Una nueva rutina, una nueva ciudad

Por Caroline Mancini

Cuando llegué a Madrid, observé una falta de rutina en mi día a día. Sí, cenaba con mi familia e iba a clases regularmente, pero echaba de menos otras cosas. En Wesleyan, soy miembro del equipo de tenis del club, hago ejercicio de vez en cuando y soy una profesora de yoga. Me di cuenta de que el ejercicio es una parte muy importante en mi vida. Me siento más feliz cuando hago ejercicio regularmente.

Con la ayuda de mi familia, decidí empezar a explorar diferentes lugares para hacer ejercicio. En plan, quería empezar a practicar yoga en diferentes estudios de Madrid. Al principio, estaba nerviosa porque me preocupaba no entender las instrucciones en español. También tenía miedo de estar en un gimnasio porque, en general, me siento nerviosa cuando estoy en esos lugares porque hay mucha gente, especialmente hombres. Sin embargo, sabía que superar esos miedos era importante para sentirme bien y disfrutar de una nueva rutina en mi nueva ciudad.

El primero que probé fue ClassPass. Ya había usado la aplicación en Nueva York durante el verano para probar diferentes clases: pilates, HIT, yoga, ciclismo y más. Esta vez decidí probar clases de yoga en Madrid. La mayoría de las clases costaban 20 euros por sesión, pero con el Class Pass era mucho más barato. ¡No sólo puedes probar clases de yoga, sino que incluso puedes usar el Class Pass para reservar masajes y uñas!

Gracias a Class Pass, encontré cuatro estudios que recomendaría. El primero fue Numen Yoga Studio. Este estudio de yoga fue, sin duda, mi favorito. Ubicado cerca de Sol, en el centro de Madrid, Numen Yoga es un pequeño negocio que ha ganado popularidad en los últimos años.

Ofrecen muchas opciones de clases para todos los niveles y un ambiente increíblemente genial. Incluso ofrecen té y bebidas que puedes probar antes o después de la clase. Para mí, estas clases no fueron muy difíciles, pero fueron una excelente manera de centrar mi mente y mi cuerpo.

El siguiente estudio es Be Art Yoga. Lo encontré porque estaba más cerca de mi barrio, Pacífico. Be Art Yoga es un estudio de yoga muy pequeño pero muy completo. La gente también era muy amable. Si, es un espacio pequeño, pero se sentía muy íntimo y me ayudó a concentrarme en mi práctica. Una vez, me quedé dormido al final de la clase porque estaba muy relajado. Es bueno para gente que viva cerca de mi barrio y prefiera un estudio más tranquilo y pequeño.

El tercer estudio es el Barquillo Yoga. Este estudio fue, sin duda, la experiencia de yoga más desafiante que he tenido. Barquillo Yoga es un yoga caliente, normalmente de una hora y media. Si te gustan los retos y quieres sudar mucho, este lugar es perfecto. Puede estar bastante lleno, porque es muy popular, pero la energía es muy vibrante y emocionante. No olvides traer una botella de agua grande y una toalla.

Por último, está YogaOne. Este estudio se parecía a uno de Estados Unidos. Si sabes qué es CorePower, diría que YogaOne es muy similar. Tienen estudios por todo Madrid, prácticamente en todos los barrios. Ofrecen más clases que cualquier otro estudio y ofrecen una membresía mensual, un poco cara, pero en general buena. Estas clases son constantes y fiables.

Sobre el mes de marzo, mis padres me hablaron de Wifit, el gimnasio al que van en nuestro barrio. Fui un día con un pase de invitado gratuito y me encantó. También ofrecían muchas clases diferentes, como pilates, ciclismo, estiramientos y HIT. Decidí comprar una membresía que se pagó casi en su totalidad con los reembolsos del programa. Llevé a mis amigos y se convirtió en un espacio social donde podía probar todo tipo de entrenamientos nuevos y tener algo constante a lo que pudiera ir a cualquier hora del día para hacer ejercicio. Este gimnasio es perfecto para gente que disfrute haciendo ejercicio y probando cosas nuevas.

En general, crear una nueva rutina de fitness en Madrid me ayudó a sentirme más conectada con la ciudad. Lo que empezó como un esfuerzo por recuperar la rutina de mis días se convirtió en una forma emocionante de explorar nuevos barrios, conocer gente local y salir de mi zona de confort. Con sesiones de yoga relajantes, clases de yoga calientes, o tiempo en el gimnasio, encontré un sentido de comunidad en estos espacios. Además, aprendí más español en el proceso.

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10 pasos para convertirte en madrileño

Por Zoey Fagnan

¿Quieres encajar como un madrileño? Aquí tienes algunos consejos y trucos para parecer como un local en público.

Primero, si hace más de 20 grados afuera, es hora de abrigarse. No olvides el abrigo, y quizás hasta una bufanda también. Al principio puede que te confundas al ver a la gente vestida como si enfrentaran una expedición al Ártico en pleno mayo, pero siempre puedes distinguir a los turistas con sus pantalones cortos y camisetas. He visto a mi padre usar pantalones cortos y sandalias en la costa este de Estados Unidos cuando hacía 35 grados, y aquí, si un madrileño viera eso, seguro que pensaría que ha perdido la cabeza.

  1. En segundo lugar, si tienes un perro, es muy importante que tú también te vistas bien. Eso significa abrigos, zapatillas e incluso paraguas pequeñitos que se enganchan a la correa. Y, como dije antes, como se preocupan mucho por el frío, lo mismo pasa con sus perros. He adjuntado pruebas fotográficas abajo por si tenías dudas.
  1. El próximo y último tema sobre la ropa de los madrileños y sus mascotas es que siempre van arreglados hasta para ir a la esquina. Si quieres encajar, por el amor de Dios, no uses pantalones de chándal, y si alguna vez pensaste que llevar tacones a clase era demasiado, piénsalo otra vez. La ropa deportiva ni pensarlo, y lo arreglado es lo que manda. Lo fancy es el nuevo casual.
  2. Ser directo. Para hablar español de España necesitas hablar sin rodeos, usar expresiones claras y no tener miedo de decir lo que piensas. Al contestar el teléfono, no hace falta un «hola, ¿cómo estás?», con un simple «dígame» basta. Y si estás pidiendo algo, puede que te parezca grosero decir «quiero esto» o «dame esto», pero debes saber que así es como encajas como madrileño.
  3. No le tengas miedo a las muestras “PDA”, porque hay muchas en Madrid. Si quieres verte como un verdadero madrileño, siéntete libre de besarte apasionadamente a plena luz del día fuera de Estación del Arte; nadie te va a mirar raro. Afortunadamente, esto no es algo para lo que tenga pruebas, así que solo tendrás que confiar en mí.
  4. Siguiente: si quieres cenar a las 6:30, no se lo digas a NADIE. Hay muy pocos sitios que abren por la cena antes de 20:00 o 20:30 y los madrileños sin duda no entienden el concepto de un “early bird special”. Así que, si te da hambre temprano, mejor cómete una merienda para parecer un local.
  5. Mucha gente de los Estados Unidos, especialmente las de ciudades como Nueva York, Chicago o Los Angeles, se acostumbran a un cierto ritmo al caminar. Es eso o te van a empujar. Pero aquí no esperes que la gente camine con prisa. Para caminar como un madrileño necesitas tener tranquilidad siempre y no te preocupes si alguien te adelanta — no es una carrera, es un paseo.
  6. Cuando estás colgando una llamada, es muy importante abrazar la tradición de “vale, venga” – es universal entre los madrileños. Claro que “hasta luego” o “nos vemos” es suficiente pero ero si realmente quieres sonar como un local, nada mejor que despedirte con un buen “vale, venga…”. Pero, no tienes que creerme a mí, pase un rato en la calle y escuche a escondidas las llamadas telefónicas de algunas personas para verlo por ti mismo.
  7. Está claro que la cultura gastronómica en los Estados Unidos tiene un gran enfoque en la eficiencia. Pero si quieres parecer un local, tienes que romper con estas costumbres. No te preocupes por dónde está la cuenta porque lo más probable es que no llegue hasta dentro de una o dos horas. Así que el mejor consejo es sentarse, relajarse y comer tranquilamente.
  8. Finalmente, la socialización nunca termina para los madrileños. Si terminas un turno de trabajo o una práctica de fútbol, es normal que después la gente vaya a un bar o restaurante para beber una cerveza o algo. Es parte del estilo de vida: disfrutar con amigos y desconectar (siempre con una cerveza por supuesto)!
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De bingo a bocadillos: la belleza de ser voluntaria en Madrid

Por Aryanna Headley

«¿Qué le dijo un techo a otro techo? Techo de menos». Un niño me soltó ese chiste mientras repartíamos cajas de comida por Madrid. Nos reímos tanto que, por un segundo, consideramos dejar la escuela y contarlos en el metro por unas monedas…, pero yo tenía que volver a casa y su madre claramente no lo iba a permitir.

Más allá del humor espontáneo, hacer voluntariado en Madrid me permitió conocer gente increíble y sumergirme de lleno en la comunidad madrileña. De hecho, estas experiencias están entre mis recuerdos más queridos de mi estancia en Madrid. Durante mi tiempo en la ciudad, colaboré principalmente con dos organizaciones: Cruz Roja y Cooperación Internacional. Gracias a ellas, no solo practiqué mi español, sino que también vi de cerca cómo vive, ayuda y se cuida la gente aquí.

Mi actividad favorita con Cruz Roja fue participar en la campaña «Desayunos y meriendas para niños» en dos supermercados Alcampo (Usera y Manuel Becerra). Me registré como voluntaria temporal en su sitio web y, una vez aceptada, empecé a recibir oportunidades por correo. Durante cuatro horas al día, entregaba folletos a los clientes y les animaba a donar en caja. Fue una experiencia muy enriquecedora: nadie hablaba inglés, así que tenía que sacar todo mi español. Me encantó ver cuánta gente estaba dispuesta a ayudar.

Con Cooperación Internacional, me uní al programa Friday Revolution, del que me había hablado un amigo. El proceso fue facilísimo: solo había que poner tu nombre, universidad y correo electrónico. Me apunté a diferentes actividades, como visitar residencias de ancianos para jugar al bingo o repartir cajas de alimentos a familias necesitadas.

Visitar el hogar de ancianos fue especial para mí. Sentí una conexión muy humana con los residentes. Recuerdo especialmente a Isabel, una señora de unos ochenta años con la que hablé de la vida, los sueños y los colores favoritos. Cuando le pregunté si aún tenía sueños, me dijo que no, porque ya era vieja. «Tú estás en la primera etapa de tu vida y yo en la última», me dijo. Esa frase me marcó. Me hizo pensar en lo rápido que pasa el tiempo y en lo importante que es aprovecharlo.

También repartimos alimentos a una familia formada por una madre, sus padres y tres hijos. Los abuelos estaban felices de tener visitas; la madre nos enseñó sus nuevos aparatos con orgullo, y los niños no paraban de contar chistes y de enseñarnos la jerga local. Fue una tarde llena de risas, historias y ternura.
En ambas experiencias, usé muchísimo el español y me sentía muy orgullosa cada vez que alguien me decía que lo hablaba bien. A veces era un reto, especialmente jugando al bingo, cuando tenía que repetir o explicar cosas. Pero ahí es cuando uno realmente aprende y crece.

El voluntariado en Madrid me confirmó algo: me gusta ayudar a la gente, y quiero una carrera donde pueda hacerlo. Aprendí que los pequeños gestos —dar tu tiempo, escuchar, simplemente estar presente— pueden tener un gran valor. Si eres estudiante y estás dudando en involucrarte, mi consejo es el mismo que me dio Isabel: ¡hazlo! Porque el tiempo no espera a nadie.

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El gimnasio en Madrid

Por Henry Chai-Onn

Cuando llegas a Madrid, tu rutina diaria será completamente nueva y muy diferente a tu experiencia en Vassar o Wesleyan. Por eso, creo que es muy importante establecer algunos rituales familiares y recurrentes. En mi caso, el gimnasio fue una de las actividades que me dio una estructura estable y positiva en medio de tantos cambios en España. En una ciudad con tantas fiestas y comida deliciosa, es fácil descuidar la salud, pero precisamente por eso es aún más importante mantener la energía y prevenir enfermedades mediante buenos hábitos.

Recomiendo unirse al gimnasio de la Universidad Carlos III en Getafe, ya que para mi horario fue muy conveniente ir justo después de clases. Está bien equipado, con un énfasis en máquinas más que en pesas libres, y también ofrece una piscina, canchas de squash, tenis y baloncesto, una sauna, y muchas clases dirigidas. Sin embargo, si no tienes clases todos los días o quieres ir al gimnasio los fines de semana, puede ser útil buscar un gimnasio más cercano a tu casa. En mi caso, como solo tenía clases tres días a la semana, también me inscribí en un gimnasio de mi barrio llamado Wifit, recomendado por mi familia anfitriona. Ofrecen una buena variedad de clases, como boxeo y yoga. Otra opción bastante popular en Madrid es Basic Fit, aunque puede estar muy lleno durante las horas punta, especialmente después del trabajo. Aunque parezca exagerado tener dos membresías, con los reembolsos disponibles y los precios mucho más bajos que en Estados Unidos, fue una decisión bastante económica y solo pagaba cinco euros al mes.

Además del ejercicio, el gimnasio se convirtió en un espacio social importante para mí. Era una buena manera de pasar tiempo con mis amigos durante la semana, algo que puede ser un poco difícil si no compartes clases. También conocí a muchos otros estudiantes, internacionales y españoles, lo que me ayudaba a practicar mis conversaciones en escenarios más relajados.

Por último, unos consejos prácticos. Debes llevar una toalla mediana que es obligatorio de usar en muchos gimnasios en España encima de los bancos y sillas. Y si tienes una cerradura con combinación en los Estados Unidos, es muy útil para las taquillas (especialmente si traes tu mochila con portátil al gimnasio en UC3M) y no fue algo que pensé al hacer las maletas.

Fotos abajo de mis amigos en el gimnasio de UC3M y mi amiga en Wifit

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Mercado de motores: El gran mercado de Madrid 

Por Mallory Peterson

Pocas horas después de mi primera visita al Rastro en uno de mis primeros fines de semana en Madrid, recibimos una recomendación de los monitores de un mercadillo “vintage” con artistas locales que iba a tener lugar ese fin de semana. Después de una divertida pero abrumadora visita al Rastro el sábado, estaba lista para probar otro mercado al día siguiente. ¡No me decepcionó!  

El mercado de motores está ubicado en la antigua estación de tren de “Delicias”, que fue la primera gran estación de tren de la capital. Uno de los aspectos del museo que más me llamó la atención fueron todos los trenes antiguos, rodeados de los puestos de comida y las tiendas, creando un ambiente único—una mezcla entre un museo y un mercado. En un momento dado, la estación iba a ser convertida en un inmueble cuando alguien solicitó convertirla en un museo para que pudiera durar para siempre. Ahora, el museo celebra el mercado y, también, presenta trenes todavía en las vías y otros artefactos, todos acompañados de textos explicativos que cuentan un poco sobre cada objeto. Por ejemplo, hay una locomotora de vapor fabricada en 1960, que fue uno de los modelos más utilizados de Renfe por su capacidad de recorrer largas distancias sin necesidad de repostar combustible. 

Fotos de algunos de los trenes en el museo 

Además de su importancia histórica, el mercado incluye puestos de comida, música en vivo de bandas locales como Schroppsisters, y vendedores cuidadosamente seleccionados a través de miles de solicitudes. El mercado quiere que la gente que trabaja en los puestos sea la gente que creó los productos que se venden. En cada puesto, los vendedores están listos para charlar y hablar de sus artículos con los clientes, ya sea el propietario de una empresa profesional, una persona que vende sus artículos de segunda mano, o una persona que trabaja en un camión de comida. Hay una variedad de productos como joyería en papel, cuencos de cerámica hechos a mano, y obras de arte únicas de calles famosas de Madrid. La gente vende sus artículos de segunda mano, como una copia antigua de Aventuras del Capitán Hatteras de Jules Verne o teléfonos fijos antiguos. Dado que hay más de 150 artesanos en el mercado, voy a hablar de algunos de mis favoritos. 

Algunos ejemplos de artículos de segunda mano vendidos por vecinos de Madrid

La Taqueria Street Food tiene comida mexicana completamente sin gluten y algunos de mis artículos favoritos en su menú son los tacos de pollo pibil y de carnitas así como los nachos bañados en queso fundido, pico de gallo, y jalapeños. The Veggie Point es una opción perfecta para las personas veganas con tacos, enchiladas, y un “buddha bowl” con verduras, arroz, garbanzos, y otros ingredientes. Tierra Cocida vende cerámica hecha a mano para tu cocina con cuencos, platos, e incluso un mantequero. Tierra Cocida también ofrece talleres y clases de cerámica. Poupee Collar Miniaturas crea miniaturas artesanales y personalizadas hechas a mano, muchos de los cuales presentan ediciones en miniatura de libros famosos en llaveros, imanes, y figuras de estanterías con títulos como The Picture of Dorian Gray por Oscar Wilde y Alice in Wonderland por Lewis Carroll. He tenido la oportunidad de visitar este mercado y comprar artículos de estos puestos durante dos meses distintos, y no puedo recomendarlo lo suficiente para la gente que busca un mercado lleno de productos únicos, comida deliciosa, y gente amable. 

Dónde y cuándo: El mercado está ubicado Museo del Ferrocarril en el Paseo de las Delicias 61 cerca del estación de metro “Delicias” (el línea tres del metro) y con entrada gratuita. Este mercado tiene lugar el segundo fin de semana de cada mes los sábados y domingos de 11:00 hasta 22:00. 

Para más información: https://mercadodemotores.es/el-museo-mercado-de-motores/

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Los Justicieros: Un Grupo Musical que Une Culturas

Por Julissa Mota

Una tarde cualquiera, uno de mis amigos del programa me mandó un enlace para un evento en el Tempo Club la noche del 8 de marzo. Abrí la página y leí la descripción:

“Los Justicieros son un colectivo de cumbia actualmente radicado en Madrid, con integrantes de diferentes latitudes de Latinoamérica y Europa. Mezclan la raíz de la cumbia con rock, salsa, reggae, ska, y todo esto en composiciones propias y versiones. Su misión es desinhibir, alocar y hacer bailar a su público. Esa es su forma de crear justicia en este mundo.”

Me pareció una propuesta interesante, aun más porque la cumbia es un género que me acompaña desde niña, creciendo en una familia mexicana, así que compré una entrada. Nunca imaginé que esa noche se convertiría en una de las más divertidas que viviría en Madrid.

El lugar no era muy grande, pero estaba completamente lleno. Los sonidos que escuché fueron inolvidables y el ambiente simplemente mágico. Había gente de todas partes: Perú, Colombia, España, Francia, y muchas nacionalidades más. Jóvenes, adultos, y hasta dos señoras mayores que no dejaron de bailar ni un momento. Fue en ese instante que supe que había ganado el premio gordo al haber podido disfrutar de esa noche tan especial.

Como mencioné antes, mi familia es mexicana, y vivo en una zona de muchos latinos. Al llegar a Madrid, pronto empecé a extrañar la comida y el ambiente al que estaba acostumbrada. Lugares como Takos al Pastor en Gran Vía y La Cafetería El Paisa en Getafe calmaban mis antojos, pero aún sentía un vacío. En la universidad UC3M, fuera de nuestro grupo de Vassar-Wesleyan Madrid, casi no veía mucha presencia latina. Y en mi día a día, esa presencia era todavía más invisible.

En mi vecindario, cerca de la parada de metro Pacífico, solo he visto a una persona latina. Fue en el baño de mi gimnasio, cuando una mujer se me acercó y me preguntó de dónde era. Charlamos un rato y me contó que ella era de Ecuador, y que había emigrado hace más de quince años. Me dijo que no había vuelto a ver a sus hijos desde que salió de su país a trabajar para poder mantenerlos. Me di cuenta de que, al igual que en Estados Unidos, mucha gente latina viene a España en busca de un futuro mejor para sus familias, aunque eso implique grandes sacrificios.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención de la cultura española es que incluso un lunes por la noche se ve a la gente en restaurantes, tomándose una cerveza, pasándola bien. Sin embargo, notaba que, aunque en realidad hay muchísimos latinos en Madrid, rara vez los veía en esos espacios de ocio: no en restaurantes, no en discotecas, no en El Retiro. Más bien los veía en el metro, en la calle trabajando, o uniformados camino a sus labores. Me parecía triste que, aun siendo una parte tan importante de la población, los latinos estuvieran tan ausentes de los espacios para disfrutar.

Sin embargo, esa noche en Tempo Club fue diferente. Vi a la comunidad latina bailando, riendo, disfrutando junto con españoles y otros europeos de una noche llena de vida. Me sentí llena de emoción, testigo de un momento de felicidad e inclusión.

Y como si eso no fuera suficiente, ese día del concierto también fue el Día de la Mujer. Los Justicieros dedicaron la noche a celebrar a mujeres cantantes, muchas de ellas latinas, dándoles el espacio central en el escenario, presentándolas con orgullo y reconociendo su talento con palabras y flores.

Esa noche supe que Los Justicieros no serían solo un grupo más en mi lista de Spotify. Serían un símbolo de todo lo que me gusta: buena música, justicia social, feminismo, y multiculturalismo. A todos los futuros estudiantes del programa Vassar-Wesleyan Madrid, si tienen la oportunidad de ver a Los Justicieros en vivo, ¡vayan! No se arrepentirán.

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Cómo hacer lo imposible: experimentar la cultura gastronómica española sin carne

Por Aviva Branoff

Antes de venir a España, cuando les dije a mis amigos que iba a intentar seguir siendo vegetariana, mucha gente me decía que estaba loca. Me dijeron que, en primer lugar, no sería capaz de sobrevivir con suficientes proteínas ni opciones vegetarianas en Madrid y que aunque pudiera, no experimentaría España de una manera verdaderamente auténtica. Estaban equivocados en ambos aspectos. 

Yo entiendo lo importante que es la comida para una cultura. Crecer en una familia judía me enseñó mucho sobre cómo se puede usar la comida para ayudar a mantener las tradiciones culturales y permitir que una comunidad se sienta conectada entre sí y con el pasado. Casi todas las fiestas que tenemos utilizan una comida especial para contar una historia o representar un mensaje o valor específico. 

En España, cada lugar tiene su propia comida. Aprendí que la gente en cada ciudad está muy orgullosa de sus únicos sabores y estilos de cocinar. Muchas veces, aunque no pudiera probar todas las partes de la comida, podía hacer lo mejor que podía, aprender sobre la historia de la comida y cómo se prepara. Podía ver, oler, y entender la comida sin probarla, lo que me ayudaba a experimentar y respetar la cultura de una manera diferente. En Valencia aprendí sobre la historia de la paella que originalmente servía como comida fácil y rápida para agricultores y trabajadores. También aprendí cómo el uso específico de la carne tiene un significado y que los diferentes tipos de carne como conejo, pollo, caracol o mariscos representan diferentes niveles sociales y diferentes regiones de personas. Después de aprender eso, comí mi paella vegetariana con verduras y frijoles, muy diferente de la tradicional pero aún deliciosa. 

Además, en Madrid me he acostumbrado mucho a ver el jamón ibérico colgado en las ventanas arriba y abajo de cada calle. Después de preguntar, ahora sé la importancia de la calidad del jamón y el extenso proceso de crianza y alimentación de los cerdos con bellotas. No lo he comido pero he visto a un padre llevándolo en su mochila por el metro para sorprender a su familia. No sé cómo sabe, pero sé el valor que tiene. 

Madrid es una ciudad grande. No es difícil encontrar restaurantes vegetarianos, opciones vegetarianas, y cocineros que puedan acomodarte. Incluso mi madre anfitriona es vegetariana y tiene muchos platos españoles favoritos que también son vegetarianos. Mi consejo es que no dejes que tus elecciones alimentarias se interpongan en el camino del aprendizaje sobre cómo la comida juega un papel dentro de una cultura. Definitivamente creo que es importante superar tus límites a veces y tratar de sumergirte lo más posible en la vida española. Sin embargo, si hay partes que no puedes experimentar por completo, úsalo como una oportunidad para aprender más en lugar de simplemente apartar la vista del tema por completo.

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ClassPass: La clave de la ciudad

Por Josie West

Como muchos de mis compañeros, antes de irme a Madrid, estaba muy preocupada por cambiar mi entorno y vivir en un lugar completamente nuevo. Para ayudar a aliviar mis miedos, me prometí que entrenaría para establecer una rutina. Y para mí, resultó que la clave de mi rutina fue ClassPass, una plataforma donde puedes probar muchísimas clases de entrenamiento y gimnasios sólo con una suscripción. 

Un día, cuando estaba andando desde mi casa hacía el metro, vi una advertencia en una estación del autobús para una aplicación llamada “ClassPass.” Había oído hablar de ello antes, pero nunca se me había ocurrido probarla. Con mi resolución de establecer una rutina de ejercicios en mente, decidí investigar y probarlo. 

Cada clase de ClassPass cuesta un número de “créditos” y hay varias suscripciones con diferentes cantidades de créditos que puedes elegir que se ajuste a tu horario. Por la mayor parte de mi tiempo en Madrid, elegí el plan de 19 créditos por €29, lo que fue suficiente para alrededor de cuatro clases cada mes, pero por mi último mes, lo cambié a 35 créditos por €55. Os voy a dar algunas recomendaciones de estudios de ClassPass que especialmente debéis probar. 

Numen Yoga Estudio – Calle Travesía del Arenal, 2, 1˚

Ubicada en el corazón del Sol, este estudio es muy fácil de llegar. Soy la primera en decir que no tengo la mejor técnica de yoga del mundo, pero aun así lo pasé genial en la clase de vinyasa multinivel de Numen. La instructora fue muy maja y a pesar de la amplia experiencia de los participantes, nos enseñó muchas posturas y todos nos fuimos con una sensación de logro. Os recomiendo especialmente que toméis una clase por la mañana para ver el amanecer desde la ventana del estudio.

B3B Estudio – Calle de Ayala, 53

Este estudio ofrece clases con tres distintos componentes que empiezan por “B:” bicicleta, boxear, y barre. Cada clase empieza con 15 minutos de bicicleta como calentamiento. Después, hacemos 15 minutos de boxeo donde la instructora nos da una variedad de combinaciones de puñetazos, usualmente en parejas. Finalmente, la clase termina con 15 minutos de barre, lo que es una combinación entre pilates y ballet. Ofrece un espacio de fortalecimiento de la mujer muy hermosa y cada vez que he venido, he hecho una amiga nueva. 

DAN’S – Calle de Núñez de Balboa, 31, Salamanca y Calle de Barceló, 7, Centro

El mejor estudio de clases de entrenamiento en Madrid es, sin duda, DAN’S. Hay dos ubicaciones, pero solo he ido a la de Salamanca. Una mezcla de baile, pilates y levantamiento de pesas, DAN’S tiene una clase para todos. Mi favorita personal es la clase de SUDAR: 50% Baile y 50% Entrenamiento. El baile puede sonar divertido, pero no te dejes engañar – es un entrenamiento cardiovascular como ningún otro (y he corrido múltiples medias maratones). Tendréis que hacer al menos una de sus clases, y ¡sería especialmente divertido si probáis su matcha de proteína después!

Estos estudios solo son unos pocos de los muchos que he tenido la oportunidad de disfrutar, pero estoy segura de que podréis explorar muchos sitios diferentes. ClassPass da la bienvenida constantemente a nuevos estudios asociados y las clases de los estudios siempre se están actualizando y mejorando. Para mí, las clases de entrenamiento fueron una manera perfecta de establecer una rutina, explorar nuevos barrios de Madrid, y mejorar mis habilidades de castellano, así que espero que también podáis aprovechar las fantásticas opciones de entretenimiento que ofrece ClassPass.

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El entrenamiento para mi primera media maratón y los amigos que conocí por el camino

Por Isabelle Borgstedt

Como miembro de los equipos de campo a través y atletismo de Vassar, estaba preparada para probar cómo es correr por diversión en lugar de competir este cuatrimestre. Durante mi primera semana en Madrid, descubrí el Parque del Retiro, donde corría la mayoría de las carreras. Correr me ayudó a establecer una rutina aquí: corría todos los martes y jueves antes de la clase de las 12:30, que siempre era una buena manera de comenzar el día. Solía correr sola, a mi propio ritmo y según mi propio horario. Sin embargo, a lo largo de mi estancia aquí conocí a mucha gente a la que también le gusta correr por diversión y creé un vínculo con una comunidad excepcional.

Todo comenzó en el evento de orientación y bienvenida de la UC3M. Imagina una sala llena de estudiantes internacionales de todos los Estados Unidos. Había muchas caras nuevas y conversaciones amistosas por todas partes. De repente, reconocí a dos chicas a las que había visto hace poco en el tren para llegar a la universidad. Ambas estudian en Boston College, pero también están estudiando en Madrid durante el semestre. Nos hicimos amigas cercanas cuando empezamos a conectar a través de buena comida, noches de vino y cine, y conversaciones por la noche. Una de ellas nos contó que en abril iba a correr una media maratón en Ibiza, ¡el fin de semana de mi cumpleaños! En ese momento, empezamos a reservar todos los billetes en línea.

A partir de ese momento, me puse como objetivo completar esa media maratón. Además, seguí conociendo a personas que me apoyaron en mi viaje. Por ejemplo, le dije a una chica en el tren que me gustaba su chaqueta de cuero. Hablamos todo el camino y nos intercambiamos las redes sociales. Nos dimos cuenta de que nos gustaba correr y decidimos correr juntas ese domingo. Durante la carrera, nos enteramos de que ambas habíamos sido adoptadas de la misma provincia de China por una familia caucásica. Se podría decir que vivíamos vidas paralelas, pero la suya en Indiana y la mía en Nueva York. Cuando se me hacía difícil correr, ella me inspiraba para seguir. Ella compartió su propia experiencia corriendo en el equipo en el colegio y su primera media maratón. Seguía corriendo tres o cuatro veces por semana para prepararme para el gran día.

El día de la carrera fue un sueño y una pesadilla al mismo tiempo. Durante los primeros 5 kilómetros, me sentí invencible como si estuviera corriendo sobre las nubes. Mientras corría, vi una vista impresionante de las montañas de Ibiza. Me sentí tan poderosa corriendo con una comunidad muy grande de más de 3.000 corredores. A pesar de que estaba corriendo con extraños, me sentí conectada a través de nuestra pasión compartida por correr. Durante los kilómetros 5-10 empecé a sentir que esto era real. ¡Estaba corriendo mi primera media maratón en Ibiza! Sin embargo, a los 12 kilómetros de carrera, llegamos a una enorme colina que parecía durar una eternidad. El sol me calentaba y apenas podía respirar. Nada en mi cuerpo se sintió igual después de esa colina. Llegué a la estación de agua en el kilómetro 15, lo que fue un milagro en ese momento. Supe que solo me quedaban 6 kilómetros. Pensé: “¿Cuántas veces en mi vida he corrido 6 kilómetros? ¡Puedo hacerlo una vez más!” Y así lo hice. Vi las luces de la ciudad, bares y restaurantes, ¡encontramos la civilización! La gente se animaba por todos lados cuando crucé la línea de meta, mi amiga me esperaba al otro lado.

Reflexioné mucho sobre mi experiencia corriendo en Ibiza ese día y cómo me sentí al lograr mi objetivo y encontrar una comunidad. Lo curioso es que mi mamá y yo estábamos caminando por el Parque de Retiro la semana siguiente y vimos un grupo enorme de corredores. A pesar de que me daba vergüenza hablar con ellos, mi mamá me animó a preguntar sobre su comunidad. Me enteré de que ellos son Volta Run Club, un club que anima a todo el mundo a unirse a carreras casuales todos los miércoles y sábados. El siguiente miércoles libre que tuve, fui por primera vez y conocí a un grupo de chicas muy majas a las que también les gustaba correr. A partir de esta experiencia me di cuenta de que la comunidad de corredores en Madrid es muy grande.

Poco después corrí con otra amiga que había conocido en Dublín y que por casualidad estudiaba en Madrid este semestre también. Me contó que acababa de apuntarse en su primera media maratón este verano en los Estados Unidos. Durante esa carrera, traté de animarla a seguir corriendo incluso cuando se sentía difícil. Esto me recordó la forma en que otros corredores me habían inspirado durante mi entrenamiento de media maratón. Esperaba hacer que mi amiga de Dublín se sintiera de la misma manera en ese momento: inspirada, conectada, y valiente. 

Al final, yo animaría a todos los que estudian en el extranjero aquí a encontrar una comunidad. Yo encontré esta comunidad a través de correr, pero hay muchas otras formas de encontrarla. También creo que es una buena idea establecer una nueva meta cuando estás aquí. Un objetivo que te empuja a crecer y aprender más sobre ti mismo. Por último, te recomiendo que estés abierto a nuevas personas y experiencias donde sea porque no tienes ni idea de lo que pueden llegar a ser esas relaciones en el futuro. Encontré una cita en un cartel el mismo día que conocí a mi amiga de Dublín: “Los extraños son solo amigos que aún no conociste.”

Para obtener más información sobre las oportunidades de correr una media maratón en España:

https://www.finishers.com/en/activities/road-running/half-marathon/half-marathons-in-spain

Para aprender más de Volta Run Club:

https://www.instagram.com/voltarunclub/

https://www.meetup.com/es-ES/volta-run-club/

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Compartiendo Madrid

Por Evan Rosenberg

Al vivir en Madrid, llegué a conocer bien su cultura y sus sitios. Pero en mi tiempo aquí, me di cuenta de algo que no esperaba: una cosa es conocer por sí mismo un lugar, pero otra es compartir esta experiencia con otras personas. Cuando estudias en Madrid, es muy probable que tu familia y tus amigos aprovechen para visitarte, pero aquí está el problema: ¿cómo compartes con otras personas esa familiaridad con un lugar? Para hacerlo, hay que pensar en qué hace único a ese lugar. Para entender completamente una ciudad, primero hay que vivir en ella. Cuando eso no es posible, me encuentro pensando en qué sitios yo pienso que recordaré años después de haberme ido de Madrid.

Cuando pienso en Madrid, pienso en los bocadillos de calamares en la Plaza Mayor; preparados rápidamente. En las noches de los fines de semana vas en cola esperando un bocadillo. El favorito de mi padre y yo es Bar La Campana en la esquina sureste de la plaza. Mi padre encontró este sitio hace siete años en nuestra última visita a madrid. Aquí se come el bocadillo de calamares madrileño típico, y por un buen precio.

Mi padre y yo comiendo bocadillos de calamares en Bar La Campaña

Llevé a mis padres a El Escorial, donde, en los pueblos a las afueras de Madrid se puede encontrar arte y arquitectura estupendos. Con mis amigos que me visitaron de París, hicimos un picnic en El Retiro, en el que comimos tortilla de patatas, jamón, y queso manchego, y bebimos vino tinto de España. Con mis huéspedes comimos bagels en Chamberí, caminamos por Gran Vía y la calle de Atocha. En el restaurante La Sanabresa, se encuentran menús españoles baratos y sabrosos.

Gran parte de la perspectiva turística consiste en buscar la cultura española tradicional: las tapas, el flamenco y, claro, los museos. Mientras estos aspectos forman una parte integral de la experiencia de un sitio, una ciudad grande como Madrid es una mezcla de muchísimas culturas. Como tal, yo estaba emocionado de mostrar a mis amigos y familia unos sitios asiáticos que encontré, los cuales van a permanecer en mi memoria. A mis padres y a mí nos encantaron los pinchitos y platos de pescado en Tan kao ju en la calle de Atocha, y a mis amigos y a mí el mochi en Wagashi en Moncloa.

Un plato de pescado en Tan kao ju

Si, fue importante mostrarles los sitios famosos, pero casi igual de importante fue comer y caminar por los barrios pequeños y vivir con gente local. Haber vivido en Madrid te da un conocimiento íntimo de la ciudad que puede ofrecer a tu familia y amigos una visita inolvidable.

Bar La Campana: https://g.co/kgs/KErfkzq

La Sanabresa: https://g.co/kgs/gkfDAuE

Wagashi Utatane: https://g.co/kgs/LG1mTAK

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