Aunque este consejo puede ser un poco elemental y tópico, no puedo insistir demasiado en la importancia de crear una relación – cualquier tipo de relación – con tu familia anfitriona. Mientras que otros programas tienen pisos o dormitorios para los alumnos, el programa de Vassar-Wesleyan ofrece este recurso esencial para tus habilidades lingüísticas y tu crecimiento.
La belleza de un cuatrimestre o año está en expandir tu mundo conociendo a otra gente, nuevas culturas y maneras de ser. En una universidad como Wesleyan o Vassar tu mundo es muy pequeño: quedas con la misma gente, sigues una rutina. Es decir, que nuestros círculos en los Estados Unidos o Wesleyan/Vassar son parecidos y por eso es una oportunidad increíble mudarnos a otro país por un tiempo. Obviamente cuando viajas a otro país para vivir tu mundo crece un montón. No obstante, este crecimiento no podrá tener lugar sin esfuerzo ni riesgos.
Cuando llegué al piso de mi familia anfitriona, estaba muy nerviosa – un sentimiento que nunca había vivido – ya que venía a vivir en la casa de otra familia, en una ciudad nueva sin la confianza para hablar el idioma. Durante las primeras semanas andaba de puntillas por la casa – no quería hacer ningún ruido ni hablar porque me daba vergüenza. Pero después de algunas semanas, empecé a hablar más, poco a poco, hice preguntas a las niñas (vivía con una familia con dos niñas increíbles que tenían 8 y 13 años) y con muchísimo esfuerzo hice un hogar nuevo.
Algunos de mis momentos más preciados de mi estancia en Madrid eran las cenas con mi familia, donde nos quedábamos en la mesa un buen rato, hablando sobre cualquier cosa: las diferencias culturales, la política en los EEUU y en España, la historia de la música en España y la fenomenal Rosalía (una nueva amada mía porque mi madre anfitriona estaba obsesionada con ella) o conversaciones con las niñas sobre el colegio. Aunque había quedado para ir de fiesta a las 10, me quedaba hablando con mi familia anfitriona hasta las 11 y media.
Después de cinco meses en Madrid, puedo decir que mi familia anfitriona va a tener un hueco en mi corazón para el resto de mi vida. Como Isabel, mi madre anfitriona me ha dicho, yo tengo un nuevo hogar en Madrid y me siento así.
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Antes de venir a España me enteré que el fútbol forma una parte importante de la cultura en España y Madrid. Cuando estaba en el instituto jugué al fútbol con el equipo en la escuela. Sin embargo, aunque me encanta jugar no soy una persona muy competitiva. Por esta razón, porque este equipo era muy competitivo, perdí un poco de mi amor al fútbol. Cuando entré en la universidad, dejé de jugar porque pensé que a mi no me gustaba jugar ya. Cuando vine a España estaba un poco preocupado porque pensaba que mi español no era el mejor y por esta razón no podría hacer amigos. Recuerdo que durante la orientación una de las profesoras nos dijo que la gente de España era muy amable y era muy fácil hacer amigos aquí. Es súper fácil cuando tienes interés en la misma cosa y empecé a pensar en mis intereses. A mi me gusta leer y escribir, pero aunque haya lugar para hacer estas cosas con otra gente, no son realmente actividades para conocer gente. Entonces pensé en el fútbol. No he jugado, más o menos en dos o tres años, pero estaba en un nuevo lugar y era posible que quizás pudiera jugar. Obviamente, no quería jugar en un nivel super alto ni super bajo, quería gente con la que jugar bien pero que no fueran tan competitivas y serios.
Cuando llegamos a Madrid, una de las primeras cosas que hicimos fue una lectura sobre el sitio web Citylife Madrid. Empecé a explorar este sitio web y pronto encontré información sobre los deportes. Finalmente, descubrí un enlace por Citylife de un grupo en Facebook para gente que quiere hacer deporte. En este enlace, descubrí Celebreak Madrid. Aquí puedes hacer un perfíl y apuntarte para partidos. Cuesta 4-6 euros cada partido, pero sin duda, merece la pena.
Mi primer día allí, estaba un poco nervioso. No había jugado en 2 o 3 años y no conocía a nadie. Fui a San Blas el primer día. Este sitio está cerca de un parque, el de la Quinta de los Molinos, que es increíble. Muchas veces he ido al campo en San Blas y después para relajarme a este parque. Estaba muy preocupado, así que llegué treinta minutos antes. Era la única persona allí, pero finalmente otra gente empezó a llegar. Empezamos a pasarnos la pelota y a hablar. Les dije que no era de Madrid, sino de Estados Unidos, y les pregunté sobre su experiencia en Madrid. Había gente no solo de Madrid sino de varias partes del mundo como Italia, Dinamarca, Portugal, México y otros lugares. Hablábamos, más o menos, en español, así que era una buena oportunidad de practicar.
Cuando el partido empezó la energía era muy buena, intenso pero de una manera divertida y no competitiva. El nivel de los jugadores era más o menos alto, pero su nivel no es importante. Hay gente que no juega mucho que puede venir, la cosa más importante es que tienes que ser majo. Después de esta experiencia decidí que uno de mis actividades extracurriculares sería jugar a fútbol. Ha sido una de las mejores experiencias de mi estancia en Madrid. He jugado en San Blas, Retiro, y Sainz de Baranda – Celebreak tiene muchas ubicaciones y puedes jugar en el que te venga mejor.
Mi primer día recuerdo que uno de los españoles me preguntó qué en qué posición juego. Entendí la pregunta pero no sabía los nombres de las posiciones en español (portero, defensores, mediocampista, extremo, delantero). En vez de decir mi posición que es delantero, dije podía jugar donde mejor viniese, no me importaba. Después del partido, le pregunté a este hombre las posiciones, así en el futuro sabría. Él se rió y después me enseñó los nombres de las posiciones.
Este lugar está lleno de gente de todo el mundo, pero en general todos hablan en español. Así puedes jugar al fútbol y también practicar un poco de español. Si te gusta el fútbol y pasar tiempo con gente simpatica, ¡te recomiendo que utilices Celebreak durante tu estancia en Madrid!
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Nunca he sido una aficionada de la música clásica. No es que no me guste el género, pero generalmente no es mi género favorito. Sin embargo, un viernes cuando una amiga me sugirió ir a la orquesta con ella, dije “¡Si!” Sinceramente, gran parte de la razón por la que dije que iría fue porque nuestras otras amigas estaban fuera de la ciudad esa semana, no tenía otro plan para esa noche y la experiencia fue gratuita con los reembolsos del programa. Sin embargo, terminó siendo una experiencia genial que me introdujo a un nuevo género de música.
Normalmente cuando escucho música es para escapar o distraerme, o para cantar o bailar con amigos. Pero cuando fui a la orquesta me di cuenta de que cuando escucho música clásica, pienso. Es como si la música me ayudara a guiar mis pensamientos y pensar con más claridad. Fue una experiencia con música completamente única para mí.
¡Otro beneficio fue que a mi padre anfitrión le encanta la música clásica y mi experiencia en la orquesta nos dio otro tema para comentar!
Fuimos al Teatro Monumental para ver la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española. Aunque recomiendo esta orquesta, recomiendo más que vayas a espectáculos artísticos en general, ya sea una ópera, una obra de teatro, una zarzuela, un musical, un concierto o una orquesta. Estudiar en otro país es un momento en el que estás completamente fuera de lo cómodo y tu vida normal. Es un período de cuatro meses en el que tu vida es completamente diferente de lo que ha sido en el pasado. Mientras que se trata de una oportunidad para aprender sobre una nueva cultura y país, también es una oportunidad para aprender sobre ti mismo.
Vivo en una ciudad grande en los Estados Unidos donde tengo la oportunidad de ir a la orquesta, pero nunca he ido porque nunca se me había ocurrido. No obstante, como estoy en una época en Madrid en la que estoy probando cosas nuevas constantemente, probé la orquestra. Ahora tengo un nuevo interés: la música clásica, que puedo incorporar a mi vida en Estados Unidos.
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Mudarse a un país completamente nuevo no es algo fácil. Especialmente para una persona como yo, que nunca había viajado fuera de Estados Unidos antes de mi viaje a Madrid. Sin embargo, es muy factible sentirse cómodo si te preparas para tener éxito en un ambiente nuevo. Personalmente, yo prospero cuando tengo una rutina, o una serie de hábitos que cumplo cada semana. Mi rutina española consiste tanto de tareas pequeñas como actividades más grandes, las cuales proveen una estructura en mi nueva vida en Madrid. Te aconsejo, lector, que hagas un poco de ejercicio de cualquier tipo durante tu tiempo en Madrid. Una de las primeras cosas que hice después de mi llegada tras la orientación en Granada fue apuntarme a un gimnasio, Fitup Shot Retiro, para implementar el ejercicio en mi vida cada semana. Me gusta hacer ejercicio tres a cuatro veces por semana para ayudar a la salud mental y sentirme fuerte físicamente. También introduce una actividad para el bienestar propio que te permitirá cuidarte, lo que es importante en un ambiente nuevo. Cuando voy al gimnasio, normalmente levanto pesas o participo en las clases de spinning. En Fitup Shot, hay una gran variedad de clases incluidas y gratis con la tarjeta de socio como las de crossfit, pilates, baile fit, HIIT y mucho más. Hay multitud de oportunidades para (estar) activo que están disponibles solo en este gimnasio.
Durante los días que no quiero ir al gimnasio, generalmente paseo por el Parque del Retiro. El parque está ubicado muy cerca de mi barrio, que se llama Estrella, y encuentro que puedo relajarme cuando estoy entre la naturaleza que este parque ofrece. En Estados Unidos vivo en un pueblo pequeño en Nueva Jersey, así que la naturaleza es algo familiar para mí. En el parque puedes encontrar una gran abundancia de animales y naturaleza. Hay un montón de perros, fuentes con patos, gatos callejeros, pájaros y pavos reales. También hay jardines magníficos con flores hermosas y mucha vegetación. Eso me hace sentirme más cómoda, como si estuviera en mi hogar pero en Madrid.
Algo más que hago cada semana es los martes, a mi amiga del programa y a mi nos gusta hacer algo cultural por la tarde. Hemos visitado el museo del Thyssen para ver el arte de los paisajes. También fuimos a dos exposiciones en el Caixaforum, una sobre el cine y la moda española y otra sobre la historia de los tatuajes. Hemos explorado el Palacio de Cristal, otro espacio de exposición de arte administrado por el Museo Reina Sofia. Vimos una muestra de un artista guatemalteco que hace esculturas de madera sobre la colonización española de Guatemala. Hemos ido de compras en el barrio de Chueca y la calle Gran Vía para familiarizarnos con barrios nuevos de la ciudad. Chueca está cerca de la puerta del Sol, en el centro de la ciudad, y es uno de mis barrios favoritos. Representa el progreso y la modernidad, y es el hogar del movimiento gay en Madrid. Hay muchos murales hermosos a los lados de los edificios, y hay muchas tiendas que son guays. La calle de Gran Vía es el equivalente en Madrid a Times Square en Nueva York. Los edificios son grandísimos, y hay muchas tiendas de alta costura.
Además, cada jueves mi amiga del programa y yo nos tomamos un café y unos dulces en la cafetería enfrente de mi apartamento, que se llama Haberlas Haylas. Nos reunimos, comemos, bebemos y estudiamos durante dos o tres horas. Me gusta pedir un café con leche, un macchiato, o un frappe cuando hace calor con un dulce. Generalmente un croissant, una napolitana de chocolate, un rollo de canela o un donut. Por si no lo sabes, el café es increíble en España. Muchísimo mejor que el café de los Estados Unidos, y creo que es lo que echaré más de menos de España cuando regrese. Nuestras visitas a Haberlas Haylas cada semana nos dejan conocer a otras personas de la comunidad y disfrutar el café y los dulces de España. Es una experiencia muy sencilla cada semana, pero muy gratificante.
La última tarea sobre la que voy a hablar parece insignificante, pero te prometo que ayuda a crear familiaridad en el extranjero. Los domingos, cambio mis sábanas, las toallas y limpio mi cuarto. Eso es un hábito que también tuve en Wesleyan, y conservar algo tan sencillo como eso me ha ayudado a sentirme más cómoda en mi nuevo apartamento con mi familia anfitriona. Te recomiendo que busques una tarea o hábito como el mío para crear la misma estabilidad en tu rutina semanal.
En definitiva, mi experiencia en Madrid ha sido la más importante de mi vida en términos del crecimiento personal y el fomento de la confianza. Sin embargo, también he experimentado desafíos. Por eso, es muy importante que crees una rutina para introducir la estabilidad en tu nueva vida durante los cinco meses que pasarás en Madrid. Será incluso aún mejor si puedes integrar algo cultural para conocer Madrid y a los madrileños mejor, como yo durante mis actividades de los martes y los jueves.
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Ya he escuchado todo: “No me gusta la cerveza,” “Todas las cervezas saben igual,” “Nunca voy a encontrar una cerveza que me guste.” Pero estoy aquí para decirte que no es verdad. La cerveza es un arte, y cada cerveza es única y especial (pero claro hay cervezas malas). Antes de ir a España, solo había tomado sorbitos de las cervezas de mis padres, IPAs horribles, entonces no era muy aficionada. Pero un día (trascendental), mi amiga Augusta y yo nos topamos con un sitio que se convertiría uno de mis favoritos en Madrid, el Stuyck. Allí, hice una cata de cervezas, con la esperanza de que quizás encontrase una cerveza que me gustase.
Y sí, me gustó.
Las primeras tres – así así. Pero la cerveza final fue fantástica. Mi compañera del programa Augusta y yo salimos ese día proclamando que habíamos probado la mejor cerveza del mundo. Desde ese punto, tuve una misión en Madrid: encontrar más cervezas.
Cuando mis padres (amantes de la cerveza también) descubrieron que a mí me encanta la cerveza, organizaron una cata de cervezas con un amigo de nuestra familia en Madrid (¡de cuando mi padre estudió en Madrid en la universidad!). Allí, hablé con un maestro de cervezas y dueño de una cervecería en Madrid, Oldenburg. Me encantó escuchar sobre la cerveza directamente de este hombre, quien claramente ha estudiado el arte por muchos años. Aprendí vocabulario nuevo que pertenece a la cerveza y el proceso para hacerla – “barril,” lúpulo,” “levadura” y más. Mientras escuchábamos su historia para convertirse en un experto, ¡bebíamos la cerveza que elabora con su propia receta! Como aprendí más del proceso, lo aprecié más y mi amor por la cerveza solo creció.
Me enseñó también de una aplicación, Untappd, en la que puedo buscar información sobre cervezas. Cuando estoy eligiendo una cerveza, busco cuáles me interesan, y quiero saber dónde en España se elabora (mis favoritas son de Madrid y Euskadi), y que toques hay. De este modo puedo criticarlas como una verdadera sommelier de cervezas.
Cuando viajo por España, siempre pruebo la comida típica. ¡Y, qué mejor para bajar esta comida fantástica que una cerveza local! En cada sitio al que viajo, me siento en un bar para beber una cerveza local con la gente local del sitio. Algunas de mis favoritas han sido una cerveza negra de Pamplona y una cerveza vasca, La Salve, la que bebí con un pintxo fantástico de pulpo y aguacate en un pueblecito de Zumaia, afuera de Donostia.
Pero con todos mis viajes, continuaba regresando a mi primer sitio, el Stuyck. En una ciudad y país donde, a menudo, todo parece muy desconocido y totalmente nuevo, fue muy importante para mi encontrar un sitio donde estaba cómoda. Me he convertido en una asidua del Stuyck, y encontré un sitio para mí en Madrid y una pasión por la cerveza que llevaré conmigo a los Estados Unidos.
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Ir de compras. Es algo trivial, ¿no? Bueno, ir de compras fue algo muy significativo en Madrid. Para entender mi razonamiento, sigue leyendo.
Al principio de mi experiencia aquí en España, hablar casualmente fue más difícil que hablar de manera formal. Estaba acostumbrada a hablar de una manera más formal, porque el lugar en que hablé más español en los EEUU fue en mis clases de español de Wesleyan. Allí, por razones obvias, necesitaba hablar de una manera relativamente formal.
Pero aquí en la conversación del día a día, mucha gente usa la jerga o el argot juvenil o callejero que mis profesores evitan en clase. Entonces, hablar con los empleados de las tiendas ha resultado ser algo importante para mejorar mis habilidades de hablar un castellano informal. A pesar de que esta actividad es relativamente mecánica para mí en los EEUU, en Madrid he aprendido mucho sobre las complejidades de la lengua.
Además, ir de compras me ha permitido explorar mi barrio. He vivido en Malasaña, que creo es uno de los barrios más guais de Madrid. Pero, si no fuera de compras, no hubiera podido encontrar muchos de los cafés y restaurantes que ahora son mis favoritos. Además, no hubiera encontrado gente muy interesante, tanto en las calles como en las tiendas, que me ofrecieron muchos consejos sobre las mejores actividades culturales de toda la ciudad.
Por todo eso, ir de compras ha resultado ser una actividad muy beneficiosa e interesante en Madrid. Recomendaría a los estudiantes del futuro probarlo, especialmente en las tiendas vintage de Malasaña. ¡No vais a quedar decepcionados!
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La idea de vivir con una familia solía ponerme muy nerviosa antes de llegar a España. Cuando conozco a una persona por primera vez, tiendo a ser tímida y a menudo necesito tiempo para “recargar” el cerebro. Por eso, al principio del cuatrimestre, pasaba mucho tiempo en mi habitación cuando estaba en casa. Era difícil acostumbrarme a vivir en la casa de otra familia, porque fuera de la universidad, he vivido en la misma casa mi vida entera. Al igual que mi familia de los Estados Unidos, esta familia nueva tiene sus propios hábitos, y me dio mucho miedo tener que aprenderlos.
Una noche durante el primer mes que estuve en España, mi madre anfitriona me invitó a ver un programa de televisión con ella después de cenar. Aunque me ponía un poco nerviosa pasar un rato con ella hablando y viendo el programa en español, lo hicimos. Escogió su programa favorito, First Dates. Ella me explicó todos los personajes y cómo funcionaba el programa. Como a menudo veo los programas de amor, inmediatamente, me sentí más cómoda. Era la primera vez que me sentía muy conectada con ella. Después de ver este programa juntas esa noche, me invitaba a verlo muchas noches después de la cena.
Un día, volví a casa después de un fin de semana viajando con mis amigos, y mi madre anfitriona estaba muy triste sobre algo que le había pasado con la familia. Me sentía muy incómoda, porque suponía que sería más fácil para ella si yo no estuviera viviendo en su casa. Quería ayudarle a sentirse mejor, pero no sabía qué podía hacer sin entrometerme. Decidí enviarle un mensaje por Whatsapp para dejarle saber que estaba pensando en ella, y sugerirle que hiciéramos unas infusiones y visiemos First Dates si ella quería. Ella me dijo que sí, que disfrutaría mucho verlo conmigo. La noche siguiente, con nuestras tazas de té y miel, nos sentamos en el sofá y vimos el programa. No hablamos mucho, pero me dijo que lo disfrutó mucho y que le ayudó a sentirse mejor.
Obviamente, no puedo garantizar que a todas las familias anfitrionas les guste el programa First Dates, pero en mi caso, tuve suerte esa noche que mi madre anfitriona escogió este programa y me invitó a verlo con ella. Sin embargo, sí creo que aunque sea difícil, podemos encontrar algún interés en común. Cada familia anfitriona nos invita a su casa porque los miembros de la familia nos quieren ayudar. Les sugiero a todos los estudiantes del programa en el futuro que busquen su propia versión de First Dates. No tienen que pasar cada noche viendo la televisión o pasando el rato con la familia anfitriona, pero si pueden familiarizarse con sus gustos un poco, van a poder entender mejor el estilo de vida y su relación con los españoles.
Madrid es una ciudad grande con muchos barrios y comunidades diferentes. Cuando llegué por primera vez a la ciudad, esperaba encontrar un rocódromo en el centro de la ciudad. Empecé a escalar el año pasado en la universidad y al llegar a España estaba emocionada de encontrar una manera de continuar con mi pasión mientras estudiaba en el extranjero. Pasé las primeras semanas investigando sobre rocódromos en la ciudad. Al principio, me decepcionó descubrir que la mayoría de los rocódromos grandes y modernos estaban ubicados en las afueras de Madrid, en barrios de los que no había oído hablar antes. Sin embargo, pronto descubrí que tener una razón para ir a estos barrios brindaba una oportunidad increíble para conocer las zonas menos conocidas de Madrid mientras estaba aquí.
Durante los siguientes cuatro meses, tomé el autobús 28 a Sharma, un rocódromo en San Blas, desde la casa de mi madre anfitriona en el barrio de Salamanca dos o tres veces por semana. Si bien el viaje duraba alrededor de 45 minutos en cada sentido, pronto descubrí que coger el autobús era una gran oportunidad para ver zonas de la ciudad de las que nunca había oído hablar antes. Me familiaricé mucho con San Blas, descubrí nuevos restaurantes y tiendas, pero también me interesó explorar los barrios y las zonas entre Salamanca y San Blas. Simplemente mirando por mi ventana, vi cómo cada vecindario se convertía en otro y vi parques, restaurantes y tiendas que me intrigaron. Empecé a hacer un seguimiento de cada lugar que veía por la ventana del autobús en Google Maps. En mi ruta a San Blas pasé por Ciudad Lineal. Al igual que Lavapiés, este barrio tiene una gran población inmigrante. Vi muchos restaurantes con comida de Ecuador, Colombia, Perú y otros países latinoamericanos. También aprendí sobre una gran variedad de grupos de baile latino ubicados en esta zona y Pueblo Nuevo como parte de un proyecto que hice para mi clase de lengua en la Carlos III. Muchos de mis compañeros nunca habían oído hablar de este barrio, y me sorprendió descubrir que yo era una de las pocas estudiantes que había pasado un tiempo en esta zona de las afueras de Madrid.
Del mismo modo, comencé a descubrir cada vez más lugares para visitar con sólo mirar por la ventana del tren que me llevaba a la Carlos III en Getafe. Al principio, el viaje de una hora desde la casa de mi madre anfitriona hasta la universidad era desalentador después de vivir a 5 minutos de todas mis clases en Vassar. Sin embargo, después de descubrir tantas joyas ocultas en mi camino al rocódromo, comencé a prestar mucha atención a los barrios por los que pasaba en el tren y los escribí en mi teléfono como lugares que quería visitar. Uno de estos lugares fue el Parque Lineal del Manzanares, que vi por primera vez una mañana temprano mirando por la ventana del tren. Observé una gran escultura en la cima de una colina verde y me intrigó de inmediato. Busqué el parque en mi teléfono e hice planes para visitarlo ese fin de semana. El parque en sí era hermoso y muy tranquilo, lejos de las concurridas calles de la ciudad cerca de la Puerta del Sol. Aunque descubrí este parque en mi viaje a la universidad, de repente se convirtió en un lugar donde iba a relajarme y tomar un descanso de los estudios.
Otra zona que tuve la suerte de descubrir fue Tetuán, un barrio en el que nunca había estado hasta unas semanas antes de irme de Madrid. Uno de mis amigos en el programa sugirió que fuéramos a un restaurante turco y encontramos uno auténtico ubicado un poco más lejos de lo habitual para nosotros en Madrid. Decidimos ir allí en grupo una noche y no solo la comida estaba deliciosa, sino que, además era la primera vez que descubría el barrio de Tetuán. Después de visitar este vecindario para probar la comida turca, acabé frecuentandolo a menudo y descubrí muchos más restaurantes y áreas hermosas que nunca hubiera visitado si no hubiera tenido una razón para ir allí en primer lugar.
Ahora que han pasado cinco meses desde que llegué a Madrid, he aprendido a esforzarme para descubrir nuevas zonas de la ciudad y aprovechar cualquier oportunidad que tengo para ir a un nuevo barrio. Los viajes diarios que una vez me resultaron abrumadores acabaron siendo nuevas formas de explorar la ciudad e ir al restaurante turco me empujó a investigar más áreas de Madrid y encontrar razones para ir a estos barrios. Mi consejo para los estudiantes que vengan a estudiar a Madrid es que encuentren oportunidades para descubrir una nueva zona de la ciudad sin importar cuán lejos o desconocidas puedan ser. A veces, las razones aparentemente aleatorias para ir a lugares resultan ser el motivo perfecto para sumergirse en un lado de la ciudad en el que quizás no hayas estado antes.
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Durante mi cuatrimestre en Madrid, he hecho muchísimas cosas divertidas y he visitado tantos sitios preciosos que va a ser difícil recordarlos todos. Muchas veces, cuando paseo por las calles de Madrid con mi amiga, me dice: “¡Espera! Estuvimos aquí la semana pasada.” O “¡Mira, Mahlia! ¿Recuerdas cuando fuimos a ese restaurante?” Y yo, que mezclo en mi cabeza todas las calles, restaurantes, bares, museos e iglesias que he visitado respondo: “Eh…, ¿de verdad? No me acuerdo”.
Me hace falta que mi amiga lo vincule con la experiencia (el tiempo que hacía, la gente con la que estábamos…) para que yo caiga en la cuenta y diga: “Si, si, ya me acuerdo”.
En seguida me di cuenta de que necesitaba encontrar una manera de grabar mis vivencias de España y creo que he encontrado la manera perfecta para hacerlo. En cada ciudad que visito, compro una postal de la ciudad. Soy muy concienzuda con la postal que escojo. Tiene que ser chula y bonita, y reflejar bien mi experiencia en el sitio en cuestión, o mis sentimientos. Por ejemplo, cuando visité Valencia había muchas postales de edificios de arquitectura moderna, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Pero no soy una gran aficionada de arquitectura. Así que compré una postal con un paisaje simple de unas casas de Valencia. Esa era la parte de Valencia que quería recordar.
Después de comprar la postal, escribo mis recuerdos de la ciudad en la parte posterior: lo que hice, con quién estuve, lo que me sorprendió… Luego, cuando regreso a mi casa en Madrid, pongo la postal en mi cajón con el resto. Ahora, tengo muchas postales de mis viajes en España: Girona, Valencia, Burgos, Navarra, y muchas más.
Y aquí viene lo mejor: al final del cuatrimestre voy a hacer un collage con las postales. Lo enmarcaré y lo colgaré en mi cuarto en Vassar. Cuando me sienta un poco nostálgica, le daré la vuelta y leeré las vivencias que escribí y rememoraré la experiencia. Mi collage será multiusos: decorará mi habitación y celebrará mis recuerdos de España.
Creo que es un método estupendo para recordar la estancia en Madrid. También se puede ser creativo en el collage: que todas las postales tengan el mismo tono o que los bordes sean similares… Hay un sinfín de posibilidades. Tampoco tienes que preocuparte si se te olvida comprar postales en alguna ciudad. A mí se me ocurrió la idea con el cuatrimestre ya avanzado y me faltan algunas. Siempre puedes buscar una foto en internet e imprimirla, apuntar tus recuerdos y añadirla a tu colección. Aunque debo confesar que a mí me gusta más cuando adquiero la postal en una tienda local.
Tengo ganas de que mi proyecto de postales de España cobre vida. Pero no sé qué voy a hacer con Madrid, donde he vivido estos meses y donde una sola postal no bastaría…
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¿Elegiste estudiar en Madrid por su clima agradable? ¿Querías escapar del frío de Poughkeepsie o Middletown? Mi cuatrimestre en Madrid tuvo más días de lluvia y viento de lo que esperaba. Mi familia anfitriona me dijo que tuve mala suerte porque la cantidad de mal tiempo que hubo durante mi estancia no es normal. Una cosa que aprendí este cuatrimestre fue que el sol es muy importante en España. Sin el sol, el aire es demasiado frío en los meses de marzo y abril. Pero el momento en el que el sol aparece, querrás quitarte cada capa de ropa.
Para los días cuando el sol decide desaparecer, encontré una solución para explorar la ciudad sin sufrir las consecuencias del viento. Los autobuses de Madrid tienen rutas por toda la ciudad. Mi consejo es usar los autobuses públicos como buses turísticos. Puedes coger el autobús desde el centro hasta Chamartín, un barrio más al norte. También es posible coger un autobús en Atocha, una gran estación de trenes, e ir al sur de Madrid. Con la tarjeta de transporte que el programa nos da, los viajes en autobús son gratis. Solo tienes que escanear la tarjeta cuando subes al autobús y pulsar el botón “STOP” antes de la parada en la que quieres bajarte. Entonces, los días que hace mal tiempo, cojo un autobús para ver diferentes partes de la ciudad. Elijo un asiento al lado de la ventana para poder mirar el paisaje y los sitios que ofrece la ciudad.
Algunas opciones de líneas de autobús que os recomiendo son la línea 001 (Estación de Atocha/Moncloa), la línea 002 (Puerta de Toledo/Argüelles) y la línea 26 (Plaza de Tirso de Molina/Diego de León). Estas líneas os traen a lugares que, más o menos, están cerca del centro pero que también pueden llevaros a lugares más lejanos como Puente de Vallecas si queréis ver partes más suburbanas de Madrid. Os recomiendo la línea 001 porque pasa por Paseo del Prado, Gran Vía y Plaza de España que son algunas de las calles más grandes e importantes en el centro de la ciudad. La línea 002 os lleva a barrios interesantes como La Latina, Tirso de Molina, el Centro, San Ildefonso y Conde Duque. Además, estas dos líneas usan mini autobuses para llevarte por las calles estrechas del centro histórico. Y la línea 26 va a lugares menos turísticos como Antón Martín, el barrio del Niño Jesús y el barrio de Salamanca. Se podría describir esta actividad como un estilo de turismo que aprovecha los recursos locales.
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