y qué calles vas a usar. Casi siempre hay callecitas pequeñas que puedes usar en vez de las calles grandes como Alcalá, Francisco Sivela, o Gran Vía. Ir por estas calles también te puede ayudar a conocer mejor los barrios de Madrid.

Finalmente, BiciMad puede ser útil para regresar a casa cuando el Metro y los autobuses ya no están disponibles. Después de la una y media, tu única posibilidad para moverte son caminar, los buses nocturnos, o un uber/taxi. Personalmente, no vivía bastante cerca para caminar, no quería esperar los buses nocturnos (que no vienen muy frecuentemente), y no quería pagar un Uber. Entonces, siempre fui en bici, cosa que me ha gustado mucho. De noche, la ciudad es muy diferente. Es tranquila, pero no está vacía porque siempre hay gente por la calle, sobre todo trabajadores de saneamiento. De noche, la ciudad es silenciosa, y no hay tráfico, cosa que te permite ver lugares como Puerta de Alcalá o Cibeles mucho mejor. Además, es muy relajante y el poco viento que sientes puede de verdad ayudar a relajarte antes de dormir. Las bicis todas tienen luces siempre encendidas entonces no tienes que preocuparte de montar en bici de noche. Lo que yo no sabía hasta recientemente es que también puedes usar tu tarjeta de transporte para despegar la bici y comprar un bono de 10 euros por mes.

Hay mucho que puedes ver en Madrid, y viajar siempre en Metro, viendo siempre las mismas paredes oscuras, no siempre te ayuda a conocer bien la ciudad y sus calles. Montar en bici está genial, pero aún mejor si eliges cada vez una ruta un poco diferente.

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Memorias analógicas de Madrid

Por Frances Kilgore

Durante mi tiempo en Madrid, he tenido tantas experiencias que no quiero olvidar nunca. Mi primer instinto es sacar mi móvil para tomar una foto si quiero recordar algo. Por eso, tengo un montón de fotos en mi galería. Al mismo tiempo, estas memorias siempre están perdidas entre miles de fotos que tenemos en el móvil. Por esta razón, quiero compartir otras maneras de preservar sus memorias durante su tiempo en Madrid.

  1. “Junk journaling”

Un “junk journal” o diario basura es una manera de crear un collage de memorias recolectadas. Por ejemplo, utilizo recibos de comida, entradas de museos, pegatinas, partes de bolsas, taquillas de trenes, etc. Cada día, mis bolsillos están llenos de basura para salvar y poner en mi diario. Solo necesitas cinta y tijeras para crear tu collage. Alrededor de mi collage, escribía información que no querría olvidar de esas memorias. A veces, dibujaba algo que pertenecía a la basura para añadir más contexto. Puedo recordar los restaurantes y cafés que no querría olvidar en mi diario basura. Cada memoria es cortada y pegada por mí; la coloqué de manera personal. Aunque a otra persona pueda parecerle, para mí, cada página tiene un significado diferente.

  1. Grabaciones de voces

Durante mi primer día en Madrid, fui al Retiro. Es un lugar incomparable para observar a la gente. Siempre hay gente tocando instrumentos, especialmente cerca del embalse grande. Este día, saqué mi móvil y empecé a grabar el sonido de este momento. Los instrumentos al fondo, la gente hablando por todos lados, las olas del agua, y alas de pájaros volando encima. Puedo imaginar este momento con claridad cuando escucho esa grabación ahora. La memoria de la primera experiencia en El Retiro. Con cada grabación, puedo escuchar los sonidos de mis memorias. Cambio el nombre de las grabaciones para reflejar la locación y a las personas que compartieron este momento conmigo. Ahora, tengo una biblioteca de memorias de sonidos de Madrid a través de mi tiempo aquí que podría escuchar para recordar estos momentos impresionantes.

  1. Fotografia analógica

Madrid es una ciudad perfecta para dar un paseo solo para explorar barrios que nunca verías si solo usaras el transporte público. Mi cámara ha sido mi manera favorita de explorar e interactuar con Madrid. Como nunca he vivido en una ciudad, la fotografía era mi manera de explorar. Tener mi cámara me forzaba a observar las cosas y tomar fotos de todo lo que llamaba mi atención. Aunque es un poco incómodo tomar fotos de personas desconocidas, he notado [IR1] que las personas son más abiertas si empiezas una conversación antes. Siempre solía decir que era un estudiante tomando fotos de Madrid para un proyecto. Cuando revelaba mis fotos, descubrí esos momentos otra vez. Los movimientos diarios de la ciudad se convierten en una danza de luz y sombra. La fotografía me ha permitido tener una perspectiva más curiosa, observando Madrid a través del objetivo [IR2] de mi cámara.


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Un lugar especial en la Gran Vía

Por Esha Karanam

Cuando estaba explorando la animada Gran Vía, un lugar que me enganchó, sorprendentemente, fue un gigante departamento de tiendas: El Corte Inglés. El Corte Inglés es una tienda construida de una manera que ya no tenemos en los Estados Unidos. Hay 7 o 9 pisos en cada tienda (depende de cuál visites) y muchísimas cosas en total. En la tienda más cerca de mi casa, hay 9 pisos; un piso para comestibles, tecnología, juegos, artículos para el hogar, y más.

Uno de mis pisos favoritos de El Corte Inglés es el último piso, donde hay comida. Este piso se llama “El Club de Gourmet”, y hay muchos restaurantes diferentes con una gran variedad de gastronomía. Hay restaurantes de comida mexicana, italiana, tailandesa y más. ¡Incluso tiene un Amorino, y puedes pedir un postre! Afuera de los restaurantes, este piso tiene una sección donde puedes comprar comida, como botellas de aceite de oliva, queso, salchichas, y mucho más.

Un día fui a Corte Inglés con algunos de mis amigos para comprar regalos, y fue una experiencia buenísima. Queríamos comprar un regalo para el cumpleaños de un amigo, y paramos en el piso de juegos. Había una caseta con una Switch, y decidimos jugar algunos juegos por algún tiempo. Jugamos a Mario Kart, y nunca pensé que se daría un momento en el que pudiera jugar con una Switch en un departamento de tiendas. Después de jugar, buscamos un regalo y decidimos almorzar. Almorzamos en el último piso, y pedí una pasta del restaurante Beata Pasta (¡que también tiene su propio restaurante fuera de Corte Inglés en muchos lugares diferentes!). La pasta estaba muy rica, no necesitaba esperar mucho tiempo, y el precio fue muy barato. Después, comimos un postre de Amorino, donde pedí un gelato de chocolate. El gelato era muy suave y sabroso, con la perfecta cantidad de chocolate para mí. Sentimos el calor del sol por la ventana, y miramos para ver una vista muy hermosa de la ciudad de Madrid. Puedes ver millas de la ciudad, con las diferentes casas, iglesias, y vida de Madrid. La luz del atardecer trajo un sentimiento muy tranquilo, y sentí que estaba mirando la ciudad por primera vez.

Otro día, fui a Corté Inglés con mis padres cuando visitaron Madrid durante Semana Santa. Fuimos a la sección de comestibles, y mis padres descubrieron algo que nunca habían visto en un supermercado en los Estados Unidos: Una máquina que hace jugo de naranja. A mis padres les encanta el jugo de naranja, y estaban muy sorprendidos cuando vieron esto. En Madrid, hay muchas máquinas que hacen jugo de naranja fresca, especialmente en los mercados Carrefour y Dia, pero para mis padres, esto era algo completamente nuevo. Ellos probaron el jugo de naranja, e inmediatamente vi la felicidad en sus caras cuando se lo bebieron. Es más común en los Estados Unidos pedir jugo de naranja en un restaurante y que les sirvan algo de una botella. Mis padres estaban encantados con la manera en la que una persona puede tener jugo fresco en cualquier supermercado que visites. Cuando ellos regresaron a los Estados Unidos, me dijeron que una cosa que iban a extrañar mucho era esta invención.

El Corte Inglés es un lugar que creó muchísimos recuerdos diferentes y especiales para mí. Aunque es solamente un departamento de tiendas, puedes aprender sobre la cultura de Madrid y la comida prevalente, de una manera un poco diferente. Si tienes tiempo y quieres visitar un mundo completamente nuevo, te recomiendo que visites El Corte Inglés.

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Voluntariado en Madrid

Por Simona Jegelevicius

Cuando estaba matriculándome en mis clases aquí en España, hubo una asignatura que inmediatamente me llamó la atención: Desigualdad Social en España. Sabía que, si iba a vivir en Madrid durante cinco meses, quería conocer algo más que la versión turística del país. Por muy bonita que sea España, también quería comprender mejor las realidades, los desafíos, y las comunidades que existen aquí.

Uno de los requisitos de la clase era completar 16 horas de voluntariado. Al principio, lo veía como simplemente otra tarea. Pero después de finalmente apuntarme a una actividad de voluntariado, se convirtió en una de las experiencias más significativas que he tenido aquí en Madrid y, por ello, en una de mis recomendaciones para futuros estudiantes del programa.

Una de las organizaciones con las que hice voluntariado fue Friday Revolution, una iniciativa conectada a una ONG cuyo objetivo es animar a los jóvenes a contribuir a la comunidad. El proceso era muy simple: te apuntas en línea, eliges una actividad para un viernes que estás disponible y simplemente te presentas. Mi amiga Marian y yo nos apuntamos para pasar la tarde jugando al bingo con personas mayores en una residencia.

Estábamos muy nerviosas antes de ir porque no sabíamos qué esperar ni si sería una experiencia incómoda. Sin embargo, terminó siendo una de las experiencias de mayor calidad que he vivido en el extranjero. Pasamos la tarde bromeando, escuchando historias y simplemente haciéndoles compañía. Una mujer nos agradeció que habláramos con ella y la escucháramos porque no recibe mucha interacción con personas fuera de la residencia. Ese momento se quedó conmigo durante mucho tiempo después de irnos.

También hice voluntariado con Ayuda Solidaria, una ONG enfocada en apoyar a familias vulnerables en Madrid. Durante un evento del Día de la Madre, pasamos tiempo con niños mientras sus madres podrían relajarse, conversar entre ellas y disfrutar de una comida. Al final del evento, cada niño recibió un regalo para darle a su madre, y fue muy bonito ver a estas mujeres sentirse celebradas y apreciadas.

Para futuros estudiantes, el voluntariado es algo que recomiendo. Incluso si no es obligatorio para una clase. Es muy fácil dejarse llevar por la parte más glamorosa de estudiar en el extranjero, como viajar todos los fines de semana o visitar lugares famosos, pero el voluntariado me permitió conectar con Madrid de una manera mucho más personal. Me permitió practicar mi español en conversaciones reales, conocer a personas fuera de mi burbuja de estudiantes internacionales y entender mejor la comunidad de la que temporalmente iba a formar parte.

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Un consejo sobre las familias anfitrionas

Por Nicole Hernández

Puedo recordar vívidamente el nerviosismo que sentí mientras esperaba mi equipaje en el aeropuerto. Nuestra directora del programa, Pepa, nos había dicho que llamáramos a nuestras familias anfitrionas para avisarles que íbamos llegando y en camino a sus apartamentos. Recién habíamos recibido la información sobre nuestras familias anfitrionas el día antes de volar a Madrid y sabía que pasaría los próximos seis meses con una madre, su hija adolescente y su hijo. Estaba nerviosa. No quería molestar a mi madre anfitriona, así que en lugar de llamarla, le envié un mensaje de texto.

Esto se convirtió en mi estrategia cuando me uní a la familia. Cuando empezamos a conocernos, compartía información básica sobre mí y mi familia, siendo directa y clara. Hablé principalmente durante la cena y traté de no ocupar demasiado espacio. No quería forzar una conexión o encontrarme demasiado ansiosa, especialmente con mis hermanos anfitriones, que son adolescentes. Estaba muy acostumbrada a depender de Google y de averiguar las cosas por mi cuenta en vez de pedir ayuda. Y también pensé que me ayudaría a evitar molestar a mi madre anfitriona con demasiadas preguntas.

En una ocasión, sin embargo, aprendí que era mejor pedir ayuda. Estaba tratando de encontrar una sastrería cerca de mi barrio, Goya, así que hice un poco de investigación en línea. En ese momento, Google enumeró cuatro tiendas de sastrería diferentes cercanas. Recuerdo haber salido de mi apartamento con mi bolso pesado lleno de ropa, emocionada por finalmente conseguir poner mis pantalones a medida. Desafortunadamente, Google me había mentido. Pasé 40 minutos caminando por toda Goya, yendo a las tiendas donde supuestamente estaban ubicadas las tiendas de sastrería y reuniendo el valor para preguntar a los empleados locales si sabían dónde podía encontrar una. Cada vez, me decían que no tenían idea de dónde podía adaptar mi ropa, así que finalmente tuve que volver a casa.

Al final encontré una sastrería y me conformé con sus precios, pensando que tuve suerte de haber encontrado un lugar que tenía disponibilidad. Sin embargo, durante una cena familiar, compartí lo que había hecho ese día y mencioné al sastre. Fue solo entonces que aprendí que había pagado en exceso para conseguir que me adaptaran mis jeans. Mi madre anfitriona estaba preocupada y me habló del sastre que usa para arreglar la ropa de mi hermana anfitriona. Él era un hombre local cuyo negocio ni siquiera estaba listado en Google para mi descubrimiento, y lo supe solo una vez que ella compartió su información de contacto y dirección de negocio. Desde entonces, he ido con él para ajustar mi ropa, y he construido una relación con él.

Aunque esta situación pueda parecer pequeña, creo que se convirtió en un punto de inflexión en mi relación con mi madre anfitriona. Después de eso, me he sentido más cómoda hablando de nuevos lugares en los que había comido, lugares en los que visité a mi madre anfitriona, y ella compartió restaurantes locales que le encantaban y que siente que realmente representaban la comida de Madrid o lugares que ella piensa que realmente disfrutaría. Esto cambió lentamente a otros temas como películas y exposiciones de arte que cualquiera de nosotros había visto, recomendándolas unas a otras si pensábamos que valían la pena. La conversación fluía de forma más natural, y empezó a recordarme a mi propia familia. Podía salir de mi habitación y hablar de nuevas cosas o hacer un seguimiento de cosas de las que habíamos hablado anteriormente. Lo cual me ha hecho estar especialmente ilusionada por nuestras cenas juntos ya que tenemos cenas de estilo familiar, que para mí se ha convertido en un momento para desconectar y aprender más sobre Madrid desde sus perspectivas que es fascinante.

Debido a esto, creo que una de las mejores cosas que uno puede hacer es pedir recomendaciones a las familias anfitrionas. Es una forma fácil de empezar a construir una relación mientras descubres partes más auténticas de la ciudad y la cultura.

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Veni, vidi, vici o de otra manera, llegué, cené, descansé

Por Indra Hernández

El día que llegamos a España nos dijeron que todavía no podíamos dormir, aunque llevábamos despiertos lo que se sentía como miles de horas. El segundo día, teníamos que estar listos y desayunando a las ocho de la mañana. Le dije a uno de mis compañeros del programa, medio en broma: “¿Qué pasó con la cultura del descanso que me prometieron?”

Antes de llegar a España, todo el mundo me decía que mi estilo de vida encajaría con el español. Me levanto tarde, me acuesto tarde, me encanta la siesta. Estaba lista para vivir en un lugar donde el estilo de vida era como el mío.

Empecé a conocer esta cultura del descanso en nuestros almuerzos en Granada, que duraban tres o cuatro horas. Aprendí la palabra en español para algo que he hecho toda mi vida: sobremesa – una larga y relajada conversación después de la cena. Hablar con la familia, con los viejos amigos y con los nuevos amigos es una de las cosas que más amo en este mundo. Agradecí que no solo hubiera una palabra para describir el acto de hablar después de comer, sino que fuera un evento habitual en España. Aunque crecí con la sobremesa y la practico en Vassar con mis amigos, mi mentalidad estadounidense, acostumbrada a ver a la gente comer y trabajar, no podía creer que en España todos valoraran relajarse durante la comida.

Conocí la cultura de descanso más al llegar a Madrid. Al pasar tiempo en un barrio, con la gente local, con mi rutina, pude sumergirme por completo en su estilo de vida. Me enamoré de las terrazas y de ver a la gente sentada afuera desde las siete de la tarde hasta la medianoche.

Tomando algo, tapas, cenando… de todo. Uno de mis lugares favoritos era la Plaza Olavide. Es una plaza circular, salpicada de terrazas de restaurantes. Hay un ambiente animado en esa plaza, que se ve en los perros que pasean (casi todos perros salchicha), en los cien diferentes grupos de niños jugando al fútbol y en la gente cenando y riendo en sus mesas. Pasé muchas tardes allí almorzando un sandwich de focaccia sola o jugando a las cartas con mis amigos en una de las mesas durante horas.

Creo que la cultura de descanso en España me recordó lo importante que es cuidarse. En la cultura de la producción estadounidense, es fácil olvidarlo. También es cierto que, sin las mismas presiones académicas en España, era más fácil, pero quiero volver con la costumbre de tomar el tiempo para cuidar mi bienestar más habitualmente para no llegar a un descanso necesario y desesperado después de estar agotada.

Pero también, la cultura de descanso trata de algo más que de lo individual. En España, no se basa en el concepto de “self-care” de la misma manera que en los Estados Unidos. El descanso español crea una cultura de conexión. Cuando todos hacen el esfuerzo de pasar tiempo al aire libre en las plazas, hablando durante horas, se crea un espacio, el “tercer espacio”, que casi se ha perdido en los Estados Unidos. Eso es lo que más voy a extrañar, y creo que es valioso aprender de esta cultura de descanso que florece en España.

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