Por Indra Hernández
El día que llegamos a España nos dijeron que todavía no podíamos dormir, aunque llevábamos despiertos lo que se sentía como miles de horas. El segundo día, teníamos que estar listos y desayunando a las ocho de la mañana. Le dije a uno de mis compañeros del programa, medio en broma: “¿Qué pasó con la cultura del descanso que me prometieron?”
Antes de llegar a España, todo el mundo me decía que mi estilo de vida encajaría con el español. Me levanto tarde, me acuesto tarde, me encanta la siesta. Estaba lista para vivir en un lugar donde el estilo de vida era como el mío.
Empecé a conocer esta cultura del descanso en nuestros almuerzos en Granada, que duraban tres o cuatro horas. Aprendí la palabra en español para algo que he hecho toda mi vida: sobremesa – una larga y relajada conversación después de la cena. Hablar con la familia, con los viejos amigos y con los nuevos amigos es una de las cosas que más amo en este mundo. Agradecí que no solo hubiera una palabra para describir el acto de hablar después de comer, sino que fuera un evento habitual en España. Aunque crecí con la sobremesa y la practico en Vassar con mis amigos, mi mentalidad estadounidense, acostumbrada a ver a la gente comer y trabajar, no podía creer que en España todos valoraran relajarse durante la comida.
Conocí la cultura de descanso más al llegar a Madrid. Al pasar tiempo en un barrio, con la gente local, con mi rutina, pude sumergirme por completo en su estilo de vida. Me enamoré de las terrazas y de ver a la gente sentada afuera desde las siete de la tarde hasta la medianoche.
Tomando algo, tapas, cenando… de todo. Uno de mis lugares favoritos era la Plaza Olavide. Es una plaza circular, salpicada de terrazas de restaurantes. Hay un ambiente animado en esa plaza, que se ve en los perros que pasean (casi todos perros salchicha), en los cien diferentes grupos de niños jugando al fútbol y en la gente cenando y riendo en sus mesas. Pasé muchas tardes allí almorzando un sandwich de focaccia sola o jugando a las cartas con mis amigos en una de las mesas durante horas.
Creo que la cultura de descanso en España me recordó lo importante que es cuidarse. En la cultura de la producción estadounidense, es fácil olvidarlo. También es cierto que, sin las mismas presiones académicas en España, era más fácil, pero quiero volver con la costumbre de tomar el tiempo para cuidar mi bienestar más habitualmente para no llegar a un descanso necesario y desesperado después de estar agotada.
Pero también, la cultura de descanso trata de algo más que de lo individual. En España, no se basa en el concepto de “self-care” de la misma manera que en los Estados Unidos. El descanso español crea una cultura de conexión. Cuando todos hacen el esfuerzo de pasar tiempo al aire libre en las plazas, hablando durante horas, se crea un espacio, el “tercer espacio”, que casi se ha perdido en los Estados Unidos. Eso es lo que más voy a extrañar, y creo que es valioso aprender de esta cultura de descanso que florece en España.

